El fin de un ciclo de poder discrecional

Los propios legisladores kirchneristas se resisten a defender a Claudio Uberti, alegre anfitrión del valijero venezolano con 800 mil dólares; a Daniel Varizat, un asesino serial en potencia, si la suerte no lo hubiera acompañado cuando lanzó su ostentosa 4 x 4 sobre una manifestación de docentes, o a Ricardo Jaime, el funcionario más investigado por la generosidad con que desordena los recursos públicos.

Por Joaquín Morales Solá

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Un sistema de gobierno y una manera de mandar languidecen definitivamente. Es el fin de una época. No se trata sólo de un mandato electoral ni de la certeza de que Néstor Kirchner administra ya sus últimos meses de poder. El final lo ha marcado la tormenta de conflictos y de escándalos que sacuden al Gobierno, espoleados por funcionarios que nunca merecieron estar donde están. Ni Cristina Kirchner podría, en un eventual gobierno suyo, conservar el método de su esposo de concentración de las decisiones ni podría seguir confiando la mayor parte del presupuesto en personas tan módicas intelectualmente.

Es posible que el Congreso empiece a cerrar sus puertas hasta las elecciones de octubre. Esa idea revolotea sobre los líderes oficialistas del Parlamento. Sucede que los propios legisladores kirchneristas se resisten a defender a Claudio Uberti, alegre anfitrión del valijero venezolano con 800 mil dólares; a Daniel Varizat, un asesino serial en potencia, si la suerte no lo hubiera acompañado cuando lanzó su ostentosa 4 x 4 sobre una manifestación de docentes, o a Ricardo Jaime, el funcionario más investigado por la generosidad con que desordena los recursos públicos. Podemos defender a ministros, pero no a estos personajes , resumió un connotado diputado kirchnerista. La oposición parlamentaria bate el parche sobre esos personajes.

Uberti, Varizat y Jaime, para señalar sólo a los más emblemáticos, son los exponentes del tiempo que termina. Uberti era un pequeño comerciante de Santa Cruz antes de convertirse en el todopoderoso operario de la suculenta relación económica con Venezuela. Uberti los depositó a Antonini Wilson y su valija en Buenos Aires.

El valijero no era un desconocido para el gobierno de Hugo Chávez, ni mucho menos un adversario, como lo quisieron describir vanamente en Caracas. Forma parte del entramado chavista. El cónsul de Venezuela en Buenos Aires pidió “protección para un ciudadano venezolano” que debía viajar a Montevideo. Eran las 3 de la mañana del martes 7 de agosto y el ciudadano era Antonini Wilson. La información de la valija con dólares se había conocido, imprecisa aún, pocas horas antes. El pedido del cónsul quedó asentado en el libro de guardia de la Cancillería. Ahí está todavía.

Varizat es un provocador. No hubo escrache el viernes último. Esto es: no se trató de una manifestación que fue a buscarlo a su casa. El kirchnerista Varizat estaba en un café céntrico de Río Gallegos y decidió subirse a su camioneta para concurrir al acto de Kirchner, a pocas cuadras de allí, a pesar de que sabía que podía toparse con una manifestación docente. Se topó y, dicen, lo trastornó el pánico de ser linchado. Nunca existió ese riesgo, porque nada le pasó luego de pisar con su auto a 17 manifestantes.

Jaime es Jaime. Nadie ha distribuido con tanta discrecionalidad los fondos públicos desde la restauración democrática. Miles de millones de pesos se van todos los años por subsidios al raído transporte público, cuyas tarifas Kirchner no quiere actualizar en la Capital. En el interior del país se paga mucho más por el transporte público. Jaime decide cuáles empresas de transporte recibirán, y cuáles no, esos voluminosos aportes del Estado.

