Contrariedades globalizadas

Antes que el político que sabe lo que es justo, prioricemos el fichaje en el político que ama lo justo. Y luego, pongamos control de preeminencia en la cúspide: que el poder detenga al poder.

Por Víctor Corcoba Herrero (Granada, España)

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De libres nada. Ya me gustaría que la libertad pudiese ser libertada y liberada. Que no hubiese muros. Cada día se alzan más barreras de separación humana. Hay que desmantelar todas las prisiones humanas, las del poder por el poder las primeras. Libertad de movimientos para desplazados. Justicia para los delincuentes pero jamás exclusión, sean nacionales o extranjeros. Justicia rehabilitadora y de reinserción social. Que se arraigue y enraíce la liberación en las costumbres del pueblo. Libertad para formarse. Libertad para nutrirse. Libertad para el acceso a la atención sanitaria. Libertad para ser lo que uno quiera ser. Libertad para arrimar el hombro. Libertad para creer y crear. Fuera coacciones.

De justos menos. Empecemos por casa. España, por ejemplo, acumula 600.000 viviendas de más, mientras otra parte de la ciudadanía, los excluidos del sistema, carecen de techo o viven en condiciones infrahumanas. Lo malo es que no vamos a levantar cabeza ni en 2010, a tenor de las previsiones del Fondo Monetario Internacional. Somos el único país que no mejora sus perspectivas. Difícil lo tenemos para subir la escalera del bienestar. Por lo menos, para tomar aliento, una solución podría ser que aquellos políticos corruptos devolvieran lo que han robado y que las arcas del ahorro institucional prevalecieran sobre las arcas del derroche. El paro no hay quien lo pare aunque nos digan lo contrario. Pero tampoco hay quien pare el excesivo coste de la clase política, que gasta y no se desgasta.

Volvamos al mundo. Si en verdad queremos una globalización equitativa, la justicia social debe gobernar todas las atmósferas. Menos palabras y más hechos. Tome plaza la ecuanimidad para abolir esa pobreza extrema. Por imperativo ético hay que cambiar actitudes. Que los ricos abracen a los pobres. Que los pobres se sientan abrazados por los ricos. Que se abran todas las puertas por igual. Que por igual el sol amanezca para todos. Que ningún ser humano pueda comprar a nadie ni tenga que venderse. Todo esto es tan justo como preciso.

La apuesta salvavidas no es otra que todos con todos. Una visión compartida del mundo, democrática, de libre comercio, abierta al exterior y humana, responsable y partidaria de las soluciones no conflictivas. Teniendo en cuenta este aval de luz, rubriquemos la preferencia: Antes que el político que sabe lo que es justo, prioricemos el fichaje en el político que ama lo justo. Y luego, pongamos control de preeminencia en la cúspide: Que el poder detenga al poder.

Víctor Corcoba Herrero corcoba@telefonica.net

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