Cincuentenario: una Iglesia joven, servidora de la vida

Se trata de la carta pastoral para la Cuaresma 2011 escrita por monseñor Carlos Franzini, obispo de la diócesis de Rafaela. Habla de la fe recibida de los mayores y cómo la estamos viviendo, el problema de las adicciones y un posible servicio de Gravida para las mujeres embarazadas contra su voluntad. Gesto solidario con las privaciones que serán destinadas a las obras comunitarias de Cáritas.

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Cincuentenario: una Iglesia joven, servidora de la vida

(Carta pastoral para la Cuaresma 2011)

“…Esta fe, que hemos recibido de la Iglesia, la conservamos con cuidado, porque sin cesar bajo la acción del Espíritu de Dios –como un depósito de gran valor contenido en un excelente recipiente- la fe rejuvenece y hace rejuvenecer al mismo recipiente que la contiene…”1

Queridos hermanos: 1. Al iniciar la Cuaresma del año jubilar con el que nos preparamos a celebrar nuestro cincuentenario como Iglesia particular de Rafaela vuelvo a ponerme en diálogo con todos ustedes a través de esta Carta, a fin de invitarlos a vivir este tiempo de gracia y conversión en comunión con el camino pastoral que venimos recorriendo con toda la Iglesia diocesana para ser más auténticos discípulos misioneros de Jesús Resucitado. La cita inicial de San Ireneo de Lyon, un santo obispo y mártir del siglo II, nos ayuda a tomar conciencia de la juventud de nuestra Iglesia diocesana que recién celebra sus primeros cincuenta años de existencia. Sin embargo para nosotros cincuenta años son muy importantes: son toda nuestra vida como Iglesia particular. Por eso queremos celebrar este aniversario y tratar de descubrir lo que Dios quiere decirnos con esta fecha tan significativa. 2. El año pasado, en la Carta Pastoral, les decía que “el cincuentenario de la diócesis nos debería encontrar en una renovada movilización espiritual que nos permita vivirlo en clave de misión…”2 En efecto, no se trata de una mera evocación histórica o de una ocasión para celebraciones festivas. Aunque repasemos nuestra historia y celebremos con alegría esta fecha lo más importante del cincuentenario será lo que Dios obre en nuestros corazones y en la comunidad diocesana toda para hacernos más dóciles a su Espíritu y más generosos en nuestra entrega al servicio de la misión. Como les decía en la Carta del año pasado citando el documento de Aparecida, “…conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y nuestras obras es nuestro gozo…”3 La “movilización” que buscamos se orienta a crecer en docilidad al Espíritu para renovar nuestra fe, afianzar el encuentro con Jesucristo y profundizar nuestro compromiso misionero y solidario, dando así cumplimiento a los objetivos pastorales que les he propuesto para estos años. 3. La renovación espiritual está en el dinamismo propio de la fe que, como enseña San Ireneo, “…rejuvenece y hace rejuvenecer al mismo recipiente que la contiene…”. Por eso lo primero que hemos de preguntarnos al celebrar este año jubilar es qué hemos hecho con el don de la fe recibido en nuestro bautismo. Entre nosotros lo más frecuente es que lo hayamos recibido en la familia, pero también somos deudores de muchos que –como una cadena espiritual- nos ponen en comunión con la fe de los Apóstoles. Nos enseña el Catecismo de la Iglesia Católica: “…Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de los creyentes. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros…”4. El empeño que venimos poniendo en la diócesis para renovar y vigorizar los procesos de Iniciación Cristiana apuntan precisamente en este sentido. Conscientes del don recibido y que hemos de transmitir, queremos ser cristianos de verdad, maduros, entusiastas, convencidos. Nos ayudará en este contexto hacer una lectura orante de la conocida parábola de los talentos (Mt 25,14-30). También será bueno tener presente que el Papa en un diálogo con periodistas, durante uno de sus últimos viajes, afirmó que en algunas partes del mundo “…La fe está en peligro de extinción como una llama que no encuentra alimento…”5 Al celebrar el cincuentenario de la diócesis podemos preguntarnos: ¿cómo está nuestra fe en este tiempo? Una fe débil, poco alimentada, poco fundada, vivida por costumbre o rutina no tiene futuro, como una llama que no encuentra alimento. Es una fe que no puede resistir los innumerables cuestionamientos de la vida y de la historia; es una fe inmadura que no se manifiesta en la propia vida, que no contagia ni entusiasma porque no hace arder el corazón ni ilumina la inteligencia. En definitiva es una fe incapaz de hacernos discípulos misioneros. 