Fernández: “un proyecto de desarrollo integral para todos que privilegie la lucha contra la desigualdad y la pobreza”

Destacó el obispo diocesano en el tedeum del 9 de Julio ayer en la Catedral San Rafael de Rafaela, ante autoridades e invitados, que a continuación se transcribe en su totalidad: Queridos hermanos como nos decía la palabra de Dios proclamada, es en nombre de Cristo también que quiero llegar a ustedes en este día de la patria, acercándoles “…el consuelo que brota del amor y la comunión en el Espíritu, la ternura y la compasión, deseando hacer perfecta la alegría, permaneciendo bien unidos. Teniendo un mismo amor, un mismo corazón, un mismo pensamiento, huyendo de toda discordia y vanidad y queriendo estimar a los otros como superiores a nosotros mismos”. El día nos lo pide: tener presente el ideal, como en nuestros orígenes como nación, la independencia de nuestra patria y la unidad del pueblo, de los que habitamos estas tierras, hermanos entre todos. Poniendo por arriba el bien común, sucumbiendo a toda ambición personal al estar en juego lo más grande, la vivencia de ser patriotas, olvidando los intereses personales para resolver juntos los grandes problemas que nos afectan a nivel nacional. Nos ayude Dios, al celebrar esta fiesta patria y poder entre todos, continuar realizando un proyecto de país que sea más inclusivo; buscando juntos esa proyección, que nos fortalezca para alcanzar un desarrollo que incluya a todas las personas en todas sus dimensiones. La realización de un proyecto de desarrollo integral para todos que privilegie la lucha contra la desigualdad y la pobreza, que contribuirá a crear puentes de encuentro entre los argentinos, para no temernos unos a otros, juzgándonos, sea por pensamientos distintos, por reclamos sociales o por inseguridad, o por discriminación, que llega hasta el extremo en los colegios, con los casos de bulling. Lograr una cultura del encuentro que privilegie el diálogo como método, la búsqueda compartida de consensos, de acuerdos en aquello que une, en lugar de lo que divide y enfrenta, es un camino que tenemos que transitar. Que el apuro en las decisiones no nos aleje de la centralidad del discernimiento y la reflexión, en búsqueda unánime del bien común de los argentinos. Ante los grandes cambios del mundo, estamos ante un nuevo desafío histórico de un proyecto de Nación, para poder vivir como ciudadanos en un pueblo más justo y solidario, más homogéneo e integrado, sin exclusiones ni confrontaciones agudas. Debemos todos trabajar por la unidad, superando los grupos y fracciones, las clases y las elites, posibilitando una cultura del encuentro, que es el anhelo y el llamado del pueblo, arraigado en nuestras raíces de argentinidad que hoy conmemoramos. Los sistemas y organizaciones que fundamentan una Nación no nacen en mentes aisladas de iluminados, sino en la cultura de un pueblo, allí donde se vive la calle todos los días, la cultura del trabajo, la vida con sus desafíos del nacer y el morir, del sacrificio y la alegría del esfuerzo común, vivido en respeto y solidaridad, privilegiando a los más frágiles y débiles, abierto siempre a un futuro nuevo de posibilidades para todos, reconociendo y agradeciendo las oportunidades inmensas de esta tierra bendita del pan y las capacidades humanas, que también la juventud hace suyas cuando trabaja y estudia, cuando sabe divertirse sin caer en esclavitudes de adicciones, queriendo vivir aportando por una Patria de hermanos. No aportan nada los proyectos de pocos para pocos, todos queremos participar, sentirnos convocados, comprometidos en hacer esta nueva Nación, nadie puede permanecer distraído porque somos parte del pueblo, por eso hemos de estar dispuestos también a afrontar contratiempos, saber tener paciencia, sentirnos parte de un proceso. Tenemos experiencia de momentos profundos de la solidaridad de este pueblo, cuando atraviesa el dolor, se afronta con resignación y sacrificio, no con violencias y enfrentamientos entre hermanos. Tampoco quiere el pueblo quedarse en las estadísticas de pobreza, sino que desea soluciones, creatividad para poder trabajar, queriendo salir por un camino de dignidad, con trabajo para todos, sabiendo morir a las ambiciones egoístas, grupales y personales, que llevan solo a más tristeza y distancias con los demás. Sin perder la identidad, se ofrece el carisma desde la diversidad, contribuyendo cada uno, o las