Con 28 años, la criatura de Grondona todavía es adolescente

¿Se encuentra alguna relación entre nuestro calendario invertido y la bajísima presencia de equipos argentinos en las finales? Los dirigentes sólo rompen su cómplice silencio para cantarle el feliz cumpleaños a “Don Julio”, padre y padrino de la criatura…

Por Juan Pablo Varsky

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El viernes pasado, Julio Grondona cumplió 28 años consecutivos como presidente de la AFA. Durante su larguísima gestión, impuso tres cambios fundamentales en la estructura de los campeonatos. Tras la pérdida de la categoría de San Lorenzo en 1981, comenzó a trabajar sobre la idea de que los descensos se determinen por el promedio de puntos conseguidos en los últimos tres años y no por el rendimiento de la temporada. Vigente desde 1983, el primario objetivo del sistema era evitar un episodio similar al del Ciclón. O sea, proteger a un grande de un eventual mal campeonato. En su estreno, funcionó con el peor año de River, pero decretó el descenso de Racing… por promedio.

Esta es la 25a temporada de un sistema naturalmente injusto. Al “perdonar una mala campaña” no castiga en el momento indicado. Es más, puede condenar con retroactividad. Talleres de Córdoba terminó 3º en el Clausura 2004, detrás de River y Boca, pero debió jugar la Promoción por culpa de sus torneos anteriores. Y ahí Argentinos lo mandó a la B Nacional. La T no descendió cuando correspondía y descendió cuando no correspondía. Por supuesto, el DT responsable de la mala campaña ya no estaba porque… lo habían despedido.

Veamos lo que le pasa a un recién ascendido. Llega a primera sin arrastre de campañas anteriores. Depende pura y exclusivamente de lo que produzca en su año debut. Sin embargo, su tabla de referencia no es la del campeonato sino la de los promedios. Se ve claramente en esta temporada con Belgrano, Nueva Chicago y Godoy Cruz, todos procedentes de la B Nacional. En la tabla anual los tres tienen más puntos que Newell s y Banfield. Pero por campañas anteriores (con otros jugadores y otros entrenadores), estos equipos están a resguardo de estos pobres rendimientos. El sistema favorece a los “culpables” y perjudica a los “inocentes”, nada más injusto.

La segunda modificación de Grondona se produjo en 1985 cuando decidió adaptar los campeonatos al calendario europeo. El motivo: jugar amistosos y recaudar billetes en el Viejo Continente. Torneos como el Joan Gamper de Barcelona, el Naranja de Valencia, el Villa de Madrid, entre otros, contaban con frecuente presencia argentina. ¿Cómo se ejecutó el cambio? Como todos los años, se disputó el viejo y querido campeonato Nacional durante el primer semestre. Pero no hubo Metropolitano y en agosto comenzó la temporada 1985-1986. Otra vez Racing estuvo involucrado en el cambio. Ascendido a primera a fines de 1985, esperó seis meses para su regreso a la máxima categoría. Mientras tanto, le alquiló el equipo en un torneo regional para Argentino de Mendoza, que cubrió los costos de aquel insólito paréntesis.

El primer año resultó un éxito. En 1986, River ganó su primera Libertadores aprovechando la continuidad de su núcleo exitoso. Campeón argentino 85-86, el equipo de Bambino conservó su bloque ganador para la Copa que se jugó después del Mundial (sólo Francescoli se fue a Racing de París y Funes se incorporó para la etapa final). Pero desde aquel cambio, hace 21 años ya, sólo tres equipos argentinos levantaron el trofeo continental: Vélez (1994), River (1996) y Boca (2000, 2001 y 2003). El año último, no hubo semifinalistas argentinos por primera vez desde que existe el formato actual modelo 2000. Si reducimos el margen a los últimos 10 años y nos comparamos con Brasil, el contraste es demoledor. Sólo el Boca de Bianchi marcó presencia argentina en finales (los tres títulos y la derrota ante Once Caldas en 2004).

Mientras tanto, Brasil acredita el siguiente historial de campeones: Cruzeiro 1997, Vasco 1998, Palmeiras 1999, Sao Paulo 2005 e Inter 2006. Además, llegaron al partido decisivo Palmeiras en 2000, Sao Caetano en 2002, Santos en 2003, Atlético Paranaense en 2005 y Sao Paulo en 2006 (las últimas dos finales fueron brasileñas). Más allá de su poderío, Brasil conserva su calendario de toda la vida: primer cuatrimestre para los estaduales y de abril a diciembre el Brasileirao . Los cuatro mejores del campeonato nacional se clasifican para la Libertadores y la juegan dos meses después. Por supuesto, con formaciones muy parecidas.

¿Se encuentra alguna relación entre nuestro calendario invertido y la bajísima presencia de equipos argentinos en las finales? Sí, porque la esperpéntica programación recorta las posibilidades de los equipos. Hay, como mínimo, nueve meses de distancia entre la clasificación y la competencia. En junio de 2006, Banfield tenía a Paletta y a Dátolo. Y Gimnasia a Navarro Montoya, Licht y Vargas, entre otros. No sólo cambian los planteles sino también los entrenadores. Más allá de la diabólica racha tras el 0-7 ante Estudiantes, Troglio también fue víctima de este desfase de tiempo entre el ingreso y la participación en la Copa. No lo pudo disfrutar. Renunció mientras su equipo jugaba el torneo soñado…

En 1990, Grondona impuso su tercer cambio: el de los torneos cortos. Respetó el calendario invertido y, a la hora de nombrarlos, tuvo en cuenta la temporada. Por eso el Apertura cierra un año y el Clausura abre el siguiente. Ya se ha escrito demasiado sobre el castigo que cae sobre los ganadores del Apertura: jugar la Copa catorce meses después… ¿Saben cuántos entrenadores campeones del Apertura desde 1998 llegaron a la Libertadores del año subsiguiente? Sólo Bianchi en el Boca campeón. En 1999, River salió campeón con Ramón pero jugó la Copa de 2001 con Gallego. Y Tolo dio la vuelta con Independiente en 2002 y con Newell s en 2004 pero en las Copas estuvieron Pastoriza y Pumpido, respectivamente…

“Apasionantes y emotivos” los campeonatos de una rueda generan incertidumbre hasta el final. Pero tienen efectos colaterales: no reflejan la autoridad de un auténtico campeón, obligan a balances semestrales y no respetan los tiempos de un equipo. Provocan que haya más entrenadores despedidos, mayor mudanza de jugadores y mucha menor tolerancia del público a un resultado desfavorable. La estructura de los campeonatos merece, por lo menos, una revisión. Nadie dice nada en el comité ejecutivo. ¿Cambios? No, de eso no se habla. Los dirigentes sólo rompen su cómplice silencio para cantarle el feliz cumpleaños a “Don Julio”, padre y padrino de la criatura…

jpvarsky@lanacion.com.ar

Fuente: diario La Nación, deportes Buenos Aires, 9 de abril de 2007.

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