4. Pero, además, una fe débil y declinante en el orden personal tiene inevitables consecuencias en el orden social y cultural. Por eso el Papa en su mensaje para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud nos dice: “…La cultura actual, en algunas partes del mundo, sobre todo en Occidente, tiende a excluir a Dios, o a considerar la fe como un hecho privado, sin ninguna relevancia en la vida social. Aunque el conjunto de los valores, que son el fundamento de la sociedad, provenga del Evangelio –como el sentido de la dignidad de la persona, de la solidaridad, del trabajo y de la familia–, se constata una especie de “eclipse de Dios”, una cierta amnesia, más aún, un verdadero rechazo del cristianismo y una negación del tesoro de la fe recibida, con el riesgo de perder aquello que más profundamente nos caracteriza…”6 Tenemos suficientes elementos en nuestra realidad local, provincial y nacional como para constatar que la afirmación del Papa también nos incluye a nosotros y a la realidad en la que vivimos. Basten como ejemplo algunos hechos públicos de los últimos tiempos: algunos que se presentan como católicos y promovieron una legislación en abierta contradicción con nuestra fe en materia de matrimonio y familia; la indiferencia o el rechazo de otros a la insistente enseñanza de la Iglesia sobre la creciente pobreza e inequidad social; o bien, a nivel provincial, un proyecto de ley ingresado hace pocos meses en la legislatura que pretende suprimir los signos religiosos de los espacios públicos por considerarlos “ofensivos y discriminatorios”… Serios estudios sociológicos confirman la afirmación del Papa al constatar entre los argentinos una creciente tendencia entre los católicos a separar su vida y su fe, como si se tratara de realidades paralelas, que no tienen mutua incidencia. 5. El cincuentenario de la diócesis es una invitación de Dios para examinarnos y reconocer con sinceridad que al don de la fe recibida no siempre hemos sabido corresponder con gratitud y responsabilidad para afianzarla y comunicarla. Por ello en este tiempo de Cuaresma y a lo largo de todo el año jubilar tenemos la oportunidad de buscar un encuentro más profundo con el Señor y afianzar así nuestra fe. Para ello contamos con el Sacramento de la Reconciliación, celebrado con mayor frecuencia y mejor preparación; con la Palabra meditada y rezada cotidianamente (la “lectio divina”); también contamos con la oración, personal y comunitaria, que nos lleva a la Eucaristía celebrada y adorada con la mayor frecuencia posible; finalmente, el servicio fraterno nos permite encontrar al Señor pobre, débil, preso, enfermo o sufriente. En este marco valoramos especialmente el regalo que nos hace el Papa al ofrecernos durante este año el don de la indulgencia, con motivo de la visita de la imagen de nuestra patrona, la Virgen de Guadalupe, a todas las parroquias de la diócesis y también para quienes participen o se unan espiritualmente a la celebración de las misas de Pascua, de Corpus Christi y de la gran fiesta diocesana del lunes 10 de octubre. 6. En nuestro año jubilar de modo particular queremos reconocer y dar gracias a Dios por el don de la fe, ese “depósito de gran valor”, y por tantos hermanos nuestros que a lo largo de estos cincuenta años nos lo han entregado para que lo recibamos, lo asimilemos y lo entreguemos a otros. Recordemos a padres, abuelos, catequistas, sacerdotes, maestros y otros agentes pastorales. Pensemos en valores y costumbres que caracterizan nuestro estilo de vida, en tantas expresiones de la piedad popular, en las fiestas patronales de nuestros pueblos, en tantos signos religiosos que encontramos a lo largo y a lo ancho de nuestro inmenso territorio diocesano. Recordemos así mismo a las Iglesias que dieron origen a nuestra diócesis: la Arquidiócesis de Santa Fe y la diócesis de Reconquista, por mencionar sólo a las más inmediatas. ¡Cuánta vida de fe!, ¡cuánto fervor misionero!, ¡cuánta gratitud a esta gran familia, la Iglesia, a la que nos incorporamos por nuestro bautismo! 