“Idelso Re fue un sacerdote cabal, espiritual y fraterno”

Expresó el obispo diocesano Carlos Franzini durante la homilía en la misa de ayer en la Catedral San Rafael ante una multitud de fieles de distintos lugares. Luego fue inhumado en el cementerio de la Abadía Nuestra Señora de la Esperanza.

Por Emilio Grande (h.)

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A lo largo de la víspera fue un desfiladero de gente para darle el último adiós a monseñor Idelso Juan Re cuyos restos se velaron en la Catedral San Rafael. Uno de los momentos centrales fue durante la misa de cuerpo presente presidida por los obispos Carlos Franzini y Hugo Santiago (obispo de Santo Tomé) y concelebrada por la mayoría de los sacerdotes de la Diócesis de Rafaela, los diáconos y seminaristas. El templo mayor de la ciudad y de nuestra Diócesis albergó a una multitud de fieles con delegaciones de distintos lugares, como así también estuvieron presentes el intendente Omar Perotti, el presidente del Concejo Municipal Jorge Maina, la diputada nacional Elda Gerez de Juan, la diputada provincial Rosario Cristiani, el concejal Luis Castellano, entre otros. “Demos gracias a Dios por la vida del padre Idelso, también por su muerte que le ha dado la paz, el gozo y ver cumplido en él la palabra de Jesús que acaba de proclamarnos «Padre quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté»”, expresó Franzini durante la homilía. Y agregó: “después de una larga vida y penosa enfermedad en los últimos meses ha pasado a participar del banquete del Señor y para los que tenemos fe tiene que ser motivo de profunda y serena esperanza. Lo que Idelso vivió, proclamó, enseñó y testimonió con su vida es lo que esta tarde (por ayer) estamos celebrando, la victoria de Jesucristo resucitado sobre la muerte, victoria que en cada uno de nosotros se dará en el momento que sólo Dios conoce”. El Obispo diocesano se enteró de esta noticia cuando estaba en Pilar, provincia de Buenos Aires, en un retiro de los obispos muchos de los cuales lo conocían a Idelso Re. “En el viaje de regreso a Rafaela muchas cosas pasaron por mi cabeza para compartir con ustedes. Dios nos ha regalado un sacerdote cabal; su vida, sus inquietudes, sus alegrías y sus angustias estaban ligadas a su ministerio pastoral. Era su gozo, su corona y su cruz, siempre pensando en su gente e inquieto con cosas nuevas, conciente de su identidad y su misión”, destacó.

HOMBRE ESPIRITUAL

En otra parte, señaló que “Idelso fue un hombre del espíritu con mayúsculas porque era buscador del espíritu de Dios, celebró su jubileo sacerdotal con el padre Elvio (Mautino) de 50 años de vida sacerdotal preparándose espiritualmente durante un mes con ejercicios espirituales y el año pasado quiso repetir esta experiencia de una semana, compartiéndome la profunda experiencia espiritual vivida; el Señor quiso regalarle como anticipando la pasión que le esperaba”. “Que cada uno de nosotros -continuó- pueda agradecer y pedir a Dios que el testimonio de hombre espiritual que el padre Idelso nos ha dejado a todos nos renueve y nos ayude a buscar apasionadamente la vida del espíritu sin la cual no hay horizonte no sólo para los cristianos sino el mundo”. Más adelante, sostuvo que “fue un hombre profundamente fraterno, los sacerdotes sabemos hasta qué punto vivía esta dimensión esencial de la vida sacerdotal que es la fraternidad presbiteral no sólo porque le gustaba animar los encuentros, eran famosos sus asaditos, pero de fondo había una comprensión de que no se puede ser sacerdote en solitario y privado; esta identidad presbiteral no solamente la vivió sino que la promovió intensamente”. Mencionó que “todos tenemos un sentimiento un poco extraño por la muerte de Idelso, dolor por su partida y una intuición de que él está bien, dejó de sufrir y esto nos da paz, esperanza y en alguna medida nos da alegría. Los cristianos celebramos la muerte en realidad celebrando vida plena, le pedimos a Dios el premio de los servidores fieles que cumpla en él su promesa, que perdone las miserias, pecados, limitaciones humanas que tuvo como cualquiera de nosotros y le pedimos al Señor que renueve en nosotros la esperanza para seguir caminando con fidelidad nuestro camino, que Jesús resucitado nos invita a todos”.

NOTA DE CASARETTO

Antes de la bendición final, el obispo diocesano agradeció a quienes lo acompañaron en estos últimos meses para que “la muerte de Re sea semilla de santas vocaciones”. Se leyeron varias notas de adhesión, destacándose la de monseñor Jorge Casaretto -ex obispo de Rafaela y actual obispo de San Isidro-, quien había designado a Idelso al frente de la parroquia San Rafael en 1982 y mantuvieron una amistad en el tiempo. Finalmente, se leyó parte del testamento que Re había escrito el 25 de mayo de 2002. “Agradezco el don de la vida, la fe y el ministerio sacerdotal que son regalos de Dios. Gratitud a la diócesis de Rafaela en el servicio en las distintas parroquias y a los obispos con gestos de amistad y cariño”, escribió Idelso quien nació el 23 de agosto de 1933. “Pido perdón a Dios porque no siempre correspondí a su amor con total generosidad y lo ofrezco a quienes me ofendieron y pido perdón a quienes he ofendido de palabra y acción”. A su turno, Elvio Mautino -uno de los amigos que conservó desde el seminario de Guadalupe- invocó una oración muy emocionado y bendijo el féretro con agua bendita. Más tarde, los restos de Re fueron sepultados en el cementerio de la Abadía Nuestra Señora de la Esperanza, acompañado por un cortejo que se dirigió desde la Catedral hasta el predio ubicado en la ruta 34 al norte. En la oportunidad, lo despidió Alejandro Mugna, párroco de San Antonio, quien lo acompañó en los últimos meses de su enfermedad.

Emilio Grande (h.)

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