Denuncian la industria del sexo en el Mundial de fútbol de Alemania

Declaraciones del secretario del Consejo Pontificio de la Pastoral para los Inmigrantes e Itinerantes.

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 8 junio 2006 (ZENIT.org).- Cuando faltan pocas horas para el inicio, este viernes, del Mundial de fútbol de Alemania, un representante de la Santa Sede ha sancionado con «tarjeta roja» la industria de la prostitución que gira en torno a uno de los acontecimientos deportivos más importantes. El arzobispo Agostino Marchetto, secretario del Consejo Pontificio de la Pastoral para los Inmigrantes e Itinerantes, en declaraciones a «Radio Vaticano», ha recordado que detrás de este fenómeno se da un auténtico tráfico de seres humanos. Unos 3 millones de aficionados al fútbol, en su mayoría hombres, invadirán 12 ciudades alemanas durante un mes, en ocasión del evento organizado por la Federación Internacional de Fútbol. Fuentes no oficiales aseguran que unas 40.000 personas, empleadas del sexo, han entrado en el país para responder a los apetitos sexuales incitados por el deporte y el alcohol. La prostitución fue legalizada en Alemania en 2002. Se estima que unas 400.000 mujeres se dedican en Alemania a la industria del sexo, cuyas ganancias ascienden a unos 18 mil millones de dólares estadounidenses al año. Al menos tres cuartos de esas mujeres son extranjeras, la mayoría de ellas procedentes de Europa del este. Pocas de ellas tienen los papeles en regla. Hablando en términos futbolísticos, monseñor Marchetto considera que «deberían sacarse varias tarjetas rojas a esta industria, a sus clientes, y a las autoridades públicas que acogen el acontecimiento». «La prostitución, de hecho, viola la dignidad de la persona humana, haciendo de ella un objeto y un instrumento del placer sexual». «Las mujeres se convierten en mercancía que se puede comprar, cuyo costo es incluso inferior al de la entrada a un partido de fútbol», denuncia el arzobispo. Algunas de estas mujeres, afirma, «se ven obligadas a ejercer esta “profesión” contra su voluntad, por este motivo son objeto de tráfico». Dado que muchas organizaciones, incluida Amnesty International, así como las congregaciones religiosas, el Parlamento de Europa y el Consejo de Europa, han denunciado esta práctica, Marchetto considera que «se da una responsabilidad por parte de las autoridades alemanas. El balón está en su terreno de juego». El Consejo Pontificio de la Pastoral para los Emigrantes e Itinerantes organizó hace un año una conferencia mundial sobre prostitución y tráfico de personas. En su Declaración final se puede leer que la Iglesia tiene que asumir la defensa de los derechos legítimos de estas mujeres, promoviendo su liberación y apoyando incluso económicamente su formación. En este contexto, muchas congregaciones religiosas femeninas están trabajando ya en Alemania para asistir a las mujeres que pueden convertirse en víctimas de las redes de mafias o de presiones de otro tipo. En particular, ya está activa la organización eclesial Solidaridad con las Mujeres en Peligro (SOLWODI, «Solidarity with women in distress»), organización que agrupa a una veintena de congregaciones religiosas femeninas (Cf. Cf. 26 de abril de 2006). Ofrecen una amplia gama de servicios en centros de acogida, con casas protegidas, así como programas educativos y de reintegración laboral. El arzobispo considera que estas mujeres deberían poder recibir ayuda de las autoridades para reintegrarse, «a través de un permiso de residencia temporal o permanente. Deberían, además, poder acceder a un trabajo digno y a formas de recompensa». «Iniciativas de este tipo son necesarias para restituir la dignidad –concluye–. Esto induce a aplicar la ley y a castigar a quienes se benefician de la industria del sexo y los traficantes. Estos deberían ser perseguidos y castigados con penalidades económicas».

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