7. Reconocer y agradecer la fe recibida nos hace tomar conciencia de ser beneficiarios y deudores de una “Tradición”. Pero hemos de entender adecuadamente esta expresión. Con frecuencia asociamos tradición a lo viejo, lo que ya pasó, lo que de alguna manera está muerto. Sin embargo al hablar de “Tradición” en la Iglesia nos referimos a una realidad viva y dinámica, impulsada por el Espíritu Santo. Es el anuncio del Evangelio hecho vida que se va plasmando en la comunidad eclesial; es la realidad viviente de una fe que se recibe, se asimila y se transmite; es precisamente lo que mantiene a la Iglesia siempre viva y siempre joven. El encuentro con Jesucristo renueva la vida personal de cada cristiano y de la comunidad toda, le da un nuevo sentido a la vida y le muestra una orientación decisiva. Esta renovación desde lo más profundo es lo que la mantiene joven y capaz de dar permanente respuesta a las preguntas que hoy y siempre nos hacemos los hombres y mujeres de todo tiempo y de toda cultura. No se trata de una renovación como mero barniz superficial ni de adecuaciones a gustos o modas fugaces; no se trata de ser simpáticos o demagogos para que nos acepten; mucho menos de claudicar ante valores no negociables. Más bien se trata de afianzar una fe que nos identifica de manera creciente con Aquél que dice de sí mismo: “Yo hago nuevas todas la cosas…” (Ap 21, 5b), y en su eterna novedad rejuvenece constantemente a su Esposa, la Iglesia. 8. Conscientes de la responsabilidad que entraña haber recibido el don de la fe nos sentimos urgidos a cuidar y profundizar cada día más este regalo pero también nos vemos estimulados a compartirla con otros ya que la fe crece dándola. Por eso decimos que no se puede ser discípulo sin ser misionero. Sería una tremenda injusticia privar a nuestros niños y jóvenes de la fe que nosotros recibimos. La familia, que es la primera educadora de la fe, tiene en este sentido una gravísima responsabilidad. Pero a todos nos cabe nuestra parte. Por eso como Iglesia diocesana estamos empeñados en favorecer una pastoral familiar más seria e incisiva y una pastoral juvenil más audaz y perseverante. Sin familias genuinamente cristianas, pequeñas Iglesias donde la fe se vive y se celebra cotidianamente, no hay posibilidad de una transmisión de la fe lograda y profunda. De aquí la importancia de desarrollar cada vez más y mejor la catequesis familiar, buscando con creatividad nuevos caminos, con realismo y atendiendo a las nuevas situaciones familiares. Sin una pastoral juvenil que llegue al corazón de los jóvenes y les muestre con entusiasmo la alegría de la fe, no se pueden esperar comunidades vivas ni dinámicas. El Papa recuerda a los jóvenes, y a todos nosotros, en su Mensaje ya citado: “…Ustedes, jóvenes, tienen el derecho de recibir de las generaciones que los preceden puntos firmes para hacer sus opciones y construir su vida, del mismo modo que una planta pequeña necesita un apoyo sólido hasta que crezcan sus raíces, para convertirse en un árbol robusto, capaz de dar fruto…” 9. Un testigo elocuente de cuanto venimos reflexionando ha sido Juan Pablo II, que muy pronto será beatificado. Él, anciano y enfermo, paradójicamente fue capaz de conquistar el corazón de millones de jóvenes no con discursos permisivos o propuestas frívolas sino con la arrolladora fuerza de una fe honda y arraigada, propuesta a los jóvenes con sencillez y firmeza, testimoniada hasta el momento final de su vida terrena. Él intuyó la necesidad de que la Iglesia exprese en gestos concretos este itinerario de transmisión de la fe de generación en generación y por eso –entre otras iniciativas- instituyó las Jornadas Mundiales de