Homilía tedeum del obispo Fernánez sobre el bicentenario del 9 de Julio

Reunidos hoy 9 de julio de 2016, en la Iglesia Catedral de Rafaela, para celebrar el Bicentenario de nuestra Patria, que ya había comenzado a dar sus primeros pasos, en aquél 25 de mayo de 1810, otro hito fundante de nuestra Nacionalidad. Haciendo memoria y con la mirada puesta ahora, en aquella “Casa prestada de Tucumán”, ya que fue ofrecida por los vecinos, para que allí se reunieran los Congresales, venidos de distintos lugares, para realizar el congreso de las Provincias unidas de América del Sur, transformándose en un acontecimiento fundador. Momento originante de nuestra historia Patria, donde la “casa de Tucumán”, se hizo que posibilitó que 29 Congresales, entre ellos 11 sacerdotes, y luego de invocar a Dios, pidiendo el Espíritu de Sabiduría, comenzaron a debatir, a dialogar y, consensuando con pasión y con paciencia, en largas jornadas de trabajo, pudieron llegar a un acuerdo, dando a luz, la Declaración de la Independencia, definiendo territorios del nuevo país, conformando el estado que debería edificarse, y poder dotarlo de un régimen de gobierno y una constitución. Es un sentir noble el deseo de vincular el “nacimiento de nuestra identidad nacional” con nuestra vida “presente”, y celebrar con sencillez y austeridad, dando Gracias a Dios por estos doscientos años, reconociendo delicados procesos a lo largo de la historia argentina. Nos toca hoy a nosotros seguir construyendo sintiéndonos parte de la larga marcha, que conlleva hacer entre todos la Nación. Como toda realidad histórica, la Patria se va forjando con ideales y sueños, con esfuerzos, luchas, desentendimientos y hasta con derramamiento de sangre entre hermanos, en tiempos difíciles y crueles, retrocediendo en “dignidad humana”. Sabemos que ayudan mucho más, los tiempos que sin esconder los grandes desafíos, pero que se resuelven, con esfuerzo y trabajo, con diálogo y acuerdos, aunque a veces haya que renunciar a posiciones personales, partidistas o corporativistas, cuando no aún, de mayores logros económicos, cuando lo que se juega es el bien común de la Patria, privilegiando a los que menos posibilidades tienen, o sufren, los más frágiles y débiles de la sociedad. Hoy nos aflige decimos los Obispos argentinos en el documento del Bicentenario, con el mismo espíritu de aquellos primeros Congresales en Tucumán, valorando la elección de la Democracia como forma de gobierno más pura, cuanto sufre el pueblo, cuando los representantes “no viven” con actitud de servicio y entrega generosa. Qué bien nos hace como nación cuando es clara y nítida la división de los 3 poderes del Estado. Que desafío grande y que hay que combatir, sigue siendo el narcotráfico, que se lleva lo mejor de nuestra patria que es la vida de nuestra juventud. La corrupción no es nuestro sistema de vida, no hace a nuestra identidad, es un flagelo que no posibilita el bien común, por el contrario, unos pocos se quedan con lo que le corresponde a la gente para llegar a su dignidad de tener trabajo, un techo, poder mirar a sus hijos con dignidad. Como queremos volver a trabajar para que la Educación pública recupere la calidad que tanto engrandeció esta patria argentina. Cómo nos enseñan los niños cuando tienen ese cuidado y respeto por la naturaleza, que a veces los adultos solo la miramos con ansias de poder y de tener. Cómo retroceder ante aquél ideal de los congresales de Tucumán que tuvieron tan en cuenta las culturas originarias que hasta en un momento del Congreso se preguntaron sino convendría para estas tierras un emperador Incaico. Por todo esto queridas hermanas y hermanos, cómo no aprovechar esta hermosa oportunidad del Bicentenario de la Patria, para afrontar como desafíos las cuestiones irresueltas, como la “erradicación de la pobreza y la desigualdad”, fijando políticas de Estado, reconstituyendo el vínculo social de los argentinos, sintiéndonos todos parte de la Patria grande de Latinoamérica, sosteniendo una política de Derechos Humanos, releyendo la historia en clave de esperanza, integrando a todos los argentinos, incluyendo a todos, mujeres y hombres inmigrantes que con buena voluntad y trabajo quieran venir a trabajar a estas tierras, como vinieron nuestros abuelos y no les cerraron las puertas. Por eso, dando lugar a la utopía, construyendo cada día la patria con amor, sin negar las raigambres de nuestra identidad. Reconociendo el alma del pueblo, en la piedad y religiosidad popular. Siendo conscientes que no hay otro camino para salir adelante, que es el del esfuerzo silencioso, pero constante y firme, con proyectos claros y previsibles, que exigen continuidad y compromiso, abiertos al pensamiento distinto, con alegría y ternura, con pasión por la verdad y tirando todos para el mismo lado, unidos y reconciliados entre todos los argentinos. Bicentenario tiempo de reflexión de proyectos, afrontando los desafíos presentes con aquél espíritu y entrega de los Congresales de Tucumán, gestando hoy nuevos estilos de liderazgo, centrados siempre, en el bien común y el servicio al prójimo. Que Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de nuestra provincia de Santa Fe, que no deja de mirarnos con su ternura de madre, nos siga animando a seguir construyendo nuestra querida nación Argentina. ¡Viva la Patria!

Luis Alberto Fernández, Obispo de Rafaela, 9 de Julio de 2016.

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