Corrupción: ese mal de los argentinos

Se trata del editorial del programa “Sábado 100” por radio Mitre Rafaela (FM 91,9), que conduce Emilio Grande (h.).

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Años atrás parecía que los hechos de corrupción eran patrimonio de un gobierno o de un partido político. Pero a decir verdad, la corrupción está enquistada en el poder en casi todos los niveles: políticos, económicos, empresariales, gremiales, sociales. Hasta hace unos meses el gobierno de Kirchner no tenía sospechas de ilícitos, pero en los últimos tiempos se sumaron una catarata de hechos preocupantes para la institucionalidad de la nación. Basta mencionar el caso Skanka con los sobreprecios de los acueductos y la renuncia de dos funcionarios de segunda línea, que involucra al ministro De Vido. Después siguieron las denuncias contra la funcionaria de Medio Ambiente Romina Picolotti por “extraños manejos” y cierto autoritarismo hacia el personal, según una investigación realizada por el periodista de Clarín Claudio Savoini. El caso más resonante fue la bolsa hallada con 100.000 pesos y 30.000 dólares en el baño de la entonces ministra de Economía y su vinculación con la cuestionada cooperativa Cuenca, que terminó con la renuncia de Felisa Miceli. En las últimas horas se conoció también que la ministra Nilda Garré fue imputada por el juez Tiscornia en el contrabando de armas a los Estados Unidos y ahora el Gobierno cuestiona al juez. Además, no hay que olvidar los índices inflacionarios que fueron dibujados para aparentar una realidad que no es tal, ya que los distintos rubros de la economía aumentan todas las semanas. En este contexto, el semanario británico “The Economist” tituló “Corrupción en la Argentina”, cuestionando la situación en el país y aludió en tono crítico a las presuntas coimas en la causa Skanka y el hallazgo de dinero en el despacho de la ministra. Al respecto, la profesora americana Susan Rose-Ackerman sostiene que el sistema de representación política que tiene la Argentina favorece la corrupción. Dice que “de acuerdo con los estudios estadísticos, la peor combinación, la que más alienta la corrupción, es la de un sistema político basado en un presidente con amplios poderes y legisladores elegidos por un sistema de representación proporcional”. La citada estudió durante tres décadas la corrupción en todas sus variantes y formas: la institucional, la de poca monta, la política, la empresarial, la de los capitalistas y la de los comunistas, la de los sistemas parlamentarios y presidencialistas. La gente puede hablar de lo que vive, del policía que le pide unos pesos de coima. Pero Rose-Ackerman aclara que “también está la corrupción en los niveles altos como en las privatizaciones y en las concesiones, a los que no llega la mayoría de los ciudadanos”. Más allá del impacto que pueden tener las denuncias de corrupción en el gobierno de Kirchner frente a las elecciones de octubre, la ciudadanía tiene que tomar conciencia de que no son hechos aislados sino que vienen de hace mucho tiempo y erosionan la credibilidad de las instituciones republicanas y ponen en juego a la democracia.

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