Inseguros en algunos países

Un recorrido por algunos países del continente americano sometidos al terrorismo, narcotráfico y maras.

Por Laura Etcharren

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A medida que el tiempo pasa, el problema de la inseguridad en el continente americano se incrementa poniendo de manifiesto la descomposición social a la que asisten las poblaciones de los distintos países de la región.

Un quiebre en el tejido de la sociedad producto la inconsistencia de las autoridades gubernamentales y de los desafíos que distintos grupos violentos llevan adelante en su lucha por obtener mayores espacios y un poder que se percibe como injusto porque no les pertenece.

Agrupaciones de individuos cuyas acciones versan entre el crimen organizado, el terrorismo y el narcotráfico.

Ex integrantes de ejércitos de elite (Kaibiles y Zetas), integrantes mismos, maras y narcoterroristas conforman un panorama violento que lejos de encontrar su fin se perfecciona y agiliza.

Porque la globalización, así como los avances tecnológicos que la misma propición, generaron un desarrollo de la logística que versa entre el perfeccionamiento de las tácticas y estrategias de la lucha armada y el estudio del territorio a conquistar y/o proteger.

Todo esto, va dejando en su camino residuos humanos. Refugiados, emigrantes y otros tantos seres que deben huir de la violencia que azota a sus países de origen.

El terrorismo como variante de la violencia ha generado una narcodemencia en las sociedades, las cuales se ven condicionadas en la construcción de su subjetividad.

Prácticamente, casi todos los países del mundo se han convertido en países sujetados a la fuerza del terrorismo y a la difusión de los medios de comunicación.

Colombia y El Salvador

La guerra contra el terrorismo se intensifica en lo cotidiano porque también en lo cotidiano el terrorismo, en todas sus formas, se incrementa.

De un tiempo a esta parte, dicha guerra, se ha convertido en la primera industria de crecimiento político. Y los atentados del 11-S contribuyeron, entre otras cosas, para que esto suceda.

Bajo la premisa del anti terrorista, se ha llegado a un punto en el cual, las sociedades deben cuidarse más de los políticos que de los propios terroristas. Porque mientras estos últimos van cambiando; los primeros, tienen una tendencia a perpetuarse en el poder.

El caso colombiano es emblemático en lo que al terrorismo respecta, ya que según especialistas, el conflicto en Colombia estuvo parado durante años hasta que rebrotó a causa de la cocaína.

La guerra desatada es considerada por muchos intelectuales como la última guerra del continente americano. Una guerra que devino en narcoguerra. Y eso se debe a que la droga es un producto que goza del libre comercio en un mundo sujeto a los ritmos de la globalización.

Si bien en Colombia el conflicto no comenzó con la droga, el mismo se exacerbó.

Es decir, una seguidilla de conflictos se irán sucediendo en el mundo, produciendo lo que se llama: violencia endémica.

Tanto es así, que ni los países del primer mundo se encuentran exentos de entablar relaciones con el narcotráfico y todo lo que el mismo conlleva.

El problema colombiano reside fundamentalmente en una ausencia del control del estado sobre el territorio. Un control vital para evitar los desmanes que allí suceden. Sin embargo, la ausencia de tal control, es funcional para los grupos armados.

Para el crimen organizado.

Ya que los recursos de los que dispone cada área del territorio poseen relación directa con los grupos antes mencionados.

En el caso de El Salvador, el conflicto radica en la falta de libertades democráticas. Un hecho que encuentra íntima relación con el poder.

La guerrilla pretendía dominar el territorio para así obtener el reconocimiento y tener una oportunidad en la negociación política.

Ambos países comparten el desastre que produce la violencia pero la naturaleza del problema difiere en su naturaleza. Aunque en los dos casos, la problemática tiene que ver con las esferas política y social.

Bolivia y Perú

Se podría definir a Bolivia como un país latinoamericano en el cual, predomina la hoja de coca y la mafia del narcotráfico.

La precariedad boliviana y peruana, se evidencia en el transporte de la droga hasta los mercados de consumidores. Es decir, en Bolivia y Perú se produce la llamada pasta base que recibe todas las mejoras en Colombia debido al mejor instrumental químico que poseen para convertirla en cocaína.

Pero como productores de hoja, Bolivia y Perú, son los únicos a nivel mundial.

Sucede, que el proceso consumo masivo y tráfico termina excediendo las fronteras de dichos países, a punto tal, de no poder fijar un mecanismo de control.

El consumo de la cocaína siempre fue mundial, extendiéndose a los Estados Unidos y Europa. Luego, el auge pareció mermar, hasta que en la década del ‘60 resurge de manera alarmante a través de una organización mucho más pensada y estructurada. Existe una organización de la fabricación, transporte y comercio de la cocaína.