la Juventud. Su sucesor Benedicto XVI ha continuado con esta tradición y vuelve a convocar a los jóvenes de todo el mundo a la Jornada Mundial que se desarrollará este año en el mes de agosto en Madrid (España). Como Iglesia diocesana queremos acompañar en este año cincuentenario el compromiso de la Iglesia Universal en favor de los jóvenes. Por eso la fiesta diocesana del cincuentenario, el lunes 10 de octubre, estará precedida por un nuevo Encuentro Diocesano de Jóvenes que hemos de preparar y acompañar desde ahora. Como les decía en mi Carta Pastoral del año pasado: “…La pastoral juvenil no es sólo “cuestión de los jóvenes” sino de todos los miembros de la comunidad, cada uno según su lugar y responsabilidad en ella. En primer lugar de los pastores, pero también de los demás agentes pastorales, cada uno según sus carismas y posibilidades, pero todos igualmente comprometidos e interesados por este objetivo, que es de todos. Si realmente estamos preocupados por una realidad juvenil cada vez más desafiante, todos debemos sentirnos estimulados a ir buscando, con la ayuda de Dios, las respuestas nuevas y creativas que estamos necesitando…”7 10. La Iglesia joven, conducida por el Señor de la Vida, el eternamente joven, se siente especialmente comprometida en el servicio a la vida y, por ello, en el servicio a los jóvenes. Y esto por ser coherente con la fe recibida de los mayores. Nos decían los obispos argentinos en una reciente declaración: “… Por eso, como pastores y ciudadanos, queremos reafirmar, en este camino del Bicentenario y de modo especial durante el 2011, la necesidad imperiosa de priorizar en nuestra patria el derecho a la vida en todas sus manifestaciones, poniendo especial atención en los niños por nacer, como en nuestros hermanos que crecen en la pobreza y marginalidad. Estamos convencidos de que no podremos construir una Nación que nos incluya a todos si no prevalece en nuestro proyecto de país el derecho primario de toda persona sin excepción: el derecho a la vida desde la concepción, protegiendo la vida de la madre embarazada, y, potenciando el vínculo madre-hijo a fin de cuidar su calidad de vida hasta la muerte natural. Debemos encontrar caminos para cuidar la vida de la madre y del hijo por nacer, y así, salvar a los dos. Alentamos, entonces, a todos los argentinos a realizar una opción sincera, madura y comprometida por la vida garantizando la protección de este derecho fundamental sin el cual no podremos edificar el país que anhelamos…”8 11. En sintonía con la propuesta de la Conferencia Episcopal Argentina para este “año de la vida”, nuestra Iglesia diocesana quiere celebrar su cincuentenario comprometiéndose en favor de la vida, no sólo mirando agradecidos hacia atrás sino también pensando en los que vendrán. La misión familiar, la misión joven y la misión solidaria que nos hemos propuesto para los próximos años será la mejor manera de brindar este servicio en favor de la vida, sobretodo donde esté más amenazada. A toda la riqueza del don recibido hay que corresponder con una profundización del camino pastoral que venimos recorriendo. Como signo de una fe madura que se hace gesto solidario me animo a proponerles al inicio de esta Cuaresma del año jubilar algunos caminos muy concretos para plasmar esta respuesta que de cauce a las misiones familiar, joven y solidaria en este servicio a la vida. 12. Ante todo Caritas nos ofrece la posibilidad de canalizar el fruto de nuestras privaciones y ayunos a través del gesto solidario de Cuaresma. Si nuestra solidaridad no se expresa también en desprendimiento y aporte económico es todavía insuficiente. En cada parroquia, escuela y movimiento eclesial habrán de encontrar la forma de hacer cada vez más accesible este gesto comunitario a la mayor cantidad posible de fieles y a tantos hombres y mujeres de buena voluntad que, aún sin compartir nuestra fe, apoyan los emprendimientos solidarios de la Iglesia. Al gesto cuaresmal deberíamos acompañarlo con un renovado compromiso personal y comunitario por desarrollar cada día más el rostro solidario de nuestra Iglesia.9 Más concretamente para este