Impuestos y lechería: o peleándonos los de abajo

¿Hay relación entre el cierre de cinco firmas lácteas y las limitaciones que tienen las provincias y municipios?

Por el Dr. Enrique J. Marchiaro (Rafaela)

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El aumento de impuestos provinciales y tasas municipales es una constante hoy en el país. Si se mira la cuestión desde la prestación de servicios estatales está muy claro que llega un punto que no es posible dar los mismos servicios ni siquiera nuevos (los que cada día los gobiernos locales agregan a su agenda por presión vecinal o delegación nacional o provincial. Ejemplos a la carta: GUR, salud pública, educación, etc.). A su vez esta cuestión va de la mano de la capacidad contribuyente, que tiene también un límite severo. Visto así el problema no hay solución… y no la hay porque así está muy mal planteado el tema, pues falta un elemento fundamental: cómo se reparten los tributos en Argentina. Si no se dice esto con claridad desde Municipio y Provincia no tiene sentido presionar más al contribuyente. El “Gran Recaudador” es la Nación mientras varias provincias tienen un déficit financiero de casi 4.000 millones de pesos, el que se arrastra en algunos casos de varios años pero en otros se da porque a partir de 2002 la presión fiscal aumentó casi el 30% en el país (mirando las cosas desde el contribuyente) pero de ese aumento el 95% fue a la Nación y sólo el 5% para todas las provincias. Como se imaginará el lector esto es producto de las retenciones agropecuarias que no se coparticipan. La relación Provincias-Nación viene creciendo a favor de la Nación. Si antes de los noventa las provincias recibían el 35% y la Nación el 65% (lo que ya era insostenible) hoy se pasó al 29 ó 30% en Provincias y más del 70% en Nación. En este tema estamos peor que en tiempos de Menem, pero nadie lo dice. Se puede replicar que el neoliberalismo no necesita recursos en el Estado y el “modelo” actual sí y que allí están estos dineros públicos en las reservas. Eso sólo es parte del tema, porque los recursos no deben estar sólo en reservas sino también entre quienes son sus legítimos titulares, que son las Provincias y Municipios. A su vez, si parte del dinero a coparticipar queda en las regiones y provincias está claro que se recicla en la economía regional y esto a su vez genera más impuestos para la Nación, vía IVA entre otros. El federalismo bien encaminado es parte del círculo virtuoso de la economía contemporánea, en cambio el populismo cerrado y autista no. Así desembocamos en el otro tema que va de la mano: el irresuelto tema del campo, donde en nuestra zona vemos con impotencia cómo cierran cinco pequeñas firmas lácteas, entre otras cosas por una política nacional agropecuaria que en materia de lechería y quesos no da para más. Y sin embargo, dos temas tan claros no son resueltos por nuestras comunidades y gobernantes del modo que corresponde, poniendo el acento “también” en el origen de los problemas, que es la Nación. Seguimos peleándonos entre los de abajo: Provincia con empresarios por el nuevo esquema tributario; municipios con sus vecinos por las subas de tasas; empleados tomando plantas ante el cierre de la mismas. Pero en ningún caso hemos logrado unirnos. Y mientras no lo hagamos, mientras no tengamos federalismo fiscal y económico, seguiremos peleándonos los de abajo. Exactamente igual que en tiempos de Menem, el que supo muy bien descentralizar los conflictos y centralizar los beneficios. Hoy es verdad que los beneficios del modelo nacional son más repartidos porque se apunta a la inclusión y al mercado interno, pero ello no alcanza si se hace a expensas de las regiones y del programa federal que la Constitución Nacional impone. ¿No alcanzó con el masivo paro agropecuario para lograr un cambio? ¿Qué más hace falta para que se comprenda algo tan simple?

Fuente: diario La Opinión, Rafaela, 27 de setiembre de 2008.

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