El aborto lesiona gravemente la salud de las mujeres

Por Pablo Cesar Possetto.- Como ciudadanos, todos tenemos el deber bregar para evitar que las mujeres sean sometidas a tratos crueles, degradantes e inhumanos, repudiando toda práctica que constituya una agresión contra la salud física y mental, y la vida de las mismas. En este contexto, quiero compartir algo de información que he recolectado (la cual está disponible desde hace tiempo y a mi humilde entender merece ser mas difundida), vinculada con las implicancias que las prácticas abortivas tendrían sobre las mujeres sometidas a ellas, como una manera responsable de realizar aportes para protegerlas. Un estudio realizado en Ontario (Canadá), comparó el empleo de servicios de salud en 41039 mujeres que habían abortado y un número similar de mujeres apareadas por edad concluyendo que, en los tres meses posteriores al aborto, las mujeres que abortaron emplearon los servicios de salud mental casi 3 veces más y debieron ser tratadas por infecciones y condiciones con tratamiento quirúrgico en mucha mayor medida que las otras mujeres[i]. Asimismo, se ha constatado que en los casos de aborto, pueden suscitarse las complicaciones propias de cualquier procedimiento quirúrgico, e incluso las mujeres pueden sufrir lesiones traumáticas del útero y otros órganos intra-abdominales, hemorragias y desgarro del cuello uterino e incluso existe la posibilidad de que el mismo sea incompleto. También, las prácticas abortivas pueden provocar secuelas a largo plazo tales como: la esterilidad de 3-5% mujeres con y sin complicaciones durante la práctica. Por otra parte, también se comprobó que: a) efectuado el aborto, el 22% de las mujeres que se sometió a esta práctica sufre daño cervical; b) el 60% de las mujeres que se practican un aborto sufre un aumento de la probabilidad de abortos espontáneos o partos prematuros en embarazos posteriores; c) cada una de las mujeres sometidas a un aborto tiene entre 5 y 8 veces más probabilidades de presentar embarazo ectópico y tiene más probabilidades de morir a causa de estos embarazos que una mujer con embarazo ectópico que nunca realizó un aborto; d) la mujer que abortó aumenta su probabilidad de morir en un próximo parto en un 46% respecto de la que nunca abortó[ii]. Dentro de secuelas o complicaciones físicas del aborto podemos encontrar: La muerte (el aborto provoca la muerte de miles de mujeres): el “MELISA Institute” junto a un panel internacional de investigadores publicó un estudio el 23 de febrero de 2015 en el “British Medical Journal Open”, que permitió concluir, en base a la comparación durante 10 años (entre 2002 y 2011) de un indicador de salud materna conocido como razón de mortalidad materna (RMN), efectuada en 32 estados mexicanos (18 estados con legislaciones menos permisivas y 14 estados con legislaciones más permisivas), que aquellos con leyes menos permisivas del aborto, exhibieron 23% menor mortalidad materna global y hasta 47% menor mortalidad por complicaciones del aborto[iii]. Según la Organización Mundial de la Salud, en países como con aborto legal desde 1972 como India, Inglaterra y Estados Unidos, se registran un 25% de muertes maternas por año del total de muertes maternas del mundo. En países con aborto ilegal como Irlanda, se encuentra una tasa más baja de muerte materna en el mundo. Chile, con aborto ilegal y parto hospitalizado con un médico presente obligatorio, tiene la segunda tasa de mortalidad materna más baja de latinoamericana[iv]. El caso de Irlanda resulta esclarecedor y contundente. En este países consideran el aborto como un delito en todas las circunstancias, no obstante lo cual, de acuerdo con los informes sobre mortalidad materna, realizados por la Organización Mundial de la Salud, UNICEF, UNFPA y el Banco Mundial, tiene el menor índice de mortalidad materna del mundo. De los 172 países sobre los cuales existe información seria en esta materia, Irlanda es el líder mundial en lo que respecta a la seguridad para las mujeres embarazadas[v]. También el caso chileno resulta de utilidad para sustentar la última de las posiciones esgrimidas. Sobre el particular, el Dr. Elard Koch, ex Director de Investigaciones del Departamento de Salud Familiar, Facultad de Medicina, Universidad de Chile, luego de elaborar una importante investigación sobre el número de abortos que se realizaron en Chile y Argentina cada año y sobre la vinculación entre existente entre el aborto y la mortalidad materna, al exponer el 2 de marzo de 2011 en la Sala 1 de la Cámara de Diputados de la Nación, destacó que en el marco de aquella había llegado a las siguientes