El nuevo consumo de drogas

El uso de drogas, el consumo social en grupo de amigos y la experimentación con nuevas sustanciasson los ejes de las nuevas tendencias que preocupana los especialistas en la lucha contra el narcotráfico.

Por Daniel Gallo

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El narcotráfico tiene un campo fecundo para actuar en la Argentina. Con tácticas comunes a cualquier otro tipo de mercado, se mueve con un abanico de ofertas y no deja de crear tendencias nuevas. El resultado está a la vista en una prueba piloto que acaba de realizar la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) en 15 centros de tratamiento de rehabilitación: de 755 pacientes, el 59 por ciento tiene una historia de consumo que involucra a cuatro o más sustancias. Ese policonsumo es el fenómeno más reciente en nuestro país y es la mayor preocupación para los especialistas del área. “Es una situación que se da en todo el mundo. Entre los policonsumidores se da una actitud de experimentación que los lleva a probar drogas que antes no cruzaban diferentes estratos sociales. Por ejemplo, ahora se está viendo un creciente uso de inhalantes (como pegamentos), en las clases media y alta, para potenciar los efectos de alguna otra sustancia consumida previamente. En cambio, años atrás la intoxicación con inhalantes estaba reservada a las clases más marginales, que buscaban así alguna forma de paliar la sensación de hambre”, afirma Eugenio Nadras, titular del consejo científico asesor que funciona en la Sedronar. Y agrega más datos sobre el nuevo consumo: “A diferencia de lo que antes se pensaba, ahora se sabe que el consumidor de drogas no es una persona obsesiva, es alguien normal, impulsado en muchos casos por un efecto de imitación del grupo al que pertenece. Los estudios demostraron que las relaciones ocupan un factor esencial en el consumo. Es más, la tolerancia social a algunas sustancias, como la marihuana, llevó a que ya no se dé un consumo personal, solitario, sino que se muestra, se consume en grupo”. Si se toma uno de los extremos en el amplio abanico de consumidores, puede encontrarse un estudio realizado por el Servicio Penitenciario bonaerense con 10.430 internos que reconocieron el uso de drogas. El trabajo demostró que el 27,8 por ciento pasó por la clásica trilogía de cocaína, alcohol y marihuana, mientras que el 24,9 por ciento sumó además el uso de psicofármacos. En tanto, un corrimiento hacia sectores de gran poder adquisitivo permitirá visualizar a selectos bolsones de consumidores de hachís, una droga que nace del cannabis como la marihuana, pero con un mayor tratamiento que la vuelve más costosa. Es una droga base en España. Aquí empieza a aparecer un incipiente mercado si se toma en cuenta que en 2004 se incautó poco más de un kilo y en los primeros seis meses de 2005 se secuestraron 18 kilogramos en una ruta que no era de exportación. Diego Alvarez es el coordinador del Observatorio Argentino sobre Drogas que funciona en la Sedronar. Por sus manos pasan todas las estadísticas del tema. “Se nota una clara diferencia en los patrones de consumo según las zonas geográficas. El éxtasis es un grave problema entre los jóvenes de la Capital Federal y algunos puntos del conurbano, pero es una droga casi desconocida en el interior del país, mientras que el Paco (el residuo de la pasta base, mortífero en siete meses de consumo) sólo se encuentra en Buenos Aires”, comentó. Incluso el consumo de pasta base no se da en todo el conurbano, sino que se focaliza en los barrios de la zona sur, estableciéndose su origen en Berazategui. Próximamente tomarán forma nueve trabajos de campo que permitirán conocer datos más detallados sobre el uso de sustancias ilícitas. Pero la encuesta del año último ya marcó una prevalencia de consumo de marihuana en la Argentina en el 7,3 por ciento de la población entre los 16 y 65 años, sector en el que consumen cocaína el 2,4 por ciento. La edad de inicio en la utilización de sustancias ilegales se ubica, en promedio, a los 15 años en el caso de la marihuana y entre los 16 y los 20 en el de la cocaína. Desde esa base, todas las mezclas son posibles.

