¿Cuál es el sentido profundo de la Navidad?

Se trata del editorial del programa “Sábado 100” por radio Sol Rafaela (FM 90,9) que conduce Emilio Grande (h.). Vivimos un alocado mundo del consumo desenfrenado, el egoísmo y la indiferencia frente a tantos hermanos necesitados, enfrentamientos sociales, guerras sin sentido y el secularismo que le da la espalda al Dios creador, quien envió a su hijo Jesús, nació en un pesebre de Belén y todavía hoy nos invita a seguir convirtiéndonos de un corazón egoísta abierto a las necesidades del prójimo.

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Por Emilio Grande (h.).- En el marco del espíritu navideño que vivimos se puede caer en la tentación que nos propone la sociedad del consumo de quedarnos en los regalos solamente, compartir con familiares y amigos y comer y tomar más que otras veces. Pero es solamente eso o hay algo más profundo en el sentido de esta Navidad en la que el hijo de Dios se hace hombre en una familia de Nazareth hace más de dos milenios. Es la presencia de Dios que viene a iluminar las realidades más dolorosas y oscuras de nuestras vidas. Por eso el ángel del Señor les dijo a los pastores: “No teman porque les traigo una buena noticia (…) Les ha nacido un salvador, que es el Mesías, el Señor”. Hay que dejarse iluminar con la estrella que nace en Belén para que la solidaridad y el amor nos hagan diferentes. Justamente, celebrar la Navidad es creer que la vida siempre tiene sentido y la muerte ha sido vencida con la luz de una nueva esperanza. La Navidad debe ser una oportunidad para cuestionarnos sobre el sentido de la vida que está tan amenazada en nuestra sociedad de hoy con la niñez en riesgo desde el mismo momento de la concepción con varios proyectos a favor de la legalización del aborto en el Congreso, el abandono de las personas mayores que nos dieron la vida, la falta de ayuda a los jóvenes y desorientados, la necesidad de crear puestos estables de trabajo en lugar de planes y subsidios permanentes del Estado. El pesebre de Belén nos puede iluminar a mirar nuestros interrogantes sobre el futuro, el sentido en definitiva de la vida eterna que solamente se encuentra en Dios. ¿Habrá un antes y después en nuestras vidas a partir de esta Navidad? El entonces presbítero en ejercicio Hugo Collosa había expresado en el Adviento de 1976 en la columna “El Evangelio y nosotros” publicada en el diario La Opinión, sin olivar el contexto político que había en el país: “Un Señor que llega y nace en el corazón de aquellos para quienes el amor y el compartir es más fuerte que el dinero y el poder. Un Señor que llega y nace en el corazón de aquellos que aprenden a perdonarse y empiezan a mirar un porvenir de colaboración y solidaridad. Un Señor que llega y nace en el corazón de aquellos que abren sus vidas y comparten con ternura el dolor y el sufrimiento de tantos hombres y mujeres, las humillaciones de los pisoteados y calumniados, las angustias de los perseguidos por el odio, la prepotencia, la insensibilidad de sus hermanos”. Vivimos un alocado mundo del consumo desenfrenado, el egoísmo y la indiferencia frente a tantos hermanos necesitados, enfrentamientos sociales, guerras sin sentido y el secularismo que le da la espalda al Dios creador, quien envió a su hijo Jesús, nació en un pesebre de Belén y todavía hoy nos invita a seguir convirtiéndonos de un corazón egoísta abierto a las necesidades del prójimo…

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