conclusiones: a) a través del estudio de estadísticas vitales en Chile durante un período de 100 años (1909-2009) se determinó que la prohibición del aborto en este país a partir de 1989 no incrementó la mortalidad materna; b) el aborto clandestino ha disminuido en paralelo con la reducción de la muerte por aborto; c) el incremento de la educación de la mujer ha sido el predictor que controla esta disminución a lo largo del tiempo, ejerciendo un efecto sinérgico sobre otros factores, sobre todo con las políticas de atención prenatal y especializada en el parto; d) en la actualidad, Chile presenta la más baja mortalidad materna de Latinoamérica, similar a la de países más desarrollados; e) el riesgo de morir por aborto es prácticamente nulo en la actualidad en ese país. La investigación de Koch demuestra así que la legalización del aborto es innecesaria para reducir la mortalidad materna[vi]. En Francia e Italia, países que han visto legalizado el aborto en 1979 y 1978 respectivamente, la reducción más drástica de la mortalidad materna se ha comprobado recién a partir del año 2000. En ese año, dicho indicador descendió de 15 muertes maternas cada 100.000 nacidos vivos para Francia en el año 1990, a solamente 8. En el caso de Italia, la tasa descendió de 12 en 1990 a 4 en el 2000. Es interesante observar que esta reducción se dio mucho después de la legalización del aborto y, desde el 2000 en adelante, no se ha producido una reducción significativa de la misma; es más, Francia ha vuelto a trepar en el 2008 a 8 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos[vii] El cáncer de mama: se asegura que el riesgo de cáncer de mama casi se dobla después de un aborto e incluso se incrementa aún más con dos o más abortos[viii], destacando que habiéndose identificado muchos de los factores de riesgo asociados con el aumento del cáncer del seno, tales como el tipo de alimentos que se consume y los desórdenes genéticos, al detectar que el 60% de dicho aumento había sido, durante un tiempo, un misterio para los investigadores, a través de estudios efectuados durante la década del 90 de gran reputación han encontrado una tasa más elevada de este tipo de cáncer entre las mujeres que han abortado su primer bebé durante el primer trimestre. Joel Brind, Ph.D. ha señalado que no se trata de una mera conexión estadística, sino que se apoya en datos biológicos y endocrinológicos (Sisterlife, primavera, 1994; Judie Brown, Communiqué, noviembre 12, 1993, The Catholic World Report, marzo, 1991). El cáncer de ovarios, hígado y cervical (cuello uterino): comparando la situación de mujeres que no fueron sometidas a prácticas abortivas y otras que sí lo fueron, se ha podido establecer que las segundas enfrentan un riesgo relativo de 2.3 de cáncer cervical y que en los casos de dos o más prácticas el riego relativo es de 4.92. También se ligan al aborto riesgos elevados de cáncer de ovario e hígado, destacándose en relación al incremento de porcentaje de cáncer que el mismo se vincula aparentemente a la a la lesión cervical no tratada y a la interrupción no natural de los cambios hormonales que acompañan al embarazo[ix]. Perforación de útero: entre un 2 y un 3 % de las mujeres que abortan pueden sufrir perforación del útero, las que incluso en muchos casos, salvo en los supuestos excepcionales en los que se realizan visualizaciones mediante laparoscopía, ni siquiera son diagnosticadas ni tratadas[x], debiendo destacarse que el riesgo de perforación uterina se incrementa para las mujeres que ya han tenido hijos y aquellas que reciben anestesia general durante la realización de esta práctica[xi] y que el daño en el útero puede complicarse en ulteriores embarazos pudiendo eventualmente acarrear incluso problemas que requieran una histerectomía, lo que de por sí puede conllevar diversas complicaciones adicionales y lesiones que incluyen la osteoporosis. Desgarros cervicales (cuello del útero): en al menos un 1% de abortos realizados en el primer trimestre se producen desgarros cervicales, muchos de los cuales, por su importancia requieren sutura, y las laceraciones de menor envergadura, que normalmente no son tratadas, pueden, con el paso del tiempo, llegar a perjudicar la función reproductiva. La lesión latente post-aborto puede abocar a una posterior incompetencia cervical, parto prematuro y complicaciones durante el parto. El riesgo de lesión cervical es mayor en adolescentes, para abortos realizados en el segundo trimestre, y cuando los facultativos no usan laminaria (sic) para dilatar el cuello uterino[xii]. Placenta previa: el aborto incrementa el riesgo de placenta