“Hacia una renovada práctica cultural”

Homilía pronunciada por el administrador diocesano Gustavo Montini en la fiesta patronal San Rafael Arcángel celebrada en la Iglesia Catedral, el 24 de octubre de 2013. Estamos reunidos en este lugar celebrando la solemnidad de la dedicación de este templo tan querido y tan emblemático, nuestra Iglesia Catedral. Lo hacemos en el contexto de una profunda acción de gracias por un nuevo aniversario de Rafaela quien hoy cumple sus 132 años de vida. Este aniversario cuenta con una particularidad. Estamos conmemorando los 100 años de que Rafaela ha sido declarada ciudad. Nos llena de orgullo ser nosotros quienes estamos siendo protagonistas no sólo de esta celebración y de su centenario, sino del destino presente y futuro de esta hermosa y prometedora ciudad de Rafaela.

  1. Los textos bíblicos que fueron proclamados e iluminan esta celebración nos dejan como telón de fondo una temática común. Se trata de la promisoria idea de la construcción. Una construcción que necesariamente cuenta con un fundamento “tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, sin el cual el edificio se hace vulnerable y peligroso. Y en donde además aparecen dos protagonistas fundamentales sobre el cual se asienta toda construcción: Dios, haciendo un trabajo discreto e incluso desapercibido “si el Señor no construye la casa en vano se cansan los albañiles” dándole solidez y firmeza a la construcción, haciéndola perdurable en el tiempo. El segundo protagonista el Pueblo, “todos ustedes son piedras vivas…”. Si bien la aplicación de esta metáfora se refiere estrictamente a la Iglesia de Jesucristo, podemos pensar que con ello se nos propone un “modus operandis” necesario en todo proceso de construcción como pueblo.
  2. Las expresiones que resuenan en el Evangelio podrían llevarnos a preguntar, ¿cuál es el fundamento de nuestro edificio? El fundamento desde el cual se construye nuestra ciudad es su tradición. Pedro en la Iglesia viene a cumplimentar esa figura y esa función. En él se unen, lo que fue con la certeza de que fue. Se une en su persona hecho y verdad. Cuando me refiero a tradición no hago referencia a algo tradicional y por tanto antiguo, sino a una historia heredada y por tanto respetada en su verdad. Nuestra tradición es nuestra historia y nuestra historia es nuestra verdad. Frente a ella debemos hacer reverencia. Es historia sagrada, porque es historia de un pueblo. Por ello les propongo que hagamos una inmensa acción de gracias a nuestra historia, y a todos los que la construyeron y dieron su vida por ella. Frente a esta fiesta patronal, a este aniversario de Rafaela como ciudad, la primera actitud es la gratitud y en la gratitud el agradecimiento por este edificio heredado. Debemos escuchar y aprender nuestra historia. No ser desmemoriados pues sin historia nuestro presente y futuro comienzan a navegar en la deriva. Para ello es bueno escuchar a nuestros abuelos. Ponerlos algo así como en el centro de la escena. Ellos son la historia viviente, historia narrada que debe ser escuchada y nunca arrinconada.
  3. La memoria de lo que fue y la utopía del porvenir que soñamos se plasman en el presente que vivimos enriquecidos por un complejo mundo que nos desafía. Las tentaciones que aparecen en la construcción de los pueblos son; por un lado el mesianismo: se trata del olvido de nuestra historia y querer empezar todo desde cero como si todo comenzaría con nosotros. Por otro lado, el nostalgismo: es ese atarnos tanto a nuestro pasado –a lo que fue- que no nos deja libres para crear, obligándonos así dar respuestas viejas a un presente nuevo y muy distinto.
  4. Pretendiendo una síntesis superadora de estas tentaciones, y desde una mirada calma y esperanzadora de nuestro tiempo pensemos en nuestro presente-futuro. Sobre el fundamento de nuestra historia nos abrimos a la novedad de los tiempos sin quedarnos en la coyuntura e intentamos proponer una serie de actitudes y valores presentes ya en nuestro pasado, pero que se hace indispensable crearlos o recrearlos en una nueva práctica cultural. Entiendo por cultura al estilo habitual con que el hombre enfrenta su vida y sus relaciones.  Por tanto:
    1. Se hace indispensable trabajar por una cultura del encuentro. Esto nos lleva a ocuparnos denodadamente por la integración e inclusión de lo diverso. El otro me enriquece. Para ello será necesario seguir rompiendo muchos muros edificados sobre prejuicios o comentarios. El tejido social y cultural de Rafaela está compuesto por hilos diversos que tienen que entretejerse para conformar una trama rica y multicolor. En este sentido destacaría el valor indispensable del diálogo –cuando es honesto y verdadero-, el cuidado a la familia -con normas y leyes que la protejan,- y el trabajo comunitario vivido de modo concreto en grupos y organizaciones que busquen el bien común de la ciudad. Para todo esto es necesario que todos nos sintamos responsables y por tanto participemos. “Todos somos piedras vivas”, decía el autor sagrado en la segunda lectura.
    2. Se hace indispensable trabajar por una cultura del trabajo y del esfuerzo. La historia de nuestra ciudad sobre este punto es determinante. Han sido los pilares que hicieron que Rafaela fuese Rafaela. Lamentablemente estamos asistiendo a un tiempo donde la cultura del trabajo y del esfuerzo está siendo desplazada por el clientelismo y el consumismo, cuya consecuencia es una cierta asedia social. En esto tenemos una responsabilidad todos aquellos que podemos generar puestos genuinos de empleo y potenciar el valor dignificante del trabajo y del esfuerzo. Aquellos que no tienen trabajo o quizás no quieran ya buscarlo, les digo parafraseando al Papa Francisco, “no dejen que les roben la dignidad”.
    3. Se hace indispensable trabajar por una cultura de la solidaridad. La atención prioritaria debería estar dirigida a las víctimas de este complejo tiempo histórico y cultural: las víctimas de hechos de violencia, las víctimas de las adicciones en cualquiera de sus formas, las víctimas de cualquier tipo de explotación, las víctimas de la trata de personas y del uso comercial de la mujer, las víctimas de la inseguridad, las víctimas de la pobreza y marginalidad. Es sobre ellos donde deberíamos poner todas las fuerzas y todos nuestros recursos humanos y económicos. El Santo Padre decía en Río de Janeiro que “la grandeza de una sociedad está dada en su capacidad de atender a los más desprotegidos… en su capacidad de ser más justa y más solidaria”.

