La inmaculada concepción en el actual contexto

Se trata del editorial del programa “Sábado 100” por radio Sol Rafaela (FM 90,9) que conduce Emilio Grande (h.). El 8 de diciembre de 1854 el papa Pio IX proclamó esta fiesta, expresando que “declaramos que la doctrina que dice que María fue concebida sin pecado original, es doctrina revelada por Dios y que a todos obliga a creerla como dogma de fe”.

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Por Emilio Grande (h.).- El dogma de la Inmaculada Concepción es una creencia católica que sostiene que María, madre de Jesús, a diferencia de los demás seres humanos, no fue alcanzada por el pecado original sino que desde el primer instante de su concepción estuvo libre de todo pecado. El 8 de diciembre de 1854 el papa Pio IX proclamó esta fiesta, expresando que “declaramos que la doctrina que dice que María fue concebida sin pecado original, es doctrina revelada por Dios y que a todos obliga a creerla como dogma de fe”. Al desarrollar la doctrina de la Inmaculada Concepción, la Iglesia Católica contempla la posición especial de María por ser madre de Cristo y sostiene que Dios preservó a María libre de todo pecado y libre de toda mancha o efecto del pecado original, que había de transmitirse a todos los hombres por ser descendientes de Adán y Eva, en atención a que iba a ser la madre de Jesús, que es también Dios. La doctrina reafirma con la expresión “llena eres de gracia” contenida en el saludo del arcángel Gabriel (Lc. 1,28), y recogida en la oración del Ave María, este aspecto de ser libre de pecado por la gracia de Dios. La definición del dogma, contenida en la bula Ineffabilis Deus afirma: “Para honra de la Santísima Trinidad, para la alegría de la Iglesia católica, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, con la de los santos apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra: definimos, afirmamos y pronunciamos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original desde el primer instante de su concepción, por singular privilegio y gracia de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo-Jesús, salvador del género humano, ha sido revelada por Dios y por tanto debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles”. El historiador francés Louis Baunard narra que “Pío IX, contemplando el mar agitado de Gaeta, escuchó y meditó las palabras del cardenal Luigi Lambruschini: ‘Beatísimo Padre, usted no podrá curar el mundo sino con la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción. Sólo esta definición dogmática podrá restablecer el sentido de las verdades cristianas y retraer las inteligencias de las sendas del naturalismo en las que se pierden’. El historiador Francesco Guglieta, experto en la vida de Pío IX, señala que el tema del naturalismo, que despreciaba toda verdad sobrenatural, podría considerarse como la cuestión de fondo que impulsó al Papa a la proclamación del dogma: la afirmación de la Concepción Inmaculada de la Virgen ponía sólidas bases para afirmar y consolidar la certeza de la primacía de la gracia y de la obra de la Providencia en la vida de los hombres. Pese a su entusiasmo, Pio IX acogió la idea de realizar una consulta con el episcopado mundial, que expresó su parecer positivo y llevó finalmente a la proclamación del dogma.

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