previa en ulteriores embarazos (una circunstancia que pone en peligro tanto la vida de la madre como su embarazo deseado), en una escala de entre siete y quince. El desarrollo anormal de la placenta debido a lesión uterina aumenta el riesgo de malformación fetal, muerte perinatal y efusión excesiva de sangre durante el parto[xiii]. Recién nacidos discapacitados en posteriores embarazos: el aborto se asocia con lesiones cervicales y uterinas que pueden incrementar el riesgo de parto prematuro, complicaciones en el parto y desarrollo anormal de la placenta en posteriores embarazos. Estas complicaciones reproductivas constituyen las causas principales de las minusvalías en recién nacidos[xiv]. Embarazo ectópico: como ya se dijo, el aborto está relacionado de forma importante con un riesgo añadido de embarazos ectópicos posteriores. Los embarazos ectópicos, a su vez, amenazan la vida y pueden llevar a un descenso en la fertilidad[xv]. Afección inflamatoria pélvica: se trata de una enfermedad que puede poner en peligro la vida y conllevar un riesgo añadido de embarazo ectópico y reducción de fertilidad. De entre las pacientes que tienen una infección por clamidia en el momento del aborto, un 23 % desarrollará PID en cuatro semanas. Algunos estudios han arrojado que entre un 20 y un 27 % de pacientes que abortan sufren una infección por clamidia. Aproximadamente un 5 % de pacientes que no han sido infectados por clamidia desarollan PID dentro de las 4 semanas posteriores a un aborto realizado durante el primer trimestre. Es por tanto razonable suponer que cuantos practican abortos previenen y tratan tales infecciones antes del aborto[xvi]. Endometritis: La endometritis representa un riesgo post-aborto para todas las mujeres, pero en especial para las adolescentes, las cuales tienen una probabilidad 2.5 veces mayor de contraer endometritis después de un aborto que las mujeres con edades entre 20 y 29 años[xvii]. Complicaciones inmediatas: alrededor de un 10 % de mujeres que se someten a un aborto provocado sufren complicaciones inmediatas, de las cuales aproximadamente el 2% tienen la consideración de riesgo mortal. Las nueve grandes complicaciones más comunes que pueden darse durante la práctica del aborto son: infección, efusión excesiva de sangre, embolia, desgarro o perforación del útero, complicaciones de la anestesia, convulsiones, hemorragia, lesión cervical y “shock” endotóxico. Las complicaciones ‘menores’ más comunes incluyen: infección, efusión de sangre, fiebre, quemaduras de segundo grado, dolor abdominal crónico, vómitos, problemas gastro-intestinales, y sensibilización del Rh[xviii]. Riesgos añadidos para las mujeres con múltiples abortos: en general, muchos estudios reflejan factores de riesgo para mujeres que se han sometido a un solo aborto, e incluso muestran que en casos de abortos múltiples, las mujeres encaran un riesgo mucho mayor de sufrir tales complicaciones, dato relevante si se considera que alrededor de un 45 % de todos los abortos se practican en mujeres que ya habían abortado antes. Riesgos añadidos para las adolescentes: las adolescentes, que suponen aproximadamente un 30 por ciento de las mujeres que abortan, se exponen a un riesgo mucho más alto de sufrir numerosas complicaciones relacionadas con el aborto. Esto reza tanto para las complicaciones inmediatas como para los perjuicios reproductivos a largo plazo[xix]. Peor estado de salud en general: en un estudio realizado sobre 1.428 mujeres, los investigadores descubrieron que los embarazos malogrados y en particular los debidos a aborto impactan significativamente de un modo negativo sobre la salud en general. Tales hallazgos confirman investigaciones anteriores que arrojaban que durante el año siguiente a un aborto las mujeres visitaban a su médico de cabecera un 80 % más por toda clase de razones y un 180 % más por razones psico-sociales. El Síndrome de Asherman: se sostiene[xx] que una complicación del aborto es el Síndrome de Asherman, reconocido por la aparición de adherencias de tejido dentro del útero, que produce síntomas clínicos tales como anormalidades menstruales, infertilidad y abortos espontáneos frecuentes, llegando incluso a provocar embarazos ectópicos (que finalmente pueden derivar en una histerectomía total con la consiguiente pérdida de la fertilidad), destacándose que una de las principales causas del Síndrome de Asherman es el aborto de dilatación y curetage (una de las técnicas más utilizadas), especialmente cuando en este último caso existe una infección o ésta se desarrolla después de la operación. [xxi]

El autor es abogado del foro de Rafaela.

