Historias poco conocidas de Juan Florentino Basso

Fue gerente de la Mueblería Scossiroli. Integró una empresa de excursiones y las fábricas de potes de cartón y de mermeladas Dul-Cas. Fue miembro fundador de la Cámara de Comercio Exterior y fue presidente del CCIRR.

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Por Emilio Grande (h.).- “Fue un luchador nato y emprendedor incansable, incidió marcadamente en el devenir socio-económico de Rafaela y la región a través de la creación de innumerables empresas, la generación de puestos de trabajo y una activa participación en entidades empresarias, deportivas y sociales. Su contribución, signada por un fuerte compromiso, no estuvo exenta de una notable visión de futuro, sentido de la oportunidad y ansias de crecimiento individual y comunitario”, destaca Jose Luis Basso sobre su papá Juan a este cronista.

Era hijo de Rosa Angela Nocco y José Basso, nació el 13 de agosto en 1922 en Humberto Primo, donde cursó sus estudios primarios. En 1931 se trasladó junto a sus padres a Seeber (Córdoba), donde se desempeñó en diversas actividades, colaborando con la economía familiar y con el crecimiento de sus nueve hermanos menores.

En 1946 Juan Florentino Bienvenido Basso se radicó en Rafaela, desarrollando una de sus primeras actividades laborales en la tradicional Mueblería Scossiroli, ubicada en bulevar Santa Fe al 200, donde alcanzó la gerencia y supo construir valiosas relaciones con una comunidad que le abría las puertas. “Su afán de progreso lo llevó a encarar simultáneamente a su actividad comercial varios emprendimientos como la empresa de excursiones turísticas que contaba con un solo colectivo y los fines de semana organizaba salidas al Parque Sur de Santa Fe o se aventuraba a lugares más distantes como Mendoza o Termas de Río Hondo, dejando la oficina para hacer de chofer, cuando las vacaciones se lo permitían. Esta empresa llevaba el emblemático BBB, seguiría a través de varios emprendimientos, pero en este caso por Basso, Bertolotti y José Baronetti”, agrega.

Otra de las empresas fue una fábrica de potes de cartón que funcionó en 3 de Febrero y Pellegrini, dando paso en esta cadena de emprendimientos a la recordada fábrica de mermeladas Dul-Cas (tuvo 37 empleados), que alcanzó cierta notoriedad en el mercado y años más tarde lanzó su producto estrella: el zapallo en almíbar. Esta empresa demostraba un incipiente perfil industrial y estuvo ubicada inicialmente en calle Caseros y luego en Bv. Yrigoyen.

En 1963 fundó junto a sus socios Dante Beninca e Italo Bottero la productora de válvulas para motores a explosión: Basso, Beninca y Bottero SAIC, empresa que en 1985 adquiriría la denominación de Basso SA a través de la adquisición accionaria al resto de los socios. Junto a esa empresa, creó una de las marcas comerciales con más trayectoria del autopartismo argentino: Válvulas 3B.

En 1966 se constituyó en el primer presidente y miembro fundador de la Cámara de Industriales Metalúrgicos del Centro Comercial e Industrial del departamento Castellanos. En 1971 gestionó la primera exportación de Basso, Beninca y Bottero SAIC, que lo erigió en uno de los pioneros del comercio exterior autopartista de Rafaela y la región.

En 1977 encabezó una de las primeras misiones comerciales a Perú, Ecuador y Colombia junto a empresarios de la ciudad y otras localidades de la provincia de Santa Fe.

En 1978 fue miembro fundador de la Cámara de Comercio Exterior, ocupando el cargo de presidente en 1984. Entre 1980-1982 ejerció la presidencia del Centro Comercial e Industrial del Departamento Castellanos (actualmente CCIRR).

En 1986 fundó junto a sus hijos José Luis y Juan Carlos Motor Parts SA, empresa dedicada a la producción de válvulas para motores de competición y alta performance, en Lehmann.

“El éxito alcanzado en sus actividades industriales y empresarias lo consagraron en septiembre de 1987 como el empresario del año, galardón otorgado por la Confederación General de la Industria (CGI), que recibió del entonces presidente Raúl Alfonsín”, precisa el entrevistado.

Su pujanza sin límites lo llevó a desarrollar su propia cadena de distribución bajo la denominación Valper en Rafaela, Córdoba, Rosario, Buenos Aires y Mar del Plata.

Entre las instituciones que lo contaron como uno de sus más relevantes directivos se pueden mencionar también a CIFARA (Cámara Industrial de Fabricantes de Autopartes de la República Argentina), CGI y COPROFOI (Consejo Provincial de Fomento Industrial). Además tuvo una activa participación en la Comisión Pro Desarrollo de Rafaela (ocupó la vicepresidencia primera), constituida para tres objetivos: la realización del acueducto Esperanza-Rafaela, que en 1981 vio cristalizada la obra de abastecimiento de nuestra ciudad desde el acuífero Pampeano-Puelche, la creación de un Parque Industrial en esta ciudad y la radicación de la Universidad Tecnológica Nacional. Tres conquistas que lo tuvieron como protagonista.

En el ámbito religioso fue tenaz cooperador de la Diócesis local junto al padre Normando Corti y muchos otros sacerdotes. Su pasión por el deporte lo llevó a ser un activo colaborador del Club Atlético Ferrocarril del Estado, Atlético de Rafaela y de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Se había casado en dos oportunidades: con Elena Esther Chialvo y Nelly Farías. Falleció el 18 de febrero de 1990, a la edad de 67 años.

Los reconocimientos

Dos obras de importancia recuerdan a Juan Basso en Lehmann: el jardín N° 267 y el principal ingreso desde ruta 34. En Vila, uno de los circuitos más emblemáticos de la categoría zonal Midget, también lleva su nombre y habla a las claras de su capacidad de dejar huella en distintos ámbitos. En Rafaela el Jardín Maternal del barrio Amancay, donde desde 1974 funciona la productora de válvulas para motor, fue denominado así en honor a este gran emprendedor y también el salón parroquial Santa Rosa de Lima. A pesar del impulso de sus continuadores, ninguna calle de nuestra ciudad rinde tributo a este emprendedor, quien con su multifacética labor cambió el devenir económico y social de esta comunidad.

Fuente: diario La Opinión, Rafaela, 22 de setiembre de 2015.

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