José Carignano: su vigencia está en las obras y la memoria en el pueblo

Falleció hace unos días. Nacido en 1947 en Rafaela, desarrolló gran parte de su carrera de arquitecto en España. Sobre finales de la década del 90 cambió los lujos europeos para radicarse en Villa Minetti, donde realizó obras importantes para esta localidad del departamento 9 de Julio.

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El último lunes de 2020 dejó una triste noticia para Villa Minetti y la zona. En un año particular marcado por mucho de lo que el día de mañana preferiremos no recordar, la muerte de José Carignano duele profundo en aquellos que lo conocieron, al tiempo que los obliga a que su desaparición física y el paso del tiempo no permitan olvidar las obras concretadas en el ejercicio de su profesión.

Durante gran parte de los últimos 20 años fue el arquitecto de un periodo de gran crecimiento en infraestructura pública en Villa Minetti y pueblos vecinos, concretando proyectos como el Salón de Usos Múltiples, la terminal de colectivos, el polideportivo de la escuela 300, hizo reformas y ampliaciones en instituciones, innumerables viviendas a través de distintos programas, ayudó a erradicar ranchos y urbanizar barrios, ente muchos otros trabajos que hoy tienen su sello.

Nacido en 1947 en Rafaela, desarrolló gran parte de su carrera en España. Sobre finales de la década del 90, cambió los lujos europeos porque sintió “que tenía que poner lo que había aprendido al servicio de la comunidad”, recuerda Julia Pesaresi, presidenta comunal de Villa Minetti entre 1999 y 2003, periodo en que comenzó en a trabajar como arquitecto en la Comuna.

Su vínculo con el noroeste de Santa Fe se inició a través de Cáritas, que lo trajo a esta región para tareas vinculadas a la Iglesia. Así fue que como arquitecto participó de proyectos en las distintas localidades y también zonas rurales del centro norte del departamento 9 de Julio, primero a través de esa institución y luego con las diferentes administraciones comunales, en tiempos en que su profesión resultaba tan escasa como necesaria en la región.

Rápidamente construyó un vínculo estrecho con la comunidad, cosechó amigos, y empezó a dejar su huella arquitectónica con particular y colorido estilo. Todo contribuyó a madurar la decisión de quedarse a vivir en la localidad, y luego de años de residencia circunstancial en la Parroquia o la Guardería, construyó su propia casa.

Quienes lo conocieron y trataron con frecuencia coinciden en varias características de su personalidad y su trabajo. Recuerdos y anécdotas lo definen de la mejor manera y al mismo tiempo ponen en valor su enorme labor, esa que hoy reflejan las obras vigentes.

“Muy generoso, muy creativo, con una personalidad muy fuerte, con el que podías pelear mucho, pero terminabas amigo. Se vino de un lugar donde tenía todas las comodidades a devolverle a la humanidad lo que su profesión le había dado, profesión que amaba profundamente y en lugar de traer el librito al territorio, aprendió en los territorios las realidades de la gente, respetó la idiosincrasia de la gente y en base a eso hizo un trabajo que cambió muchas cabezas. Todo lo fuimos aprendiendo con él y él lo fue aprendiendo con la gente de nuestra zona. Una persona muy comprometida que dio más allá de su profesión, a tal punto que se terminó quedando a vivir en la zona mientras su salud se lo permitió”, lo resume Julia Pesaresi.

Conserva ella “los mejores recuerdos” de la persona y del arquitecto, “y creo que hay un antes y un después en la lógica que tenía que ver con lo urbano, el aprovechamiento de espacios, el respeto a la realidad de cada familia dentro de las posibilidades que había. Lo suyo llegó para quedarse. Independientemente de que él no esté, queda una marca que dejó. Su impresionante capacidad de gestión. Resolvía cuestiones, negociaba con funcionarios, y llegaba con todas las opciones posibles para gestionar recursos. Instaló la idea de que el norte necesitaba cuestiones particulares y salir de los moldes de estándar para aprovechar mejor los recursos y llegar a más gente respetando las cuestiones culturales propias de nuestra zona”, sintetiza.

En esa misma línea, Hugo Terré, presidente comunal de Villa Minetti en el periodo 2003-2007, considera que José Carignano “con su particular carácter logró el cariño y el reconocimiento de los pobladores de Villa Minetti. Directo y frontal, con una concepción muy especial respecto a la arquitectura, los años vividos en España le habían dado una visión muy amplia de su profesión. Todas sus obras terminaban con colores que resaltaban y daban alegría al pueblo, y a los pueblos del Departamento para quienes también trabajaba”.

“Servicial, amable con quien le caía bien, siempre dispuesto a tender una mano, principalmente a las instituciones con quienes colaboraba permanentemente. Un gusto trabajar con él durante los cuatro años de Comuna. Anécdotas varias, todas relacionadas con su carácter y sus salidas inesperadas de las cuales muchas veces se arrepentía”, agrega.

Pedro Junco, presidente de la localidad entre 2015 y 2017, última gestión con la que el arquitecto estuvo vinculado a la Comuna, remarca que “trabajar con José fue un placer”. Y lo describe como “un hombre que amaba la obra pública, y así era más fácil elaborar proyectos”.

Como empleada de la Comuna de Villa Minetti, Norma Desch tuvo con él un vínculo laboral, pero también con el correr de los años forjó amistad. “Era un compañero de trabajo muy bueno. Había que saber llevarlo. La pasábamos muy bien y hablábamos sinceramente. Una excelente persona a la que quise mucho”, cuenta y trae a la memoria recientes recuerdos: “cuando decidió irse del pueblo compartimos la despedida en la terminal de colectivos. Siempre seguíamos en contacto, y el pasado 19 de diciembre se adelantó a saludarnos telefónicamente por Navidad”.

Los testimonios surgen como forma de recordar a alguien que físicamente se ha ido, pero que de alguna manera perdura en sus obras. Es esa quizás la mejor forma de mantenerse vivo. Desde las cálidas anécdotas de quienes compartieron su tiempo hasta las frías paredes de cualquier edificio planificado por él, todo es ejemplo de vigencia.

El lunes 28 de diciembre de 2020 se llevó de su tierra natal, y en soledad, a José Carignano. Seguramente el paso del tiempo irá haciendo difusa la fecha, pero no así el personaje cuyo legado se compone de todo lo anteriormente dicho y más. Por eso recordar el pasado, reivindicar el presente y proyectar el futuro resultan ejercicios dignos para la memoria que, si es colectiva, es la forma de que no caiga en el olvido quien deja huella en una comunidad.

Fuente: https://periodico9dejulio.com/. Colaboración de la rafaelina Norma Fenoglio.

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