[i] LINK: Østbye, Truls y col. Health services utilization after induced abortions in Ontario: a comparison between community clinics and hospitals. American Journal of Medical Quality 16: 99-106, 2001. [ii] cfr. María Genoveva Correa Llano, ¿Cuándo comienza la vida?, en el libro VIVIR ¡¿SI?! – APROXIMACIÓN MULTIDISCPLINARIA AL ABORTO, Compilador: Pedro A. Chupad. 1ra. Ed.- Buenos Aires; Ed. Sembrar Valores, 2011, págs. 28 y 29 [iii] “Estudio encuentra mejor salud materna con leyes de aborto menos permisivas”, Centro de Bioética Persona y Familia, 2 de marzo de 2015, www.centrodebioetica.org. [iv] cfr. KUPHAL, Pedro Alejandro, op. cit. pág. 29 [v] Cfr. NUEVAS PERSPECTIVAS SOBRE EL PROBLEMA DEL ABORTO, María Inés Franck y Jorge Nicolás Lafferriere, Noviembre de 2014; http://centrodebioetica.org/2011/09/nuevas-perspectivas-sobre-el-problema-del-aborto/. [vi] Cfr. Ibíd. [vii] NUEVAS PERSPECTIVAS SOBRE EL PROBLEMA DEL ABORTO, op. cit. [viii] H.L. Howe, et al., “Early Abortion and Breast Cancer Risk Among Women Under Age 40,” International Journal of Epidemiology 18(2):300-304 (1989); L.I. Remennick, “Induced Abortion as A Cancer Risk Factor: A Review of Epidemiological Evidence,” Journal of Epidemiological Community Health, (1990); M.C. Pike, “Oral Contraceptive Use and Early Abortion as Risk Factors for Breast Cancer in Young Women,” British Journal of Cancer 43:72 (1981). [ix] M-G, Le, et al., “Oral Contraceptive Use and Breast or Cervical Cancer: Preliminary Results of a French Case- Control Study, Hormones and Sexual Factors in Human Cancer Etiology, ed. JP Wolff, et al., Excerpta Medica: New York (1984) pp.139-147; F. Parazzini, et al., “Reproductive Factors and the Risk of Invasive and Intraepithelial Cervical Neoplasia,” British Journal of Cancer, 59:805-809 (1989); H.L. Stewart, et al., “Epidemiology of Cancers of the Uterine Cervix and Corpus, Breast and Ovary in Israel and New York City,” Journal of the National Cancer Institute 37(1):1-96; I. Fujimoto, et al., “Epidemiologic Study of Carcinoma in Situ of the Cervix,” Journal of Reproductive Medicine 30(7):535 (July 1985); N. Weiss, “Events of Reproductive Life and the Incidence of Epithelial Ovarian Cancer,” Am. J. of Epidemiology, 117(2):128-139 (1983); V. Beral, et al., “Does Pregnancy Protect Against Ovarian Cancer,” The Lancet, May 20, 1978, pp. 1083-1087; C. LaVecchia, et al., “Reproductive Factors and the Risk of Hepatocellular Carcinoma in Women,” International Journal of Cancer, 52:351, 1992. [x] S. Kaali, et al., “The Frequency and Management of Uterine Perforations During First-Trimester Abortions,” Am. J. Obstetrics and Gynecology 161:406-408, August 1989; M. White, “A Case-Control Study of Uterine Perforations documented at Laparoscopy,” Am. J. Obstetrics and Gynecology 129:623 (197) [xi] D. Grimes, et al., “Prevention of uterine perforation During Curettage Abortion,” JAMA, 251:2108-2111 (1984); D. Grimes, et al.,”Local versus General Anesthesia: Which is Safer For Performing Suction Abortions?” Am. J. of Obstetrics and Gynecology, 135:1030 (1979). [xii] K. Schulz, et al., “Measures to Prevent Cervical Injuries During Suction Curettage Abortion”, The Lancet, May 28, 1983, pp 1182-1184; W. Cates, “The Risks Associated with Teenage