Debates presidenciales: la importancia de la palabra y el estilo

Desde la Cámara de Especialistas en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, creemos profundamente en el diálogo y en el debate, para que nuestros candidatos a gobernantes puedan discutir e informarnos acerca de sus propuestas, pero también para que nos formemos como ciudadanos participativos y responsables.

Por Tatiana Santori (Rafaela)

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Históricamente, Estados Unidos ha sido un país que se ha autodefinido como un “estado amante de la libertad”. En ese caso, entonces, encontramos ciertas costumbres de la propia idiosincrasia norteamericana, que, además de legitimar las instituciones formales del Estado, fortalecen el espíritu democrático y la transparencia en la toma de decisiones de los electores. Los debates presidenciales en Estados Unidos constituyen la piedra angular en la dinámica de las campañas presidenciales. El primer debate entre candidatos de cada uno de los partidos principales que se transmitió por televisión y radio, tuvo lugar en 1960 entre Richard Nixon y John Kennedy. Este encuentro demostró el efecto potencial de los debates y la importancia del estilo, la forma, y del contenido del discurso, para la definición de los ganadores.
Si bien entre 1964 y 1972 no hubo debates presidenciales, debido fundamentalmente a la renuencia de los candidatos favoritos de dar a sus oponentes cualquier ventaja potencial, los debates se reanudaron en la elección presidencial de 1976 y son ahora un elemento permanente y de suma importancia en el proceso electoral norteamericano. En 1987, tras la creación de la Comission Presidential Debates (CPD), ésta se ha encargado de organizar los debates presidenciales e informar a los votantes acerca de ellos. La CPD asegura que los debates sean un proceso imparcial, transparente y accesible al público. En la última campaña presidencial norteamericana, se cristaliza sobremanera la importancia de los estilos y del uso de las palabras. El primer debate entre Barack Obama (demócrata) y John McCain (republicano) permitió observar dos estilos y propuestas de gobierno que, si bien diferentes, hallaron ciertos puntos de encuentro de ambos contendores. McCain apareció como un político recio, con un estilo propio de un ex combatiente de la Armada norteamericana. No regaló a su contendor una sonrisa ni una mirada, ni perdió la oportunidad de calificarlo de inexperto e ingenuo. Obama, por el contrario, por estrategia electoral, pero también por su estilo personal más moderado que su contrincante, se permitió tutear a Mc Cain, le dio la razón en varios puntos concretos y asumió en muchos momentos un estilo más similar a un diálogo que a un debate. Así entonces, los estilos y las formas se ajustaron a contenidos y estrategias electorales diferentes: McCain trató de transmitir un plan claro, pero sobre todo una propuesta propia de la plataforma política del partido republicano; mientras que Obama intentó comunicar que su propuesta era inclusiva, de unidad nacional, y que no solo el Partido Demócrata podía llevarla adelante. Aunque es difícil medir el efecto de los debates en el electorado, está claro que juegan un papel importante no sólo en el proceso electoral estadounidense, sino también en todos los procesos electorales. La cuestión fundamental radica en la importancia del diálogo, en la posibilidad de escuchar y tomar conocimiento de los diversos caminos para la resolución de los problemas, haciendo ejercicio de la tolerancia y de la receptividad para escuchar nuevas ideas. Esto fue, seguramente, lo que ponderaron los electores norteamericanos, cansados tal vez de la rudeza del estilo de Bush, al ver en Obama un espíritu más conciliador. Obama, fue el candidato que representó en su estilo el diálogo y el consenso en la búsqueda de soluciones a las problemáticas norteamericanas. Obama, fue el candidato que demostró la importancia de la tolerancia, del “saber escuchar”, quien supo revalorizar la importancia de las costumbres democráticas del pueblo norteamericano. Es preciso, entonces, que desde nuestro lugar como ciudadanos, rescatemos el ejercicio del debate por su importante aporte para el intercambio de ideas, de posiciones, para aumentar la transparencia en el acto de la elección de nuestros candidatos. Desde la Cámara de Especialistas en Ciencia Política y Relaciones Internacionales, creemos profundamente en el diálogo y en el debate, para que nuestros candidatos a gobernantes puedan discutir e informarnos acerca de sus propuestas, pero también para que nos formemos como ciudadanos participativos y responsables.

Tatiana Santori

Cámara de Especialistas en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (CeCPRI) del CCIRR

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