Con ritmo de cumbia

En su sabiduría, creadores y público comprendieron la gran acción sarmientina y la trascendenciadel aula, y cantaron, danzando, a esas ideas fuerza, que de haberse cumplido taxativamente, hoy es probable que estuviéramos mejor en todos sentidos, con la dinámica que otorgan el saber y la educación, con un esquema de valores que no se deben abandonar, con lo que soñó el padre del aula, Sarmiento inmortal.

Por Rosa Mayo de Marcuzzi (Esperanza)

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La noche del 24 de mayo, sábado, comenzaron los festejos del bicentenario. El pueblo se convocó a sí mismo, para expresar su amor a la Patria, y lo hizo en la ciudad autónoma de Buenos Aires, junto al obelisco. Una multitud de personas expresaba de esta manera su amor al terruño, su respeto al pasado, su fuerza ante el adverso presente, su esperanza en el futuro, pese a quien pese.Y el pueblo, generalmente, no se equivoca. Los argentinos saben que su país debe ser inmensamente rico para haber soportado saqueos e iniquidades de toda índole, materiales, psíquicas, espirituales; FALTAS DE RESPETO CONTINUAS Y CONSTANTES; MENOSPRECIO DE SU SABIDURÍA INNATA, ESA QUE NO SE ADQUIERE EN LAS UNIVERSIDADES (PERO SÍ DEBIERA PERFECCIONARSE EN ELLAS), ESA TAN PROPIA DE MARTÍN FIERRO, esa nobleza adquirida de sus próceres, de aquella Primera Junta que inició el camino de libertad. Y el pueblo festejó. Con alegría: pese a los problemas económicos, pese a la inseguridad, pese a la espada de Damocles del desempleo, pese a las arbitrariedades de quienes llegan al poder para utilizarlo irracionalmente. El festejo fue participativo, alegre, hermoso. La creatividad de nuestros artistas es por todos conocida. Esta vez, el turno fue de Sarmiento. Sí, la multitud pudo cantar, con ritmo de cumbia, el “Himno a Sarmiento”. El grupo “Damas Gratis”, con su vocalista, entonó la bailantera cumbia, con estilos de Kevin Johansen y Pablo Lescano. No el Himno entero, pero sí la parte más conocida:”En su pecho,/la niñez de amor un templo;/te ha levantado, y en él sigues viviendo.//Y al latir/ su corazón va repitiendo:/¡Gloria y loor!¡Honra sin par!/Para el grande, entre los grandes,/Padre del Aula, / Sarmiento inmortal/”: Hubo ciertas críiticas, porque algunos tomaron como que se le quitaba solemnidad al tema. Pero no es así. En su sabiduría, creadores y público comprendieron la gran acción sarmientina y la trascendenciadel aula, y cantaron, danzando, a esas ideas fuerza, que de haberse cumplido taxativamente, hoy es probable que estuviéramos mejor en todos sentidos, con la dinámica que otorgan el saber y la educación, con un esquema de valores que no se deben abandonar, con lo que soñó el padre del aula, Sarmiento inmortal.

Rosa Mayo de Marcuzzi

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