El narcotráfico tiene su propia ruta:

La hoja de coca se cultiva en Bolivia y Perú y también, aunque en menor cantidad en Ecuador.

La hoja, mediante un proceso no muy complejo, se convierte en pasta de sulfato de coca.

Esa pasta, se transporta a Brasil y Colombia para transformarla en cocaína pura. De esos dos puntos -Brasil y Colombia- se emitirá a los países consumidores.

Principalmente, a Estados Unidos. Vía la Florida, New York.

Sin duda alguna, las economías de los países implicados se ven afectadas al manejar este tipo de comercio. Para los campesinos que cultivan la hoja, es un negocio rentable, independientemente de que no estén pagos como corresponde.

Por lo menos, en lo proporcional a lo fructífero que es el negocio.

Por otro lado, el narcotráfico genera puestos de trabajo. Tanto es así, que se estima que en América Latina, trabajan, en la producción droga varias millones de personas.

Otra cuestión a considerar, “es que parte de los beneficios percibidos, se invierten en el país de origen para así crean una infraestructura económica legal que permita “blanquear el capital obtenido por la droga.”

En el caso de Bolivia, el consumo de la hoja es legal. No así, el consumo de cocaína.

Así mismo, Bolivia es un país absolutamente dependiente en su economía del narco. Se estima que más del 70% de los ingresos del narcotráfico boliviano provienen de la exportación de hojas de coca bajo la forma de pasta base. En Perú, ocurre algo similar.

El consumo de la hoja de coca está permitido y se consume mayoritariamente en forma de té y como ligero estimulante ante las alturas andinas.

Se podría decir entonces, que mientras Perú y Bolivia desempeñan el papel de productores de la coca; Colombia oficia de intermediaria y más; al tiempo que Estados Unidos, es el consumidor.

En tal país, el consumo de cocaína, representa, extrañamente, prestigio social. Tal vez, se deba a que a diferencia de la marihuana, no todos los individuos pueden acceder a la cocaína por la diferencia de costos.

Todas estas cuestiones, indudablemente, son fuertes disparadores de desorden social. Y ponen de manifiesto la decadencia de los valores y la falta de capital cultural arraigado que existe mundialmente.

México y su relación con Colombia

Colombia y México representan un intenso estado de terror. Entre los narcos de ambos países, existe una vieja relación. En un principio, los colombianos eran los jefes, ahora, los que digitan el accionar, son los mexicanos.

En México, muchos de los jefes de los cárteles son ex policías o militares.

Caso Cárdenas.

Mientras en Colombia, al principio, eran hacendados venidos a menos o personas muy pobres. Como es el caso de Rodríguez Gacha, Escobar. Personas que se transforman en narcos.

Algunos son criminales netos y natos, otros, en cambio (los colombianos) son una mezcla de Robin Hood con criminales transformados en políticos.

Según fuentes especializadas, los principales líderes del narcotráfico en México son:

Joaquín “El Chapo” Guzmán, Juan José Esparragoza “El Azul”, Ignacio Coronel, Arturo Beltrán Leyva e Ismael “El Mayo” Zambada.

Sin descartar a los cárteles de Tijuana de los hermanos Arellano Félix y del Golfo que encabeza el ya mencionado Osiél Cárdenas. Quien desde la prisión mantiene el control sobre Los Zetas, formado originalmente por desertores de las fuerzas especiales del Ejército Mexicano y que reclutaron tropas de élite integradas por los Kaibiles de Guatemala, y maras centroamericana, especialmente, M13.

Por otra parte, según fuentes de inteligencia de Estados Unidos y México, los Zetas volvieron a arraigarse en Nuevo Laredo, Tamaulipas, controlando el movimiento de personas. Para ello, utilizan espías, puntos de revisión y tecnología. Por las rutas de distribución de la droga, Los Zetas, están en guerra con miembros del grupo rival de Sinaloa.

En Colombia, mientras tanto, desde hace más de cuarenta años existe una guerra interna. Sus protagonistas son; el Estado Colombiano, las Guerrillas Marxistas y los “paramilitares.”

Los intereses del narco intensificaron la dinámica de la guerra interna, tomando así, dimensiones internacionales. En Bogotá, por ejemplo, existe un total de 803 pandillas integradas por 12 mil armados. Mayoritariamente se concentran en las zonas más populares del sur de la ciudad. Allí, tanto paramilitares como guerrilleros se disputan el control regional y el paso hacia otras ciudades.

Durante la década del ‘90 estas pandillas crecieron notablemente.