En todo lo dicho, resaltaría el “hecho religioso” como un potencial en esta renovada practica cultural. Rafaela ha sido generada en un clima religioso manifestado de diversos modos.

  1. Quisiera detenerme finalmente sobre la presencia de la Iglesia Católica en la historia de Rafaela. La fe vive y late en ese primer templo donde Dios habla y se hace escuchar, que es el corazón del hombre. Ese templo interior fue traído por las trece familias que vinieron a colonizar estas tierras. Por ello resulta lógico cómo desde los inicios de la Colonia casi de modo inmediato se construyó el primer templo material. De ahí aparece como simbólica una situación de proporción donde a medida que crecía la Colonia crecía las dimensiones del templo, tanto que para la designación de Rafaela como ciudad se contaba prácticamente con este templo en el que hoy estamos celebrando su centenario. Desde aquél momento hasta hoy no sólo se ha culminado la construcción de esta bellísima Iglesia –orgullo de la ciudad y de la diócesis-, sino que se han multiplicado los templos en la ciudad, llegando en la actualidad a contar con ocho sedes parroquiales con numerosísimas capillas y centros misionales, desde donde se prodiga la atención pastoral a la inmensa mayoría –para no decir toda- la población de nuestra querida ciudad de Rafaela.
  2. La presencia de la Iglesia en Rafaela la describiría bajo la imagen de la madre. La Iglesia fue y es una madre. No exenta de límites y errores, pero maternidad al fin. Desde los inicios de la Colonia hasta la constitución de la ciudad e incluso en la actualidad, siempre la maternidad de la Iglesia estuvo presente en el mundo del sufrimiento, en el mundo de la educación, en el mundo del trabajo, en el mundo de la cultura, en el mundo de la salud, en el mundo de la empresa, en el mundo de la política… en fin cerca de todos, y de modo especial de sus hijos más relegados. Esta ha sido nuestra huella y es nuestro aporte a la construcción de la ciudad de Rafaela. Quizás el ícono bíblico que más visibiliza la presencia de la Iglesia Católica en Rafaela es la historia emblemática de San Rafael Arcángel cuyo cuadro hemos contemplado al ingreso del templo, y cuya breve relato acabamos de escuchar en la primera lectura: un discreto y eficaz compañero de viaje en las diversas situaciones de la vida.
  3. Encomendemos por tanto el presente y el futuro de nuestra querida ciudad de Rafaela a la valiosa intercesión del Arcángel San Rafael, para que nos ayude a todos seguir aportando lo nuestro en la construcción de este lugar, y de modo particular, a cada uno desde sus responsabilidades y tareas. Que así sea.
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