El peso propio de las primeras palabras

Por Mariano de Vedia

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El valor del primer mensaje de Benedicto XVI dedicado a la Argentina, que pone el acento en las situaciones de marginación y pobreza, adquiere relevancia más allá de su contenido formal. No sorprende que en un mensaje dirigido a la colecta Más por Menos, el Papa exprese su preocupación por las desigualdades que castigan a los habitantes de una misma tierra. Pero a nadie escapa que en el lenguaje diplomático y político las ocasiones se miden con el mismo rigor con que se pesa el valor de los gestos y las palabras. Cuando muchos identifican al pontífice alemán con las posiciones más rígidas en temas de doctrina, cuestiones a las que dedicó su pensamiento y acción en los últimos 24 años, la sorpresa llegó por el costado social de su mensaje, uno de los terrenos en los que Juan Pablo -su antecesor y amigo- se desenvolvía con total naturalidad y acreditada solvencia. Ya en ocasión de la colecta del año último, Juan Pablo II había pedido a la comunidad argentina que respondiera “de manera generosa” con la obra solidaria de Más por Menos. Pero el mensaje de su sucesor, en el que también reclama “un decidido empeño en fomentar la laboriosidad, honestidad y espíritu de participación, que hagan posible una sociedad más justa, pacífica y solidaria”, avanza más a la hora de pensar en estrategias para combatir la desigualdad. En términos políticos, se puede interpretar como un llamado a la creatividad y a evitar programas de ayuda que puedan ser confundidos con planes clientelistas que fomentan la dádiva y no la contracción al trabajo. Hace unos meses, los focos de tensión entre la Santa Sede y el gobierno argentino encendían luces amarillas en torno de la controversia por la continuidad de monseñor Antonio Baseotto, el obispo castrense que irritó al presidente Kirchner por su referencia bíblica a los “vuelos de la muerte”, y cuya remoción reclamó el Gobierno. El 12 de mayo último, Benedicto XVI había recibido públicamente en una audiencia general a Baseotto, lo que pudo interpretarse como una señal de que la Santa Sede no iba a alentar en lo inmediato el relevo del prelado.

La agenda social

El acento está puesto ahora en la cuestión social, preocupación que también es muy sensible a las prioridades pastorales fijadas en los últimos años por la Iglesia argentina, como lo reflejan los más recientes pronunciamientos del Episcopado y los mensajes que desde el púlpito hacen llegar reiteradamente sus máximas autoridades, los arzobispos Eduardo Mirás y Jorge Bergoglio. Ambos conducirán, precisamente, la reunión de la comisión permanente del Episcopado, entre el martes y el jueves de la semana próxima. La semana última, en el Encuentro Nacional de Pastoral Familiar, el arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos Ñáñez, reclamó “leyes que ayuden a salir de la pobreza”, en lugar de “crear planes de salud que no responden a nuestro modelo de vida”. Al margen de los posibles cortocircuitos que podrían surgir en un período sensible para el Gobierno por la contienda electoral, se espera que la Iglesia profundice sus preocupaciones -y las haga públicas- por la situación social y los temas inherentes a la defensa de la vida humana. En tanto, para la historia quedó el primer gesto que Juan Pablo II dedicó a nuestro país, de indudable influencia política, pocas semanas después de ser elegido pontífice, cuando aceptó la mediación en el conflicto entre la Argentina y Chile por el Canal de Beagle.

Fuente: diario La Nación, Buenos Aires, 18 de agosto de 2005.

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