“En 1994 eran 107 (pandillas), en el 2003 existían 691 y hoy son 803”

Las mismas, participan del complejo problema del narcotráfico en el país.

Desde los años setenta, Colombia es el principal país productor y exportador de hoja de coca, pasta base y cocaína en el mundo.

“Para algunos especialistas la economía colombiana misma depende ya en cierta medida de los ingresos del narcotráfico, en especial las cuentas externas. Los carteles de la droga se han fortalecido porque han logrado infiltrarse en la estructura política del país.”

Para una parte de la juventud e incluso, de la población en general, los narco, son héroes. En síntesis, el narcotráfico puede ser visto como un sistema de difícil acceso. Es decir, ingresar en la verdadera complejidad de la red narcótica no es para cualquiera. El narcotraficante propiamente dicho posee una capacidad mental diferente.

Modos de operación que aparecen como irreductibles y un trabajo de inteligencia, aunque para daño social, que suele ser impecable. Por lo tanto, el narcotráfico puede ser pensado como un sistema que se auto regula, auto genera y auto sostiene.

En términos de Niklas Luhmann -con la adaptación propia al caso- sería un sistema autopoiético. Sistema cerrado en dónde la acción es importante y la comunicación primordial.

La barbarie mexicana

Enfrentamientos entre sicarios y maras rivales se suceden a diario en los distintos municipios mexicanos víctimas de la mafia de la droga. Los procesos migratorios contribuyen al incremento de un circuito complicado en el cual se encuentran involucrados, entre otros, niños y mujeres.

Éstas últimas suelen ser utilizadas como señuelos o como transportistas de estupefacientes. En la jerga del narcotráfico son más conocidas como mulas y representan un porcentaje importante de los homicidios cometidos por las maras. Las dimensiones adquiridas pueden ser insospechadas para el común de las personas.

No obstante, para los investigadores era algo que debía preverse, ya que se vienen observando nuevas modalidades que representan la evolución del narcotráfico. Negocio que se ve favorecido por la globalización; los avances tecnológicos; los conflictos armados en la frontera de Colombia y Ecuador; y por las pandillas ubicadas Chicago y el resto de América Central.

Toda una hoja de ruta diagramada que los narco deben seguir para que el negocio se concrete exitosamente. Es por ello, que los límites no existen.

De lo contrario, no se hubiese gestado la alianza entre algunas maras y narcotraficantes contra ex zetas, por ejemplo. Una alianza que desató una guerra narcótica despiadada para proteger sangrientamente la ruta que lleva la droga de Sudamérica a Estados Unidos.

Héctor Camilo Sánchez Beltrán -Investigador del Departamento de Clínicas de Salud Mental del Centro Universitario de Ciencias de la Salud de la Universidad de Guadalajara- entiende que la mara Salvatrucha ha trabajado en el desarrollo de un plan de infiltración a través del cual ha instalado centros de operación en el Pacífico mexicano con el objeto de facilitar el tránsito de centroamericanos a Estados Unidos. Además de una ruta para el narcotráfico, esta mara traza una ruta para el tráfico de personas e incluso, para el “libre” paso de las mismas.

Los episodios de violencia que emanan de los zetas o maras, se van expandiendo por los distintos municipios mexicanos a punto de tal de crear una narcoviolencia. Es decir, la violencia del crimen organizado va tomando rasgos cada vez más característicos.

El diario El Universal plantea, por un lado, que las maras van copando más territorios mediante el empleo de actos terroristas y por otro lado, que la lucha contra el narcotráfico es un fracaso debido a la inoperancia de los jueces que desempeñan mal su tarea.

Finalmente, México representa el centro de tránsito y distribución de la mayoría de las drogas que entran en EEUU, incluido el 60% de la cocaína. Y las rutas y métodos de transporte cambian constantemente. Un día pueden ser paquetes arrojados desde un avión o transportados en lanchas rápidas y en otra ocasión, cargados por niños emigrantes ilegales. (BBC Mundo)

En síntesis, las primeras planas de los diarios del país se encuentran copadas con información que versa entre asesinatos y narcotráfico.

Lo mismo sucede con las secciones internacionales de los diarios de otros países del mundo que por estos días cubren rigurosamente el tema de México. El asesinato de policías por narcotraficantes se ha convertido en una situación habitual en el país azteca.

Michoacán, Tijuana y Oaxaca, son algunos de los estados más comprometidos con la variable violencia. Según fuentes, durante la presidencia del Fox, se han contabilizado 8.000 personas asesinadas por el crimen organizado.

Y en lo que va del año, se han producido a causa del narcotráfico, 2.000 asesinatos. Distintas son las formas que los delincuentes utilizan para matar. Pueden ser armas de fuego, blancas, o bien, el estilo que hoy se encuentra patológicamente en boga, el de las decapitaciones.