El alcohol, clave

“En todas las combinaciones el alcohol es el común denominador. Ya no existen figuras como las del marihuanero de los 70 o el cocainómano de los 90. No hay monoconsumo. Y mucho tiene que ver la disponibilidad de la oferta. La Argentina no es un país de adictos, pero un país de tránsito siempre va a ser de consumo también, porque el peaje para pasar un cargamento se paga con droga que se vende en las calles”, define Carlos Mate, a cargo de la subsecretaría de Atención a las Adicciones de la provincia de Buenos Aires. En su área se realizó un trabajo de campo en los Centros Provinciales de Atención a las Adicciones que mostró que el 57,4 por ciento de los internados consumía en grupo de amigos. El 37,8 por ciento aseguró que usaba las drogas sin un motivo claro, lo que refuerza la idea del impulso de imitación social, mientras que el 24,4 contestó que lo hacia por conflictos familiares, el 14,7 por ciento para buscar nuevas experiencias, el 8 por ciento por soledad, el 7,7 por ciento para estimularse, el 6,2 por ciento por la presión grupal, y el 1,2 por ciento dijo que consumía drogas para desinhibirse. “De los 11.000 pibes que están en los centros de atención bonaerenses -agrega Mate-, todos son alcohólicos. Hoy los chicos de 17 años pautan una fiesta con niveles de intoxicación”. Exhibe un trabajo recién terminado sobre 26 escuelas de Buenos Aires; aclara Mate que se trata de un sondeo, de una fotografía que no puede proyectarse a porcentajes totales de la provincia, pero esos 1925 casos testigos servirán para trazar una política de prevención y, además, dar una imagen clara del primer problema: el alcohol. Cuando se le preguntó a estos chicos de entre 16 y 18 años qué cantidad de botellas de litro de cerveza debían comprarse para una fiesta, el 67, 9 por ciento dijo dos o más botellas por persona; el 18,5 por ciento compraría cuatro por cada asistente a la reunión. El 34,2 por ciento aseguró también que debería estimarse entre media y una botella de vodka por persona. La lectura de los datos indican que hoy los adolescentes emparentan diversión con el consumo abusivo de alcohol, algo que está íntimamente relacionado con el posterior paso al uso de drogas ilegales. La ingesta de las llamadas bebidas energizantes combinadas con el alcohol agrava el cuadro de situación, ya que dan una fantasiosa sensación de que todavía se puede tomar un trago más al anular las defensas corporales que autoavisan de la inminente borrachera. El titular de la Sedronar, José Granero, promueve el primer plan nacional contra las drogas, megainiciativa que abarca campos de tratamientos de adictos, prevención del consumo y represión del narcotráfico. Limitar las publicidades y ventas del alcohol es una de las propuestas. En Buenos Aires, el gobernador Felipe Solá ya puso en práctica una ley que restringe los puntos de venta de bebidas alcohólicas. Y en conversaciones reservadas con empresas productoras de cerveza se apuntalaron algunos acuerdos para evitar que los adolescentes sean el blanco preferido de la publicidad. Valdrá consignar aquí otro detalle de ese sondeo entre estudiantes del polimodal. El 12,2 por ciento reconoció que fumó alguna vez marihuana; esa cifra se compone con un 4,3 por ciento que aseguró que lo hizo sólo una vez. Y una de las particularidades es el consumo en ronda de amigos. “Ese es el sector al que se debe apuntar, porque nosotros, desde la salud pública, no tenemos las herramientas para que nunca tomen contacto con las drogas, pero sí debemos prevenir que no se vuelvan consumidores los que se acercaron una vez por curiosidad”, afirma Mate. Entre las ONG que trabajan en la recuperación de adictos se observa un panorama similar al expuesto por las autoridades oficiales. “Las poliadicciones son comunes especialmente entre adolescentes y jóvenes. El concepto es que se reúnen en grupo y ahí deciden qué pinta, como dicen ellos, ese día: si alcohol, marihuana, cocaína o pasta base. Cuando se ingresa en ese consumo se queda atado a eso”, dice Claudio Izaguirre, de la Asociación Antidrogas de la República Argentina, que tiene una visión de lo que ocurre en el centro para el tratamiento de las adicciones que maneja su entidad civil.

Pasta base

Izaguirre considera que hoy el peligro mayor es el consumo de los residuos de la pasta base, que se conoce en las calles del conurbano bonaerense con el nombre de Paco. “El alcohol afecta el organismo después de muchos años de ingesta, la cocaína produce un deterioro total luego de cinco o seis años, pero la pasta base golpea casi de inmediato, no más allá de un año después de iniciarse el consumo hay daños irreparables. Además es tan adictiva que después de la tercera dosis la persona sólo empieza a pensar en consumir de nuevo y hace cualquier cosa para lograr esos seis papeles que se venden por cinco pesos en las calles”. Otro eslabón de las respuestas oficiales lo da la lucha directa contra el narcotráfico. Y en ese parámetro la Gendarmería es la primera línea de contención. El comandante general Aníbal Maiztegui, jefe de la dirección antidroga, aporta el dato: “En seis meses la Gendarmería incautó más cocaína que en todo el año pasado. Ya llevamos secuestrados 1200 kilogramos”. Entre todas las fuerzas federales y provinciales, en 2004 se decomisaron 3061 kilogramos de cocaína; las proyecciones apuntan a que en diciembre próximo se superará esa marca. También se descubrieron este año varios laboratorios de procesamiento de cocaína en nuestro país. “Por una cuestión económica, a los narcotraficantes les conviene traer la pasta base, con la misma logística con la cual importan la cocaína procesada, porque el tratamiento químico les sale más barato acá y es más fácil conseguir los precursores”, razona Maiztegui.