asociaciones, con los dones propios que se tienen no para distinguirse, sino para servir y aportar al bien de la sociedad, privilegiando siempre los valores recibidos desde nuestras raíces, en esta tierra, sean las culturas originarias, las grandes inmigraciones de ayer y de hoy, abiertos siempre a aquellos que quieran venir a engrandecer esta patria. Construir una nueva nación supone reconocernos todos sujetos y artífices del propio destino, y no como destinatarios de acciones paternalistas asistencialistas por parte del Estado, sin que esto signifique la ausencia del Estado, allí donde no debe faltar, para organizar, acompañar y promover el crecimiento de la nación. Todos deseando desde el corazón esa vida digna, venciendo estructuras injustas que atentan contra el bien común, posibilitando en libertad y compromiso el desarrollo pleno de las personas, logrando igualdad de condiciones de vida, y que la sociedad tutele los derechos que permitan a todos ser constructores de su propio destino como nación. Como está en el programa de los proyectos políticos, sabemos de lo importante que es creer y apoyar todos a la cultura del trabajo. Dice el papa Francisco: “Trabajando nos hacemos más personas, nuestra humanidad florece, los jóvenes se convierten en adultos solamente trabajando. Sobre la Tierra hay pocas alegrías más grandes que las que se experimentan trabajando, así como hay pocos dolores más grandes que los dolores del trabajo: cuando el trabajo explota, aplasta, humilla, mata”, o peor aún, cuando no lo hay. Nos invitaba el Papa a “establecer una cultura del encuentro, que implica estimular procesos de diseño de consensos y acuerdos que preserven las diferencias, convergiendo en los valores que hacen a la dignidad de la vida humana, la equidad y la libertad. Sólo así podremos renovar la confianza en nosotros mismos como sociedad y en nuestra dirigencia política, social, académica, religiosa, empresaria, sindical y de las organizaciones sociales, para corregir el rumbo del individualismo hedonista y la desaprensión por una realidad social que nos interpela de modo creciente”. La cultura de un pueblo sostenida por la fe sigue soñando, sabiendo que puede contribuir a deponer posiciones intransigentes, a abandonar comportamientos corporativistas o individualistas, que tienen como horizonte solo el presente, “el momento”, con el conocido resultado cortoplacista. Qué bueno que este tiempo nos ayude a identificar las cuestiones irresueltas, entre las que la “erradicación de la pobreza” y la “desigualdad” son prioritarias, así como la que se refiere a la “inseguridad” y a las pocas oportunidades de educación y trabajo que tiene la juventud. En este día de la patria nos viene muy bien leer e interpretar la historia en clave de esperanza, es la oportunidad de movilizar las energías sociales, en torno a un proyecto generoso y amplio que ponga en valor todas nuestras potencialidades. En un año de elecciones para nuestra patria, donde mujeres y hombres se proponen para representar y así, ayudar a construir estos tiempos nuevos, permítanme concluir con unos párrafos que Francisco expresara sobre el liderazgo: “El liderazgo es un arte… que se puede aprender. Es también una ciencia… que se puede estudiar. Es un trabajo… exige dedicación, esfuerzo y tenacidad. Pero es ante todo un misterio… no siempre puede ser explicado desde la racionalidad lógica”. “El liderazgo centrado en el servicio es la respuesta a la incertidumbre de un país dañado por los privilegios, por los que utilizan el poder en su provecho, por quienes exigen sacrificios incalculables mientras evaden responsabilidad social y lavan las riquezas que el esfuerzo de todos producen”. “El verdadero liderazgo y la fuente de su autoridad es una experiencia fuertemente existencial. Todo líder, para llegar a ser un verdadero dirigente, ha de ser ante todo un testigo. Es la ejemplaridad de la vida personal y el testimonio de la coherencia existencial. Es la representación, la aptitud de ir progresivamente interpretando al pueblo, desde el llano, y la estrategia de asumir el desafío de su representación, de expresar sus anhelos, sus dolores, su vitalidad, su identidad. “ Roguemos a nuestra Madre, la Santísima Virgen de Guadalupe, patrona de nuestra provincia de Santa Fe, para que siga acompañando no solo a nuestra región sino también a toda la Argentina. Amén.

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