La matanza de policías no termina en la muerte, al contrario. Las imágenes demuestran conductas de ensañamiento y alevosía una vez cometido el crimen. Entre otras cosas, se los suele quemar.

La guerra del narco se acentúa y las mafias ponen en jaque el control de los mercados en los 32 estados mexicanos. Porque al aumentar la venta de drogas, las disputas por los controles se incrementaron y los carteles de la droga buscaron alianzas con las maras y ex integrantes de los ejércitos de elite. Por tales motivos, la embajada estadounidense en el país, solicita evitar el destino mexicano como consecuencia de la ola de inseguridad que no excluye a nadie.

Brasil

También se encuentra absolutamente comprometido en el problema del narcotráfico. Los sucesos de San Pablo son una prueba de ello. Desde las cárceles se digitan operaciones y la guerra de la droga es, en algunos poblados, mucho más sangrienta. Los enfrentamientos entre pandillas son cada vez más frecuentes en las favelas, con saldos de decenas de muertos y heridos todas las semanas.

Los soldados del narcotráfico en Brasil no saben ni leer ni escribir pero manejan armas como si fueran juguetes. En su mayoría, no superan los diez años de edad y emergen de la violencia que se vive en las favelas y otros barrios carenciados.

“Sólo en Río de Janeiro constituyen un ejército de alrededor de 10.000 pequeños soldados que prácticamente no saben ni leer ni escribir, pero han sido entrenados en el uso de todo tipo de armas, a veces, incluso pesadas.” (Elizabeth Peger; Nuevo Digital)

Según informes, los niños reciben como pago el veinte por ciento de la droga que deben vender.

Generalmente la cocaína que le dan los narcos como forma de pago no es comercializada sino consumida por ellos mismos. Ahora bien, esta problemática se extiende a las prisiones. Recordemos que muchos presidiarios manejan desde las cárceles la comisión de delitos. Y si bajamos más al sur del continente, nos situamos en Brasil. Más precisamente en San Pablo. Allí nos encontramos con Marcola Camacho, jefe de la banda carcelaria de San Pablo (PCC)

Marcola, en una entrevista concedida al Diario El Globo de Brasil, revela datos significativos.

Cuenta como la violencia y el crimen lo convirtieron en una persona visible, ya que antes “era pobre e invisible.” Reconoce que ahora, “(…) estamos ricos con la multinacional de la droga.”

“Y ustedes, se están muriendo de miedo.”

Marcola habla con una impunidad asombrosa, comenta que no tiene miedo a morir, ya que en la cárcel, no entran los que en la jerga se dice, no son del palo. Agrega que quienes deben tener miedo son los que están afuera, ya que él, desde adentro, puede mandar a matarlos.

Consideraciones finales

Conforme a lo analizado, el terrorismo puede ser interpretado como una formula que circula entre el ofrecimiento y la recompensa. Pasando por el desprestigio y luego terminar en la ejecución.

En su relación con el narcotráfico conforma un combo violento de asesinatos, secuestros y tráfico de personas y drogas.

Si bien la historia del terrorismo data de muchísimos años atrás, el mismo, ha hecho eclosión en el siglo XX y lo que va del XXI. Es decir, la intensidad con la que se ha ido implementando el terror en las sociedades del mundo, fue variando con el paso del tiempo. Despertando curiosidad y fascinación en los círculos intelectuales, el terrorismo, así como generó emociones violentas, también, provocó discusiones sobre las interpretaciones acerca del mismo.

Quienes lo practican, pueden ser de izquierda o derecha. Ser nacionalistas o internacionalistas.

Además, debe considerarse que el terrorismo puede producirse en cualquier parte. Y según algunos, es una respuesta frente a las injusticias. Su inspiración, es profundamente ideológica.

Creyentes fanáticos que alcanzan la desesperación debido a la intolerancia que caracteriza a las sociedades modernas, son algunos de los terroristas. Los movimientos terroristas se han conformado, fundamentalmente, de personas de clases medias educadas.

Todos estos sucesos, hechos y contemplaciones, demuestran que los gobiernos y las sociedades tienen muchas cuestiones pendientes sobre las que deben trabajar para construir vínculos más fuertes y profundos.

Se necesita una toma de conciencia que no se diluya en la teoría. Que ésta última trascienda para lograr una práctica eficaz contra la inseguridad en la que prime, entre otras cuestiones, la relación entre crimen y castigo.

Fuente: www.lauraetcharren.blogspot.com Offnews.info (Argentina)

Colaboración de Ernesto G. F. Luna de Santa Fe.

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