Abortion,” New England Journal of Medicine, 309(11):612-624; R. Castadot, “Pregnancy Termination: Techniques, Risks, and Complications and Their Management,” Fertility and Sterility, 45(1):5-16 (1986) [xiii] Barrett, et al., “Induced Abortion: A Risk Factor for Placenta Previa”, American Journal of Ob&Gyn. 141:7 (1981). [xiv] Hogue, Cates and Tietze, “Impact of Vacuum Aspiration Abortion on Future Childbearing: A Review”, Family Planning Perspectives (May-June 1983),vol.15, no.3 [xv] Daling,et.al., “Ectopic Pregnancy in Relation to Previous Induced Abortion”, JAMA, 253(7):1005-1008 (Feb. 15, 1985); Levin, et.al., “Ectopic Pregnancy and Prior Induced Abortion”, American Journal of Public Health (1982), vol.72,p253; C.S. Chung, “Induced Abortion and Ectopic Pregnancy in Subsequent Pregnancies,” American Journal of Epidemiology 115(6):879-887 (1982) [xvi] T. Radberg, et al., “Chlamydia Trachomatis in Relation to Infections Following First Trimester Abortions,” Acta Obstricia Gynoecological (Supp. 93), 54:478 (1980); L. Westergaard, “Significance of Cervical Chlamydia Trachomatis Infection in Post-abortal Pelvic Inflammatory Disease,” Obstetrics and Gynecology, 60(3):322-325, (1982); M. Chacko, et al., “Chlamydia Trachomatosis Infection in Sexually Active Adolescents: Prevalence and Risk Factors,” Pediatrics, 73(6), (1984); M. Barbacci, et al., “Post-Abortal Endometritis and Isolation of Chlamydia Trachomatis,” Obstetrics and Gynecology 68(5):668-690, (1986); S. Duthrie, et al., “Morbidity After Termination of Pregnancy in First-Trimester,” Genitourinary Medicine 63(3):182-187, (1987). [xvii] Burkman, et al., “Morbidity Risk Among Young Adolescents Undergoing Elective Abortion” Contraception, 30:99-105 (1984); “Post-Abortal Endometritis and Isolation of Chlamydia Trachomatis,” Obstetrics and Gynecology 68(5):668- 690, (1986). [xviii] Frank, et.al., “Induced Abortion Operations and Their Early Sequelae”, Journal of the Royal College of General Practitioners (April 1985),35(73):175-180; Grimes and Cates, “Abortion: Methods and Complications”, Human Reproduction, 2nd ed., 796-813; M.A. Freedman, “Comparison of complication rates in first trimester abortions performed by physician assistants and physicians,” Am. J. Public Health, 76(5):550- 554 (1986). [xix] Wadhera, “Legal Abortion Among Teens, 1974-1978”, Canadian Medical Association Journal, 122:1386-1389,(June 1980). [xx] FUENTES: Klein, S.M., García, C.R., “El Síndrome de Asherman: una crítica y revisión actual,” Fertile Sterid. 24,9, 1973, pp.722-735; Shingawa, S., Nagayama, M., “Embarazos cervicales como una posible secuela de abortos inducidos. Reporte de 19 casos,” American Journal of Obstetrics and Gynecology 105,2, 1969, pp.282-284; Dicker, D., Feldberg, D., Samuel, N., Goldman, J.A., “Etiología de embarazos cervicales: conexión con el aborto, patología pélvica, dispositivos intrauterinos (IUDs), y el Síndrome de Asherman,” Journal of Reproductive Medicine 30, 2, 1985, pp.25-27; Henshaw, S.K., Koomin, L.M., Smith, J.C., “Characteristics of U.S. Women Having Abortions, 1987,” Family Planning Perspectives 23, 2, 1991, pp.75-81. Tomado de “El Síndrome de Asherman: una consecuencia del aborto.”

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