Hombres hechos de caverna

Por Adán Costa.- Los primeros hombres cuando comprendieron que las mujeres tenía la capacidad de llevar una vida en sus vientres, de dar a luz, las vieron extremadamente superiores a ellos, tanto que se asombraron primero, y luego se asustaron. Esos primeros hombres hechos de caverna, de palos alzados y rostros ásperos inventaron el machismo, la división de tareas vinculadas al cuidado de los niños y del hogar, adentro, para ellas y la caza o el trabajo, afuera, para ellos. Con eso mitigaron su miedo. Los hombres de aquéllas latitudes sólo se podían proferir amor y admiración entre ellos, ya que ya habían definido que las mujeres eran seres inferiores. El amor griego concebido como amor homosexual exclusivamente entre varones, está hecho de esa simiente, de ese sentido. Más adelante en el tiempo, la definición de un concepto único de familia sobre la base de una unión conyugal, ayudó a que los pueblos abandonen su destino nómade y se afinquen. Para ello se crearon normas que prolongaran sus patrimonios bajo las leyes sucesorias y férreas sanciones morales si el sentido se extraviaba de un concepto de fidelidad ajustado exclusivamente a lo sexual. Como si no existiesen otro tipo de fidelidades. Hoy no hay una sola familia, sino muchas familias. Las hay ampliadas, las hay ensambladas, las hay mono-parentales, las hay igualitarias. Nuestros pueblos originarios se conciben a partir familias comunitarias, extendidas. Pretender amoldarlas a un formato único conceptual engendra violencia simbólica. Luego psicológica, luego física y finalmente muerte. ¿Qué es lo que ha pasado sino una cultura nacida de un equívoco o de una necesidad de organización social? ¿Cómo es que en miles de años, en el sentido, se siga sosteniendo ese miedo y no pueda ser culturalmente revisado en su profundidad? Siempre se teme a lo que se ignora. Siempre se ignora lo que no se puede comprender. Como puede ser que, en la ciudad Santa Fe, luego del dramático cuádruple femicidio vinculado de la navidad de 2016, en un solo mes, hayan existido alrededor trescientas denuncias por violencia de género, la mayoría practicadas en comisarías. Un alto valor al respecto de meses y años anteriores. Pero esas son sólo las que han podido ser denunciadas. En la Argentina, un hecho de femicidio cada 30 horas. Cada una de las disputas familiares, cada uno de los celos posesivos, cada uno de los divorcios, cada uno de los trámites de cuotas alimentarias, cada una de las rencillas por los hijos, albergan entramados violentos. Hoy la sociedad ha puesto arriba de la mesa esta cuestión, con mucha sangre derramada en el medio y con enorme malestar en la cultura. Con enorme esfuerzo social y compromiso militante la sociedad ha podido colocar en la esfera de lo público un problema que antes sólo se concebía como de puertas adentro, de la vida cotidiana y doméstica. Hoy la sociedad ya ha acuñado el concepto de violencia contra las mujeres. Hoy las leyes ya no hablan ni de patria potestad, ni de tenencia, ni de visitas. Hablan de responsabilidad parental, de cuidado personal y de régimen de comunicación. Todo ésto representa un límite en un sentido, y a su vez, un notorio avance para la comunidad. Sin embargo, el problema aún sigue observándonos con ojos de distancia, ya que no es un problema sino un dilema, y por ello tiene un destino de complejidad. Dependerá de políticas públicas sostenidas, integrales e integradas, no burocráticas, de sentido coherente. Y de un estado presente con presupuestos priorizados. Sin dudas algunas. Pero estas políticas jamás serán suficientes si la sociedad no atiende culturalmente a la causa primigenia o si la disputa cultural no se lauda. Más protección de las víctimas siempre inocentes, los niños y adolescentes, sobre todo los que proceden de hogares pobres. Más democracia en la forma de vincularse los seres humanos y menos concepciones culturales hegemónicas ancladas en anacronismos. Menos mito y más pedagogía. Más humanidad y menos pecado. Más disputas de sentido, más empoderamientos. Más mujeres y hombres comprendiéndose en su igualdad y menos hombres ensañados contra las mujeres y su viceversa.

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