La donación del Cine Belgrano al Municipio: un parto muy complicado

Por Emilio J. Grande.- El 5 de este mes, fecha que sesenta años atrás se inauguraba el Cine Teatro Belgrano SA, un periodista de La Opinión escribió una nota haciendo referencia superficial a ese acontecimiento cultural de mucho peso, sin mayores precisiones respecto a un paso trascendental en la historia de esa empresa, razón por la cual van estas líneas, para hacer conocer en forma circunstanciada, de lo que califico como parto muy complicado, el de la donación a la Municipalidad.

Aquella crónica termina con un extenso párrafo sobre la historia de la empresa Belgrano, de la que su autor ignoró la parte más crítica de la misma, que obligó a pasar del patrimonio privado al público. En otro orden, si fue correcto el recuerdo para resaltar la personalidad de Horacio Scándalo, gerente del cine al que cuidó con amor y pasión como cosa propia durante casi 40 años.

Por entonces, año 1992, quien esto escribe era presidente del directorio del Cine Belgrano e intendente municipal el contador Omar Perotti.

Motivó el traspaso la crisis económica originada con la novedad de la televisión por cable y otros factores como las películas que se reproducían en videograbadoras, consecuencia de la cual cerraron en el país más de 500 salas (200 en Capital Federal y Gran Buenos Aires), quedando en pie en esta ciudad únicamente el Belgrano.

Se vivieron momentos cruciales, creciendo el pasivo de la empresa como con levadura, originando manotazos de ahogado como fue, por ejemplo, la venta de 200 butacas al Teatro Lasserre. También se desestimó la venta del inmueble y un ofrecimiento para comprar la sala para instalar una confitería bailable, algo inaceptable porque desvirtuaría la loable iniciativa del padre José Marozzi, párroco entonces de San Rafael, actual Catedral, de construir un cine “para moralizar la cultura”.

El agua había llegado al cuello y ante la inminencia de la quiebra de la empresa decidí comentarle al entonces obispo Héctor Gabino Romero que para salvar la sala del Belgrano una alternativa podría ser la donación de las acciones del Obispado de Rafaela y de decenas de particulares a la Municipalidad.

Al escucharme, el siempre amable semblante de monseñor Romero, cambió bruscamente a muy adusto, con esta reflexión: “no podemos decepcionar a los accionistas, regalando sus pertenencias y la posibilidad de volver a cobrar dividendos si en el futuro la empresa volviera a ser rentable”.

No fue nada fácil rebatir tal argumento. Después de muchas reuniones del directorio y varias charlas mano a mano por fin Romero accedió a convocar una reunión especial a la Comisión Económica del Obispado, para cambiar ideas y asumir responsabilidades. Explicada la situación, tal Comisión dio el aval para que se iniciaran las tratativas del traspaso al Municipio. Ante tantos argumentos irrebatibles, el intendente Perotti aceptó la donación, pero con la condición sine qua non que las acciones a recibir superaran el 50%, situación que se resolvió rápidamente con la donación de tres accionistas: Roberto Lencioni, Eros J. Porta y quien firma esta crónica.

Como corolario, cumplidos todos los requisitos, el 19 de agosto de 1992 el Concejo Municipal sancionó la ordenanza 2549 aceptando la donación y posteriormente la ordenanza 4003 denominando a la empresa como Cine Teatro Municipal Manuel Belgrano.

Misión cumplida, con lo relatado, el acervo cultura de la ciudad de Rafaela pudo mantener como patrimonio público una de las salas más amplias y bellas del interior del país.

Fuente: diario La Opinión, Rafaela, 14/2/2017.

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