Cómo resguardar instituciones democráticas

No es novedad que el Congreso nacional en el gobierno de Kirchner pasa por su peor momento. Ahora, ¿serán capaces los hombres y mujeres de la política que lo integran de practicarse a sí mismos esta vasectomía o ligaduras de trompas –respectivamente– intelectual?

Por María Herminia Grande

Compartir:

Puede entenderse que, ante la pasión desbocada que produce el fútbol, la derrota argentina sea festejada por algún pueblo vecino, pasando por encima todo trabajo meticuloso de la diplomacia de los gobiernos y hasta de los propios pueblos para la integración; hasta que el “todo vale” de la cancha queda en la cancha y se vuelve a la racionalidad de la vida cotidiana.

Lo que resulta inadmisible es que gobiernos democráticos no aúnen criterios de resguardo para el fortalecimiento de lo que representan: la democracia. En este último ítem se debe inscribir –lamentablemente–lo que ocurrió esta semana cuando se le prohibió al radicalismo encabezado por el ex presidente Alfonsín y los hijos del doctor Arturo Illia realizar un acto dentro de la Casa de Gobierno, recordatorio del los 40 años del golpe de Estado que lo destituyó.

Más allá de las desinteligencias de protocolo, es importante que en la Argentina democrática las puertas de sus instituciones no sólo estén abiertas para los demócratas, sino además es deseable que no haya fechas diferenciables –cuando de democracia se trata– para peronistas, radicales, socialistas, comunistas.

Y si de importancia de resguardo de instituciones se habla, la aprobación o no del proyecto de ley del Ejecutivo que se hizo público el jueves 29 en horas de la noche pasará a ser un tema clave para el futuro institucional de Argentina.

Se trata de convertir al jefe de Gabinete en el relay del Congreso de la Nación, dado que los superpoderes que se le vienen otorgando al mismo pasarían a ser ley.

La modificación al artículo 37 de la Ley 24.156 de Administración Financiera y de los Sistemas de Control del Sector Público burla el accionar del Legislativo, ya que –de aprobarse– facultará al jefe de Gabinete a cambiar el presupuesto, reestructurándolo absolutamente con el único límite de no modificar el total del gasto que aprueba el Congreso.

Esta administración a voluntad de un solo individuo puede resultar correcta o no, pero igualmente termina perjudicando la salud de la República. De sancionarse esta iniciativa la discrecionalidad del jefe de Gabinete será tal que con sus decisiones se entrometerá en las provincias, en los municipios y obviamente que de su decisión dependerá el funcionamiento del propio Congreso, ya que también manejará su presupuesto.

No es novedad que el Congreso nacional en el gobierno de Kirchner pasa por su peor momento. Ahora, ¿serán capaces los hombres y mujeres de la política que lo integran de practicarse a sí mismos esta vasectomía o ligaduras de trompas –respectivamente– intelectual?

¿Qué impide que ante una urgencia en la necesidad de alterar el destino de una partida del Presupuesto sea el mismo Congreso quien la realice?

Esta angurria de poder que manifiestan las políticas del Ejecutivo, como el proyecto mencionado, minimizan logros importantes de su gestión. En esto último se inscribe la baja en los índices de desocupación que el propio presidente anunciase esta semana.

Un hecho importante que ocurrirá este próximo 4 de julio tiene su geografía en Venezuela. Hasta allí llegarán los presidentes del Mercosur, para que en el aniversario de la República Bolivariana se incorpore a Venezuela como miembro pleno del Mercosur. El gobierno de Chávez logró en un tiempo récord lo que México no pudo en mucho tiempo. Sin lugar a dudas es un gesto muy grande de Kirchner para con su amigo Chávez, dado que le cedió el protagonismo político del anuncio, que con toda lógica iba a realizarse en la Cumbre de Presidentes del 21 de julio en Córdoba. Queda claro, gracias a Kirchner, que “Chávez lo hizo”.

Mientras tanto, la región chica y grande sigue convulsionada. Bolivia dirime la polémica por la autonomía regional. México decide hoy quién va a ser su nuevo presidente. Perú insta a Washington para que el Capitolio apruebe su Tratado de Libre de Comercio. Lula observa cómo Kirchner, otrora compañero de ruta en los reclamos a Evo Morales por el precio del gas, acordó, dejando de lado una estrategia en común, su precio para la Argentina.

Mientras tanto los negocios siguen su curso.

Domingos atrás desde esta columna se dijo que los fabricantes de acero de América marcaron una estrategia conjunta en el 2004, para abastecer las treinta millones de toneladas anuales que hoy demanda China, más allá de las trescientas que ella misma produce. En esta línea se inscribe el paso dado por la empresa india Mittal Steel, que según trascendidos se habría quedado esta semana con la empresa Acindar.

La autora es rafaelina, es periodista, ejerció durante muchos años en radios de Rosario y ahora es asesora del diputado nacional Jorge Giorgetti.

Fuente El Ciudadano (Rosario) en www.politicaydesarrollo.com.ar

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*