Los presidentes de los bloques radicales del Senado y de Diputados, Ernesto Sanz y Fernando Chironi, iniciaron el jueves una denuncia penal contra Jaime por incumplimiento de los deberes de funcionario público, defraudación, malversación de caudales públicos y asociación ilícita. Jaime ordenó anticiparle 19 millones de pesos (seis millones de dólares) al ex concesionario de los trenes metropolitanos Sergio Taselli para que pagara sueldos al personal, cuando ya tenía la concesión caída. Nunca los pagó. El Estado debió destinar otros 30 millones de pesos para el pago de los salarios cuando el personal entró en huelga. Taselli desapareció con una fortuna en su mochila. La propia asesoría jurídica de Jaime le había recomendado a éste no entregar ese dinero adelantado.

En ese contexto, ¿podría otro presidente, incluida Cristina, seguir sumándole al presupuesto 5000 millones de dólares con su sola firma, como lo acaba de hacer Kirchner? ¿Para qué? ¿Qué sentido tendría mantener abierto el Congreso si ni siquiera puede opinar sobre el presupuesto, la principal ley del Estado? ¿Hasta qué extremos se manejan recursos públicos como si fueran privados? ¿Hasta dónde se podrían seguir manipulando las estadísticas oficiales sólo para confundir la primera página de los diarios? Kirchner ha extendido durante demasiado tiempo la grata excepcionalidad con la que pudo gobernar la inicial excepción.

Pero -todo hay que decirlo- el Presidente ha tomado dos decisiones electorales con talento político. Una de ellas ha sido la de depositar en su esposa la candidatura presidencial, aun cuando él estaba en condiciones políticas y jurídicas de aspirar a otro mandato. El Gobierno estaría hoy mucho menos seguro si Kirchner fuera la propuesta electoral del oficialismo.

Una cosa es la aceptación que aún conserva como presidente y otra hubiera sido la lucha por la reelección en un clima en el que casi nada le sale bien en los últimos meses. Guste o no, la senadora tiene un discurso y un contenido distinto del de su esposo. La realidad deberá confirmar luego la sinceridad de ambas cosas, pero, por ahora, su postulación está ganando en primera vuelta hasta en las encuestas independientes. Faltan todavía 60 días cruciales.

La otra decisión fue la de elegir a Daniel Scioli como candidato a gobernador de Buenos Aires. Scioli supera en cinco puntos la intención de votos de Cristina en el monumental distrito. Quizá sin Scioli el oficialismo estaría ahora más cerca de la segunda vuelta en las presidenciales. De todos modos, es cierto que la oposición no ha podido todavía hacer pie en Buenos Aires con ninguna propuesta conmovedora.

Cierta oposición podría quedar peor de lo que estaba si Elisa Carrió y Ricardo López Murphy aceptaran, aunque fuera de hecho, que intentaron una alianza que nunca fue posible. Carrió cree que terminará con López Murphy como candidato a senador por la Capital como resultado de una adhesión casi personal. Muy poco. López Murphy quedó atrapado entre Carrió y Mauricio Macri.

Los dos ex radicales se pasaron una semana discutiendo si Macri entraba o no entraba a la coalición. Ninguno habló con Macri. ¿Quería Macri que lo pasearan de esa forma? Macri dio un golpe sobre la mesa el viernes cuando anunció que nunca estaría al lado de Carrió. Hay entre ellos una historia de agravios y de contiendas electorales muy larga como para borrarla en un solo día de sosiego. ¿Por qué López Murphy y Carrió no comenzaron por aclarar qué llevaban en sus alforjas?

No es cierto que no pasa nada entre Macri y Roberto Lavagna. Emisarios de los dos están trabajando en una política de acercamientos gestuales que no incluiría acuerdos programáticos ni políticos. Fotos. Coincidencias en asuntos puntuales de la Capital. Punto. Si fracasaran Carrió y López Murphy, Lavagna podría cosechar más de lo que imaginó por el traspié de sus competidores en la oposición.

Octubre será el final de una época en la manera de gobernar. El eclipse se abatirá también, si no mejoran antes, sobre los métodos y los referentes de la oposición. La agonía de un ciclo histórico significa, por lo general, la finitud de casi todo lo que ha vivido.

Fuente: diario La Nación, Buenos Aires, 26 de agosto de 2007.

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