El acto debe ser voluntario en la donación de órganos

por Rubén Revello

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Los trasplantes de órganos se encuentran frente a una barrera que impide hacer de ese recurso algo frecuente: la falta de órganos disponibles. Esto podría parecer un absurdo ya que la posibilidad de contar con un donante cadavérico volvería infinito el recurso. Sin embargo no es así. En primer lugar, no basta con tener voluntad de donar los propios órganos, sino que hay que estar en condiciones de poder hacerlo. Por ejemplo, una persona con HIV no puede ser un potencial donante, aun cuando tuviese voluntad de hacerlo. Algunos creen que su religión les impide la donación de órganos. Debo aclarar que el catolicismo no sólo no se opone, sino que fomenta la donación de órganos; el mismo Juan Pablo II se ha pronunciado en favor de ello. Sin embargo, la solución no parece ser la imposición del silencio tomado como consentimiento, sino una educación constante. Toda donación debe ser un acto explícito y consciente de entrega, sobre todo cuando lo que se da no es un “repuesto”, sino algo que permite a la fabulosa máquina humana seguir funcionando. Sólo en este marco de entrega la donación de órganos adquiere su carácter propiamente humano. Todo otro camino, como el del consentimiento presunto, tiene algo de inhumano, de despojo. “Consentimiento presunto” significa que alguien que no se opuso explícitamente a algo, da lugar a que ese silencio sea tomado como un consentimiento. Es como si, ante la muerte de un vecino que no deja un testamento, una persona se presentara ante el juez y exigiera la herencia, argumentando que como no existe indicación en contrario, debe presuponerse el deseo del difunto de dejarle sus bienes. Medidas como esta lo único que consiguen es el efecto contrario: desconfianza, retracción de la voluntad de donar y sospechas. Y esto es lo último que quiere una persona que espera durante años una donación que salve la propia vida o la de un ser querido. El otro camino, el de la educación y la formación de una conciencia cívica solidaria, es más lento, pero infinitamente más eficaz. Mientras no se piense con criterios grandes, se fomentará la mezquindad del individuo como única respuesta a una actitud compulsiva y omnipotente por parte del Estado.

Rubén Revello

Es coordinador del Instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina.

Fuente: diario La Nación, 1 de diciembre de 2005.

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