Buscar la verdad completa de los 70

Por Emilio Grande (h.).- Entre el aniversario del último golpe militar y el polémico fallo del 2×1 de la Corte volvió a aflorar la compleja problemática sobre los derechos humanos en la Argentina, muchas veces politizada en términos partidarios. Entre el aniversario del último golpe militar y el polémico fallo del 2×1 de la Corte volvió a aflorar la compleja problemática sobre los derechos humanos en la Argentina, muchas veces politizada en términos partidarios. ¿La represión del Estado nacional a sectores militantes de distintas extracciones políticas empezó el 24 de marzo? Ciertamente, antes del 24 de marzo de 1976 el gobierno constitucional de Isabel Perón fue “preparando” un terreno de persecuciones con aquellos que pensaban diferente, apoyado por sectores reaccionarios que desplazaron a la militancia de izquierda. ¿Qué responsabilidad le cabe a los dirigentes de izquierda en aquel proceso histórico en el que muchos jóvenes utilizaron armas como metodología? ¿Hacen una autocrítica las organizaciones de derechos humanos sobre su apego al kirchnerismo de los últimos años? A decir verdad, el golpe militar significó un retroceso sobre los derechos humanos porque se violaron los derechos constitucionales más elementales y se avasallaron las instituciones, que contó lamentablemente con el consenso de buena parte de la dirigencia política, social, religiosa y de la sociedad civil de aquel momento. En el plano económico se aplicaron políticas liberales que profundizaron la exclusión social. Además se instauró un terrorismo de Estado en el que se llevó adelante un plan sistemático de exterminio con métodos de tortura, secuestro, desaparición y robo de bebés, totalizando unos 22.000 crímenes admitidos por el propio Ejército, según documentos desclasificados en Estados Unidos hasta 1978. Conviene contextualizar los años previos a 1976 en el marco de una violenta década del setenta en la que murieron miles de personas inocentes. Venía operando una guerrilla con Montoneros, ERP y FAR, entre otras organizaciones, cuyo objetivo era cambiar el sistema político a través de la lucha armada, con asesinatos emblemáticos como el militar Aramburu, el sindicalista Rucci, el ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29 en Formosa, entre otros. Eran años de una brutal interna del Partido Justicialista con dos posiciones antagónicas muy marcadas a tal punto que en el regreso fallido de Perón en 1972 se produjo una balacera en Ezeiza entre ambos bandos: la derecha motorizada por López Rega con la Triple A y los sectores de izquierda, para determinar quién mostraba mayor movilización ante el General. En 1983 volvió la democracia y el presidente Alfonsín tomó la decisión política de enjuiciar a los militares por los violaciones cometidas, que se enriqueció con la CONADEP que mejoró la calidad de las pruebas en base a testimonios de detenidos torturados. Para destacar el juicio a las juntas militares con el fallo histórico de 1985, condenando a las juntas militares y de rangos menores, pero no se utilizó la misma vara con los dirigentes guerrilleros, quienes robaron y mataron, pero no fueron juzgados. Luego vinieron las leyes de punto final y obediencia debida y los indultos, que luego fueron derogados hace unos años atrás. La memoria es indispensable para recordar lo que fueron aquellos años violentos y el “nunca más” debe ser la bandera a defender para seguir reclamando justicia y verdad. En clave cristiana, tiene que brotar un espíritu de reconciliación entre los argentinos para cicatrizar los rencores y los resentimientos. Los responsables deben arrepentirse del pasado reciente y la sociedad asimilar el aprendizaje que brinda la historia para no volver a repetir los errores…

Fuente: diario La Opinión, Rafaela, 12 de mayo de 2017.

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