La hora de los químicos

La Organización de Estados Americanos (OEA) tuvo que protestar en un informe oficial este año para que el Congreso aprobase una nueva ley de control de precursores químicos, que estaba demorada hace dos años en los cajones legislativos. Para ser gráficos en la importancia de este tema: sin químicos no hay cocaína posible. La acetona y otras sustancias pueden usarse en la industria legal o caer en manos de los laboratorios de drogas. El nuevo y más restrictivo registro para la comercialización y almacenamiento de precursores químicos quedará bajo la órbita del subsecretario de la Sedronar, Gabriel Abboud, un funcionario que obtuvo su cargo por concurso y cuya oficina es una de las pocas dependencias públicas que tiene la certificación de calidad de las normas ISO-9001. En la industria química se dará, en los próximos años, una verdadera batalla sobre las drogas. “En el mundo se afirma que la cocaína será reemplazada en los próximos quince años por drogas sintéticas”, avisa Maiztegui, fuerte conocedor del tema del narcotráfico. “El gran problema será el éxtasis”, indica Nadras. El verano español vio el mortal auge del éxtasis líquido; se los espera por aquí también. Diplomáticos que se interiorizaron sobre la producción de esa droga en Holanda enviaron alertas a la Cancillería después de tomar conocimiento de análisis hechos en Alemania, uno de los principales mercados del éxtasis holandés, que indicaban un fuerte aumento de la producción y la búsqueda de rutas para colocar ese producto en la Argentina. Muy adictivas por la tolerancia del organismo a las primeras dosis, las drogas de laboratorio producen taquicardias, reducción de reflejos, inhibiciones, incremento de la temperatura corporal y riesgo de deshidratación, de ahí la compulsión a tomar agua de quienes usan esa sustancia. La revista oficial de la subsecretaria de Atención de las Adicciones señaló en su último número que 33.864 jóvenes del conurbano probaron esas pastillas, con un valor de 50 pesos cada una y que prácticamente resultan una droga de discoteca. Para dar un vistazo a los valores que mueve el mercado del narcotráfico habrá que apoyarse en las cifras difundidas por las Naciones Unidas el 26 de junio último, el día mundial de la lucha contra las drogas. El movimiento económico estimado en 2004 fue de 321 mil millones de dólares. La cocaína fue comercializada por 71 mil millones, mientras que las drogas sintéticas se van acercando, con un negocio de 44 mil millones de dólares. La venta de marihuana produce 113 mil millones de dólares al año. ¡Ah!, el mercado mundial lo integran 200 millones de consumidores y está en crecimiento? El último mes también se conoció un estudio en los Estados Unidos por el cual se determinó que ya no era la cocaína el enemigo público número 1: al tope de la preocupación norteamericana está la metaanfetamina.

Lo que viene

“Cualquier droga que circula por el mundo puede llegar a la Argentina y más la metaanfetamina si está de moda en los Estados Unidos”, dijo Nadras. La peligrosidad de esa droga tiene que ver con que se trata de un estimulante que facilita las agresiones muy violentas, algo que se observa en las calles norteamericanas. El tráfico de pastillas es por demás fácil, se puede hacer en forma de envíos hormiga a través del correo, tal como era la ruta elegida por un argentino que enviaba a comienzos de año disimuladas en cartas entre cinco y diez comprimidos de un estimulante sexual de venta restringida en los Estados Unidos. Fueron 150 embarques los detectados en sólo un par de semanas. Obviamente, el riesgo es que las cartas pueden ir con un fármaco y volver con otro. Un negocio de fabulosas ganancias y consumidores en una etapa de explorar nuevos gustos. Será éxtasis, hachís, Paco o una mezcla de pegamentos. Hay una droga al alcance de cada bolsillo. Es la sociedad de consumo.

Por Daniel Gallo

Fuente: suplemento Enfoques, diario La Nación, 2 de octubre de 2005.

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