El reality le ganó a la cultura y la TV dio un paso atrás

¿Merece ser premiado como programa algo en que lo que hay -como se observa en Gran Hermano – son cámaras que muestran cómo una serie de personas duerme, se levanta, se higieniza, desayuna, habla de cualquier cosa, almuerza, va al baño, continúa hablando sobre cualquier cosa, cena, persiste en hablar sobre cualquier cosa para acostarse a dormir, dispuestas a repetir la misma rutina al día siguiente?

Por Nelson Castro

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Sucedió el viernes pasado, a eso de las dos de la tarde. La semana concluía con un ambiente político caldeado. Mientras esperaba el número mágico e increíble del Indec, seguía analizando los hechos más relevantes de una semana que, periodísticamente hablando, había sido caliente.

En ese momento, escuchando el programa de Fernando Bravo por Radio Del Plata, presté atención al reportaje que Fernando le estaba haciendo a Jorge Guinzburg. Allí, Jorge hablaba de la decisión de la Asociación de Periodistas de Televisión y Radio de la Argentina (Aptra) de remover de la grilla de rubros a premiar el de mejor programa cultural, para reemplazarlo por el de mejor reality .

Me quedé -¿cómo decirlo?- azorado, estupefacto y también sorprendido. Osvaldo Quiroga y Mario Pergolini terminaron confirmando esa triste y penosa realidad.

Así que aquí estoy queriendo decir algunas cosas sobre este episodio que no es menor. No es la discusión si en determinada terna deben estar tales o cuales. Es, en cambio, la apología de la falta de valores.

Pura intrascendencia

El reality es una de las peores cosas que ha generado la TV. Esto no es exclusivo de la Argentina, sino que se extiende por todo el mundo.

Tomemos por caso Gran Hermano . Allí aparecen comportamientos que constituyen la exaltación de la intrascendencia, que no sólo se exhibe, sino que también se desmenuza y se debate como si tales conductas fueran hitos trascendentales para la vida de una persona o una sociedad. Es así de impresionante; horas de televisión dedicadas a analizar la supuesta trascendencia de la intrascendencia. Tal vez si mi gran amigo Adrián Paenza estuviera a mi lado me diría que es una ecuación igual a cero.

Cierto es que este programa (?) es exitoso. Los números de los ratings así lo atestiguan. ¿Por qué una parte importante de la sociedad sigue estos “programas” -de los cuales luego se queja- con tamaña atención? La respuesta no es sencilla y es generadora de otros tantos debates que bien valdría la pena dar.

A mí me parece importante que existan los premios Martín Fierro. Está bien que Aptra distinga todos los años a programas radiales y televisivos del país, y está claro que a los colegas que forman parte de la asociación les corresponde juzgar sobre lo que hay. Ahora bien, en el colmo de lo paradójico se ha decidido eliminar el rubro de programa cultural por el de reality, cuando en verdad ninguno de los programas nominados para tal categoría lo han sido.

Pero obviando este “detalle”, hay algunos interrogantes que me surgen en relación con la valoración conceptual que surge de esta decisión de Aptra.

¿Merece ser premiado como programa algo en que lo que hay -como se observa en Gran Hermano – son cámaras que muestran cómo una serie de personas duerme, se levanta, se higieniza, desayuna, habla de cualquier cosa, almuerza, va al baño, continúa hablando sobre cualquier cosa, cena, persiste en hablar sobre cualquier cosa para acostarse a dormir, dispuestas a repetir la misma rutina al día siguiente?

¿Un premio que lleva el nombre nada menos que de Martín Fierro -el del máximo poema gauchesco nacional e hito cultural de la Argentina- puede dejar excluido el rubro de programas culturales para sustituirlo por algo diametralmente opuesto, como los reality ?

¿Qué hay de cierto sobre que la decisión de eliminar el rubro de programas de cultura se debió a la presión del canal que transmitirá el acto, basada en la necesidad de no prolongar en demasía la emisión? (¿Cuánto tiempo más podría insumir la inclusión del rubro: cinco minutos, tal vez? ¿Cambiaría esto algo en el rating de la transmisión?) Además, si esto fuese así, se correría el riesgo de dejar sentado un precedente peligroso en relación con la independencia de Aptra en el manejo del premio. Siguiendo un razonamiento brechtiano, uno bien podría concluir que hoy un canal decide excluir los programas de cultura y mañana sigue con vaya a saberse qué.

Necesitamos desesperadamente ir hacia la construcción de una sociedad basada en los valores. Los medios deben hacer su contribución. Nosotros, los profesionales que trabajamos en los medios, tenemos que hacer también nuestro aporte. Esto también incluye a Aptra, que con su decisión de eliminar el rubro de programas culturales está cometiendo un error grosero y desdichado.

Fuente: diario La Nación, Buenos Aires, 11 de mayo de 2007.

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