Cuando la mediación papal evitó la guerra

Para recordar, agradecer y volver a comprometernos con la paz los obispos argentinos y chilenos concelebraremos sendas misas de acción de gracias en los Santuarios Nacionales de Luján y Maipú el día lunes 22 de diciembre.

Por Carlos M. Franzini (Rafaela)

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Dentro de pocos días se celebrará un aniversario muy importante en nuestra historia. Un gesto valiente y profético del entonces “joven” Pontífice Juan Pablo II libró de la guerra a dos naciones hermanas ligadas por la geografía, por la historia y por vínculos entrañables. La prepotencia y la soberbia de dos gobiernos autoritarios, y la superficial adhesión de vastos sectores de la población a falsos nacionalismos, nos ponían al borde del abismo. Literalmente, la noche entre el 21 y 22 de noviembre de 1978 la guerra entre Argentina y Chile estuvo a un paso de concretarse. Sólo Dios sabe las consecuencias terribles e irreparables que dicha guerra podría haber tenido para ambos pueblos y para toda la región. Sólo Dios sabe, pero nosotros podemos imaginarnos algo. Aquel 22 de diciembre de 1978, al ofrecer su mediación para encontrar una salida justa y honorable al conflicto austral Juan Pablo II nos libró de una guerra y conviene tener presente que con la guerra siempre se pierde y nunca se gana. Pero no sólo nos libró de una guerra sino que además su servicio de mediación puso las bases para un proceso integrador entre nuestras naciones que aún sigue afianzándose y que se constituye en modelo de integración para el mundo globalizado que nos toca vivir. De esta forma se confirma que la paz no es mera ausencia de conflictos sino un proceso permanente de afianzamiento de vínculos sociales, culturales, económicos, políticos que van tejiendo una auténtica fraternidad internacional. Al concluir nuestra última Asamblea Plenaria los obispos argentinos hemos publicado un documento (1) en el que aludimos a la presencia de la Iglesia en la historia argentina y su deseo de servir siempre al bien común y a la paz, a pesar de las debilidades y pecados de quienes la formamos. Es justo recordar esta página de nuestra historia en la que la Iglesia mostró su compromiso en favor de la paz con gestos muy concretos. Porque, efectivamente, fue Juan Pablo II, con todo el peso de la autoridad moral del Sumo Pontífice, quien ofreció su servicio mediador; sin embargo hubo muchos hombres de Iglesia que se movieron en aquellos momentos decisivos para lograr la puesta en marcha de dicho servicio. Hay que recordar la figura de los Cardenales Raúl Francisco Primatesta (Arzobispo de Córdoba) y Raúl Silva Henriquez (Arzobispo de Santiago de Chile); los obispos de Río Gallegos y de Punta Arenas, Mons. Miguel Angel Alemán y Mons. Tomás González Morales; el entonces Nuncio Apostólico en Argentina, Mons. Pio Laghi; y, por supuesto la figura sabia, generosa y decidida del Cardenal Antonio Samoré, quien llevó adelante durante varios años, hasta su muerte, las arduas gestiones para lograr el diálogo y el entendimiento entre las sucesivas autoridades de Argentina y Chile. Al mismo tiempo la oración perseverante y la catequesis esclarecedora de las comunidades católicas a ambos lados de la cordillera fueron un ingrediente indispensable en todo este proceso pacificador. Conviene recordar porque la memoria agradecida es propia de personas y pueblos nobles. Conviene recordar porque solemos quedarnos sólo en lo que no se hizo o se hizo mal. Es justo también rescatar y apreciar lo bueno. Pero sobretodo conviene recordar para tomar experiencia y reeditar cotidianamente el compromiso en favor de la paz que todos, en primer lugar los cristianos, hemos de renovar si queremos construir una nación y un mundo en paz. “La paz depende también de ti” rezaba el lema de una Jornada Mundial de la Paz. La paz es obra de cada uno y comienza por este ejercicio de memoria y reconocimiento que todos podemos y debemos hacer. Mucho más necesario cuando algunos sólo quisieran recordar lo que más nos duele de nuestra historia. Precisamente para recordar, agradecer y volver a comprometernos con la paz los obispos argentinos y chilenos concelebraremos sendas misas de acción de gracias en los Santuarios Nacionales de Luján y Maipú el día lunes 22 de diciembre. En el orden local aprovecharemos la Marcha por la Paz que los jóvenes de las parroquias de la ciudad realizan todos los años cerca de la Navidad. Este año el próximo domingo 21, a continuación de la misa vespertina de la Catedral, nos uniremos a los católicos y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en Argentina y Chile, para agradecer el don inestimable de la paz y renovar nuestro compromiso de construirla todos los días en nuestros propios ambientes. Es una buena manera de anticipar la celebración de la Navidad, el nacimiento del Niño que es el Príncipe de la Paz.

(1) “Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad”; CEA, Pilar, 14 de noviembre de 2008.

El autor es obispo de la Diócesis de Rafaela.

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