El legado que nos deja el Dr. Omar Vecchioli

Por Emilio Grande (h.).- A decir verdad, fueron muy emotivas las ceremonias en la tarde de anteayer para despedir los restos de Omar Vecchioli, tanto en el oficio religioso en la Catedral San Rafael presidido por el presbítero Faustino Torralbo como en el cementerio municipal, con el acompañamiento de numerosos familiares y amigos que supo cosechar a lo largo de 78 años. Previo a colocar el féretro en el panteón de la familia Vecchioli, donde también descansan los restos de su papá, el poeta Mario, hubo varios discursos profundamente desde el corazón, que provocaron lágrimas y coronados por los aplausos de los presentes. En la oportunidad, hablaron Eduardo Gays (por el Club Atlético), Edgardo Allochis (por la UCSE DAR), Ricardo Tettamanti (por los amigos), Juan Soldano, Andrea y Bruno (hija y nieta del fallecido) leyeron el poema “Casi un adiós” de Mario Vecchioli: “(…) pienso en el hombre/ que me sucederá tras la partida. (…) Me bastará saber que existo/ aún más allá de esta existencia misma!”… Cuando parecía que no había nada más que decir, cerró la postrer despedida su esposa Rosa Albrecht, quien agradeció a todos los oradores, recordando palabras de Omar: “cada vez tengo menos amigos porque se van muriendo y no habrá nadie que hable en mi despedida…”.

TESTIMONIO PERSONAL ¿Cuál es el legado que nos deja? Lo conocí a Omar hace muchos años, la primera vez que lo escuché hablar fue el 4 de agosto de 1985 durante el acto de descubrimiento de la placa de la sala de sesiones de la Liga Rafaelina de Fútbol “Rafael R. Actis”, mi recordado nono, quien fuera presidente de la entidad durante 17 años. “La grandeza del dirigente reside en servir sin otro premio que el de la estimación de sus conciudadanos. Y esta actitud que debiera ser rectora en todos nuestros actos, es frecuentemente olvidada por aquellos que mimetizando su labor en el interés personal, usan las jerarquías y los cargos para el logro de sus beneficios sectarios”, destacó en esa mañana fría de domingo invernal. En medio de la crisis profunda que vive hoy la sociedad, Omar fue una persona excepcional: más allá de su extensa trayectoria en el Poder Judicial, fue un ejemplo para sus pares, muchas veces presionados por el poder y sometidos a mezquinos intereses políticos y económicos. Vecchioli fue un jurista ecuánime, probo, estudioso del Derecho, crítico en sus fallos, siempre buscando el bien común y velando por los más desposeídos. Era un amante de la vida, defensor de la naturaleza y muy familiero. El secreto de su formación estuvo en su cuna familiar, con acceso a libros y discos heterogéneos que le dieron una cultura general como pocos, en los valores recibidos de los hermanos maristas en el Colegio San José, con una educación integral, como así también su participación en distintas entidades de nuestra ciudad, con una vocación de servicio inconfundible. “En un sistema político y de convivencia social como es la democracia, el derecho de expresar libremente las ideas, los pensamientos y las opiniones constituye un instrumento indiscutible para afirmar que la discusión de los distintos criterios asignarán las conclusiones que afiancen el bien común”, había expresado Omar durante el panel-debate sobre el tema “Libertad de expresión” el 28 de octubre de 1998, en el Salón Verde del Municipio, organizado por la Universidad Católica de Santiago del Estero sede Rafaela, siendo también panelistas Marco Antonio Terragni, Juan Pablo González y quien firma esta crónica, actuando de moderador Hugo Degiovanni. En este marco de opiniones diversas, tuvimos un pequeño encontronazo en una ocasión. Corría el 2004, Atlético peligraba la permanencia en primera división y los jugadores no concedían entrevistas a los periodistas locales por sus críticas al equipo, pero no ocurría lo mismo con colegas provinciales y nacionales. A pedido del desaparecido Sergio Oregioni, el Círculo de la Prensa de Rafaela, que en ese momento yo presidía, emitió un comunicado que tuvo repercusión nacional (en los diarios La Nación y Clarín), pero cayó mal en la dirigencia albiceleste, a tal punto que el propio Omar fue traicionado por su pasión de hincha. Pasado un tiempo, la amistad fue retomada y profundizada. Los encuentros se sucedieron en distintos lugares: el Diario, mi programa de radio, la Universidad Católica, las misas en la Catedral, últimamente en la panadería Grimaldi para hablar de crisis de valores, política, periodismo, fútbol, su reciente viaje a Cuba, entre otros. La última charla que tuvimos fue a mediados de diciembre último, lo vi un poco desmejorado por su deteriorada salud, pero siempre locuaz, conversador con un algún tema para intercambiar. Omar Vecchioli fue un amigo entrañable, con su hombría de bien y consejos certeros. Ahora estará, quizás, conversando con su padre Mario sobre algún papel que encontró de su extenso archivo antes de partir… Como era una persona creyente, pido una oración por su eterno descanso y un especial acompañamiento para su familia.

Fuente: diario La Opinión, Rafaela, 27 de febrero de 2016.

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