Kirchner y Bergoglio, separados por cuestiones de fondo

La falta de concreción de la reunión es un emergente de un vínculo difícil por recelos mutuos que tienen que ver con cuestiones de fondo. Kirchner siente que el grueso de los obispos “con Bergoglio a la cabeza son un factor muy fuerte de cuestionamiento” a su gestión.

Por Sergio Rubín

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Termina otro año complicado para la relación entre el Gobierno y la Iglesia. El síntoma más evidente es que tampoco en 2006 se produjo la reunión entre el presidente Kirchner y el cardenal Bergoglio. Ni siquiera la cúpula del Episcopado —que encabeza el propio Bergoglio— logró acordar en las últimas semanas una visita protocolar a las máximas autoridades del Congreso, quizás por mensajes enviados desde la Casa Rosada. Pero centrar el problema de la relación Gobierno-Iglesia a un encuentro Kirchner-Bergoglio suena a un reduccionismo. En todo caso, la falta de concreción de la reunión es un emergente de un vínculo difícil por recelos mutuos que tienen que ver con cuestiones de fondo. Kirchner siente que el grueso de los obispos “con Bergoglio a la cabeza son un factor muy fuerte de cuestionamiento” a su gestión. La Casa Rosada se quejó muchas veces de que la Iglesia nunca le reconoció todo lo que hizo el presidente por sacar al país de una de las peores crisis de su historia. El Episcopado, a su vez, nunca le agradó el estilo de permanente confrontación de Kirchner, su recurrencia a la década del setenta “más allá del estricto respecto al accionar de la Justicia y la falta de vocación de diálogo con todos los sectores, en general, y con la oposición, en particular”. En ese contexto, Kirchner sintió que la Iglesia era prácticamente el único factor de poder que le ponía límites a su gestión, dicen las fuentes. No logró que el Vaticano removiera al obispo castrense, Antonio Baseotto (su salida se concretará en abril cuando el religioso llegue a la edad límite de 75 años). Y sufrió el revés electoral de su aliado misionero, el gobernador provincial Carlos Rovira, ante el frente antireeleccionista encabezado por el obispo Joaquín Piña y bendecido por Bergoglio. La Iglesia se cuidó de enrostrarle la derrota en Misiones. Pero leyes resistidas por los obispos como la ligadura de trompas y la vasectomía, o la homologación de un protocolo contra la discriminación de la mujer que juzgan abortista, salieron como por un tubo del Congreso. Tampoco logró colar una mención a la dimensión religiosa de la persona en la Ley Nacional de Educación. Como contrapartida, la relación institucional a través de la Secretaría de Culto, que encabeza Guillermo Oliveri, fue óptima.

Fuente: diario Clarín, Buenos Aires.

El autor estuvo en Rafaela disertando en el año 1999.

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