El consenso como necesidad del macrismo

Por María Herminia Grande.- Por estas horas el doctor Roberto Lavagna ha planteado la necesidad de que el Gobierno ponga en marcha el tractor del consumo y la exportación para evitar el colapso de la economía. La entidad profesional del ex ministro produce dos efectos: el enojo y la denostación de quienes deberían escucharlo. Pero tomando el ejemplo mencionado, para poner en funcionamiento ese tractor se necesita la nafta del incentivo, la producción y el empleo. Le consta a esta cronista que durante casi un año no sólo el ex ministro guardó silencio público, sino que estuvo solícito ante las consultas que hasta el propio presidente Mauricio Macri le realizó.

En esta Argentina donde lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer, como dice el licenciado Daniel Arroyo, se debería atender y revisar un pasado que para la Argentina de hoy se convertiría en un futuro promisorio: el de la oportunidad para todos. Esa Argentina ya fue. Ese fenómeno fue producto de un plan educativo pionero: el de la escuela inclusiva formadora de ciudadanos forjada en estrecha colaboración entre lo público y lo privado. Fue la sociedad de aquel momento la que, a través de las cooperadoras, las sociedades de fomento junto al Gobierno de turno, comenzaron la obra. Fueron muchos edificios, matrices de generaciones de chicos que encontraban en la escuela el segundo hogar. Los valores del trabajo y de educación que las familias inculcaban a sus niños eran desarrollados y multiplicados por los maestros. Hoy son los propios educadores quienes sostienen que aquel modelo es irrepetible. Ante tal afirmación, los políticos asienten cabizbajos pero sin ruborizarse.

La política en general hoy debate cual juego de cinchada, tironeándose los unos con los otros, la magnitud de sus corruptos y sus ineptos. Los descendientes de esas generaciones educativas deberían ser los responsables de recuperar lo irrepetible, implicándose en la transformación real de esta Argentina que presenta un estado sísmico en sus estructuras. Es oportuno recordar que la indiferencia mata tanto como la propia corrupción. La intelectualidad que debería hacer punta es parte de esa cinchada citada anteriormente. Les preocupa más a los integrantes del flamante Consejo Presidencial Argentina 2030 marcar lo que no son: Carta Abierta, que lo quieren ser y hacer.

Días atrás, el ministro de la Producción de Santa Fe, Luis Contigiani, aportó cifras que muestran esta Argentina sísmica que no puede dejar de lado los obstáculos que impiden su crecimiento. Decía Contigiani: “En el mundo desarrollado, se remarca entre un 8% y un 15% en alimentos en general. Aquí las grandes cadenas de supermercados remarcan valores entre el cien y el quinientos por ciento. En leche fluida la diferencia entre origen y destino es del quinientos por ciento. Por ejemplo, el precio de leche que recibe el productor en Santa Fe es 4,25 pesos; en góndola, el consumidor lo paga entre 20 y 22 pesos”. Agrega otro dato insoslayable: “El 78% de la comercialización de alimentos en Argentina sale de seis grandes cadenas de supermercados. Es por eso que tenemos los alimentos más caros del mundo”.

Extraña paradoja de una Argentina que remarca sus precios con la misma brutalidad que incrementa sus necesitados: en 1984, las caja PAN abastecían a 500 mil argentinos, el 2% de la población de entonces; hoy los planes sociales, con sus diferentes nombres, llegan a nueve millones de compatriotas, el 22% de la población. Se ha ampliado la cobertura; sin embargo, la problemática social ha empeorado.

Si el país transcurre en una clara emergencia, el Congreso de la Nación debería sesionar en forma permanente. Sus diputados y sus senadores deben obviar el cierre que habitualmente se produce por vacaciones. La urgencia de los que nada tienen no se toma descanso. El Gobierno, en este primer año, aplicó las políticas que creyó conducentes para generar la transformación que prometió el presidente Macri en campaña. Si entendemos que la economía es el instrumento que elige la política para concretar sus planes, se vuelve imprescindible para construir esa oportunidad para todos, de la que se hablaba inicialmente, consensuar. Este miércoles, la Confederación General del Trabajo (CGT) unificada intentará, como ya lo he mencionado, que en la mesa del empleo y el trabajo se logre coincidir en una tregua social donde no haya más un despido o una suspensión hasta marzo. El Congreso, insisto, debe agotar su saliva y su talento a la hora de aportar proyectos realizables necesarios para destrabar esta Argentina maniatada desde hace años por la corrupción y la mala praxis política. El Gobierno, por su parte, debería permitirse escuchar y acordar con las oposiciones bien intencionadas. Hasta hoy, lamentablemente, el Gobierno de Macri hace de un peronismo desguazado su gas para creer que las cosas que vino generando no están tan mal.

Para arribar a consensos, se necesita grandeza y generosidad. Pregunto, ¿las muertes por desnutrición por falta de oportunidad, por ausencia del Estado, no merecen que la política vuelva a pararse sobre la dignidad que alguna vez tuvo y ser artífice de un cambio de paradigma?

Fuente: http://www.infobae.com/opinion/2016/11/22.

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