año jubilar les recuerdo cuanto ya les proponía en la Pascua de 2009: celebrar el cincuentenario con gestos solidarios de cada comunidad cristiana.10 13. En la Carta Pastoral del año pasado les invitaba a “…buscar al joven que ha quedado al margen del camino, víctima de la desocupación, el alcohol, la droga y otras formas de exclusión social…” En la diócesis venimos dando algunos pasos para ir al encuentro de los jóvenes más alejados. Una expresión de esta búsqueda son los encuentros de impacto para adolescentes, que queremos incluir en nuestra pastoral juvenil ordinaria. Es muy importante que en todas las comunidades parroquiales se aproveche este espacio evangelizador que responde a una necesidad sentida por muchos. También queremos encarar de manera seria y sistemática la pastoral de las adicciones. Una hermosa manera de vivir la Cuaresma y todo el año jubilar será interesarnos por este servicio pastoral y disponernos, cada uno según sus dones y posibilidades, a apoyar el empeño de la comunidad cristiana para responder a este flagelo de nuestro tiempo que a todos nos “toca” de cerca. 14. Finalmente, en este “año de la vida” queremos como Iglesia diocesana prestar mayor atención pastoral a las jóvenes embarazadas contra su voluntad. Mientras algunas voces interesadas reivindican el supuesto “derecho” al aborto, nosotros queremos reafirmar el valor de la vida humana desde el primer instante de la concepción. Y por ello queremos comprometernos especialmente con las madres que, por distintos motivos, pudieran estar tentadas de recurrir a esta “trágica solución”. El aborto es siempre una tragedia y queremos evitarlo ayudando a las jóvenes madres y a los hijos que llevan en su seno. Por eso hemos iniciado conversaciones para establecer entre nosotros el servicio de GRAVIDA, que tanto bien está haciendo en distintos lugares del país en favor de la vida naciente y de las jóvenes madres embarazadas. El interés y apoyo que brindemos a esta iniciativa pastoral será también una excelente manera de testimoniar nuestra fe en el Señor de la Vida y nuestro compromiso en este año jubilar con los jóvenes y las jóvenes que han quedado “al margen del camino”. 15. La llamada a la conversión en esta Cuaresma del año jubilar resuena para todos nosotros como una invitación tierna y exigente del Señor que nos quiere creyentes, entusiastas y convencidos: “…Yo estoy junto a la puerta y llamo; si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su casa y comeremos juntos…” (Ap 3,20). Se trata de una llamada a renovar nuestra fe para vivirla con coherencia creciente y apertura generosa a la misión. Al desearles una muy fecunda Cuaresma pido al Señor de la Vida que toque el corazón de cada uno de nosotros y de nuestras comunidades para que al celebrar la Pascua podamos salir con gozo a anunciar a todos, pero especialmente a los más jóvenes: “…!Es verdad, el Señor ha resucitado¡…” (Lc 24,34) Los saludo y bendigo con afecto y los encomiendo al cuidado de nuestra Madre de Guadalupe y de San José,

  • Carlos María Franzini Obispo de Rafaela Cuaresma 2011

1 San Ireneo de Lyon (fines del siglo II): Contra las herejías, II, 24, I. 2 Franzini, Carlos María: Cincuenta años de vida diocesana en clave de misión (Carta Pastoral de Cuaresma 2010), nº 3. 3 Vª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe; Documento conclusivo nº 29. 4 Catecismo de la Iglesia Católica nº 166 5 Citado por Vittorio Messori en su artículo El inmutable destino de la Iglesia (publicado en Corriere della sera; 7/7/10). 6 Benedicto XVI: Mensaje para la XXVI Jornada Mundial de la Juventud (Del Vaticano, 6/8/10) 7 Franzini, Carlos María: Cincuenta años de vida diocesana en clave de misión (Carta Pastoral de Cuaresma 2010), nº 18. 8 Conferencia Episcopal Argentina; declaración de la Comisión Ejecutiva, 14/10/10. 9 Cfr. Franzini, Carlos María: Cincuenta años de vida diocesana en clave de misión (Carta Pastoral de Cuaresma 2010), nº 22 10 Cfr. Franzini, Carlos María: Iglesia diocesana: memoria, presencia y profecía (Carta pastoral de Pascua 2009), nº 16

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