La disputa con el campo: una oferta de última hora para evitar el fracaso

Debe reconocerse que una imagen de constante duplicidad en el Gobierno se instaló en los últimos días en vastos sectores de la política argentina. Significó también la presencia de una crisis política, cuya solución obligará, según expresiones importantes del oficialismo, a un cambio drástico del gabinete de la presidenta Cristina Kirchner.

Por Joaquín Morales Solá

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Dos gobiernos conviviendo en el tiempo y en el espacio no duran mucho en ninguna parte del mundo. Tampoco puede perdurar la contradicción constante entre la negociación y la ruptura. Los recientes estropicios del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, quien casi rompe con todas las tratativas entre el Gobierno y el campo, obligaron anoche al jefe de Gabinete, Alberto Fernández, a elaborar una propuesta urgente sobre carne y trigo, que él mismo les anunciará hoy a las cuatro entidades rurales.

Fernández había acordado esas propuestas en una reunión a solas con la presidenta Cristina Kirchner. En la cima se intuía que la negociación con los ruralistas estaba a punto de fracasar definitivamente, después de que Moreno intentara acomodar a los gritos el precio de la carne.

“Hay cosas que tienen explicaciones, pero no justificaciones. No justificamos a Moreno”, dijeron al lado del jefe de Gabinete. Y agregaron: “De todos modos, lo único que no puede caerse es la instancia de diálogo abierta con el sector agropecuario”. Esta convicción llevó a Fernández a ponerse nuevamente al frente de la negociación y de los anuncios.

Con todo, debe reconocerse que una imagen de constante duplicidad en el Gobierno se instaló en los últimos días en vastos sectores de la política argentina. Significó también la presencia de una crisis política, cuya solución obligará, según expresiones importantes del oficialismo, a un cambio drástico del gabinete de la presidenta Cristina Kirchner. Las grietas producidas en la negociación con el sector agropecuario fueron el síntoma más evidente, pero no el único, que mostró a dos gobiernos con liderazgos distintos o, en todo caso, a un gobierno con serios problemas de coherencia.

Es difícil explicar los “aprietes” de Moreno a los productores del campo (la calificación pertenece a los dirigentes agropecuarios) con el besuqueo público del jefe de Gabinete a los principales líderes de las entidades rurales, apenas 24 horas antes. Moreno es mucho más inexplicable si se comparan sus últimas bravatas en el Mercado de Liniers con la predisposición de la propia jefa del Estado a reunirse con las cuatro organizaciones agropecuarias, durante tres horas, el viernes último.

¿Moreno es un satélite sin órbita? No lo es. Siempre reconoció que sus jefes eran el ministro de Planificación, Julio De Vido, y el propio ex presidente Néstor Kirchner. En nombre de ellos, ya les aguó todas las fiestas a los ex ministros de Economía Felisa Miceli y Miguel Peirano. Está haciendo lo mismo con Martín Lousteau, a quien dirigentes oficialistas le atribuyen el error de no haber condicionado su aceptación del cargo a la renuncia previa de Moreno.

Moreno no es sólo el secretario de Comercio Interior; es también otro ministro de Economía. El resultado consiste en que el Ministerio de Economía ha dejado de ser una referencia ineludible de la economía y las finanzas públicas.

Esas cosas se resuelven, según muchos testimonios de los últimos tiempos, en la residencia de Olivos, donde Néstor Kirchner pasa más tiempo que en Puerto Madero. El ex presidente ha dejado casi de ir a sus oficinas políticas y está todo el tiempo encerrado en la residencia presidencial, donde sólo recibe a sus incondicionales o habla por teléfono con funcionarios de su confianza.

El ex mandatario nunca dejó de creer que el sector agropecuario había querido desestabilizar el gobierno de su esposa. Por eso, quizás, los funcionarios como Moreno siguen maltratando a los que otros sectores del Gobierno tratan de seducir.


Un viejo componedor como el jefe de Gabinete ha quedado demasiado expuesto con los férreos límites que tiene su gestión. Moreno lo desautoriza un día; el secretario de Transporte, Ricardo Jaime, hace lo mismo al día siguiente. Ambos han formado parte del ejército de De Vido. ¿Siguen estando a su servicio? “Moreno y Jaime tienen relación directa con Kirchner, pero De Vido también simpatiza con ellos”, dijeron en el Gobierno. Algunas veces, aquellas desautorizaciones afectan a la propia Presidenta.

El campo marchaba directo hacia otro conflicto de paros y de cortes de rutas, método este último ciertamente repudiable. Los productores rasos desconfiaron siempre de la actual ronda de negociaciones. Esa desconfianza fue públicamente aceptada por el presidente de la Sociedad Rural, Luciano Miguens. El líder de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, no sólo ratificó esa desconfianza de sus bases; también les hizo una convocatoria dramática a los productores para que entendieran la responsabilidad social del sector. “Les pido que nos dejen agotar esta vía de negociación, porque es mucho lo que está en juego”, dijo en medios de comunicación dirigiéndose directamente a los productores. Desconfianzas de ruralistas y convocatorias desesperadas sucedieron antes de la irrupción de Moreno en la mesa de negociación, siempre con la sutileza de un elefante en un bazar. Por eso, Alberto Fernández trataba anoche, casi desesperadamente, de arreglar los destrozos del secretario de Comercio.


Sin embargo, el problema que más aflige al Gobierno es el de la creciente inflación, que está en condiciones de evaporar la credibilidad pública en muy poco tiempo. Exponentes destacados del oficialismo señalaron ayer que la inflación de estos días ronda el 30 por ciento anual; explicaron que en los grandes centros de ventas las remarcaciones de precios ya tienen un ritmo semanal. Inflación alta y síntomas de escasez de muchos productos van siempre de la mano. Es también lo que está pasando ahora.

Es probable que la espectacular reaparición de Moreno se haya debido a esa situación de riesgosa inflación. Néstor Kirchner nunca probó otro método para combatir la inflación que no sean los retos y los empellones del secretario de Comercio, que ya ha sido abandonado hasta por los economistas que más creían en él, como Eduardo Curia. La aflicción por la inflación no debería, de todos modos, abortar la negociación con los productores agropecuarios. Pero es lo que está haciendo Moreno.

Economistas cercanos al oficialismo están reclamando metas monetarias y fiscales claras para contener el fenómeno inflacionario. Sostienen que debe aumentarse la oferta, pero que tiene que desalentarse la demanda mientras aquel proceso esté en marcha. Gasto público en aumento y una demanda por encima de la oferta terminan en inflación alta, concluyen al releer los manuales más elementales de economía.

Un debate no menor en la cima consiste en si esos cambios deberían ser ejecutados por el actual gabinete para dar luz luego a otro equipo de colaboradores de la Presidenta. Ese debate ha producido una suerte de parálisis de la administración, porque gran parte de los ministros y secretarios de Estado están a la espera de una definición.

Un sector importante de la sociedad aguarda también cambios que permitan reinstalar las ilusiones que había creado la administración de Cristina Kirchner. La continuidad casi idéntica de políticas, personas y métodos sólo ha provocado hasta ahora que lo mejor se perdiera con la victoria.

Fuente: diario La Nación, Buenos Aires, 18 de abril de 2008.

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