Chiara Lubich, promotora de la paz

Se trata del editorial del programa “Sábado 100” por radio Mitre Rafaela (FM 91,9), que conduce Emilio Grande (h.). Mensajera de paz y diálogo, Lubich tuvo la intuición de fundar uno de los movimientos más innovadores del mundo eclesiástico, que hoy está presente en casi todo el planeta (incluso la Argentina), con 780 comunidades desparramadas por todo el mundo.

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Mientras hay conflictos armados en distintos lugares del mundo, recientemente, a los 88 años murió en Roma Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares. Era una persona muy conocida no sólo en Italia sino fuera del país. Desde todo el mundo, de parte de líderes religiosos, políticos, académicos, pero también de parte de gente común, llegaron cientos de mensajes de pesar. Mensajera de paz y diálogo, Lubich tuvo la intuición de fundar uno de los movimientos más innovadores del mundo eclesiástico, que hoy está presente en casi todo el planeta (incluso la Argentina), con 780 comunidades desparramadas por todo el mundo. Los Focolares cuentan con 140.000 miembros activos y más de seis millones de adherentes. Muy amiga de Karol Wojtyla, que tenía su misma edad, e hija de un tipógrafo que perdió su empleo por sus ideas socialistas, Lubich nació en Trento, el 22 de enero de 1920, con el nombre de Silvia, que cambió por Chiara por Santa Clara de Asís. Trabajó como profesora para pagarse los estudios de Filosofía en Venecia. Mientras caían sobre su ciudad las bombas de la II Guerra Mundial en 1943, fundó el Movimiento de los Focolares, con el objetivo de “redescubrir los valores evangélicos y poner en común los bienes para reducir las desigualdades”. Los tres pilares de su movimiento, que enseguida se fue extendiendo por el mundo, fueron unidad, paz y diálogo entre los pueblos. La primera aprobación oficial del movimiento se dio en 1962 por el papa Juan XXIII. Sus estatutos fueron aprobados en 1990 por Juan Pablo II. En 1996, en París, Lubich recibió el Premio por la Educación a la Paz de la Unesco. En abril de 1998, visitó la Argentina, donde fue distinguida como ciudadana ilustre de la ciudad de Buenos Aires y reconocida con el doctorado honoris causa de la Universidad de Buenos Aires (UBA), por su prolífica actividad a favor del diálogo intercultural e interreligioso. “Les aconsejo que aquí se abran a todos los diálogos. Un diálogo a 360 grados, que significa amar a todos…”, dijo Lubich en 1998. La sugerencia de la fundadora fue seguida al pie de la letra. En los últimos años los Focolares se han destacado por su participación en los ámbitos político, económico y cultural y en el diálogo interreligioso y ecuménico. Presente en el país desde comienzos de los años 60, ese movimiento se ha expandido a centenares de ciudades. Actualmente adhieren unas 20.000 personas de todas las edades. Tiene una editorial, Ciudad Nueva, y casas, en las que viven personas consagradas y en torno a las cuales se organizan las comunidades, en Buenos Aires, Mendoza, Córdoba, Rosario, Bahía Blanca y Neuquén. Rafaela también tiene focolares. Desde 1968 tienen en O Higgins, Buenos Aires, una “Mariápolis”, “que se rige por el mandamiento del amor recíproco”. Es un polo industrial relacionado con el proyecto focolarino “Economía de comunión” al que adhieren empresarios argentinos y que apunta a una economía empresaria solidaria y dispuesta a ayudar a los más necesitados. En definitiva, Lubich apuntó al diálogo para construir la civilización del amor, materia pendiente en la Argentina, ya que falta practicarlo en su verdadera dimensión.

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