Aún sin políticas ante la crisis

De toda crisis se sale con pérdidas notables, con fracaso de mucha gente, con gran dolor… pero un día se sale… Acortar los tiempos depende de las decisiones políticas.

Por María Herminia Grande (Rosario)

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Se dijo por esta misma columna la semana pasada: Argentina entró en recesión en setiembre del 2008, y Santa Fe, un tiempo antes. Cuando la caja no está tan sólida y los principios políticos raquíticos, el gobierno se resiente; a un año de un grave error político: el enfrentamiento gobierno-campo. El costo de esta equivocación imposibilitó que Argentina llegue mejor posicionada a la crisis mundial. Todo fue pérdida y seguirá siéndolo, mientras la palabra retenciones esté excluida de todo diálogo. Sólo por la sequía la producción de la campaña agrícola 2008/2009 caerá 28 por ciento, a 64,4 millones de toneladas. Esto significa una pérdida de u$s 6.200 millones. Cercano al 2,2 por ciento del PBI. Y si a esto le sumamos una caída aproximada del 5 por ciento del PBI por la crisis del campo, y un 14 por ciento por la estatización de los fondos de las AFJP, se estaría orillando la peligrosa caída del PBI del 23 por ciento en el 2001… Y el gobierno debe contabilizar $ 5.400 millones menos en concepto de derechos de exportación. Esta caída resta recursos para impulsar la actividad económica, si fuera lo buscado. Como dice el doctor Cortés Conde: “La Argentina no está sufriendo sólo la crisis internacional, estaba ya desde antes en problemas serios. Teníamos un gasto que duplicaba el ingreso; en base a ese viento de cola que fueron los altos precios de las commodities, no se quiso enfriar la economía. No se hizo lo que en Chile, un fondo anticíclico. Además si bien Argentina tenía superávit primario, si se analizan bien las cuentas ya no teníamos superávit total y el modelo, basado en un tipo de cambio competitivo y los superávit de cuenta corriente y fiscal, en realidad estaba haciendo agua desde el 2005 y el 2006. Teníamos un problema fiscal serio, y una inflación que se quiso controlar de la forma más absurda que pudo haberse pensado, que terminó siendo la falsificación de la información del Indec…

El gobierno habla de políticas keynesianas… Pero ¿qué decía Keynes?: “En momentos de expansión económica hay que ahorrar. En momentos de recesión hay que tener déficit. Ese déficit lo va a financiar con deuda o con emisión monetaria”. ¿Qué pasa en Argentina? No podemos tener deuda porque nadie nos presta, por lo tanto no podemos tener déficit. Y desde el punto de vista de la emisión el problema es como dice el doctor Cortés Conde: “Argentina devaluó el peso un 10 por ciento y no hizo una devaluación fuerte como Brasil, Chile o México de alrededor del 30 por ciento. ¿Por qué? Porque dada la falta de confianza que hay en Argentina, si se emite y devalúa el peso, toda esa emisión no va al gasto, va al dólar. Esta es la historia de Argentina”.

Al mundo no le va mejor. Siguen conociéndose datos negativos acerca de la economía norteamericana: el PBI en el cuarto trimestre cayó anualizadamente 6,2 por ciento, las ventas de casas se desplomaron 10,2 por ciento en enero y el desempleo alcanzó 8,1 por ciento, la cifra más alta en 25 años. Este lunes las caídas de las Bolsas fueron catastróficas. En la reunión del G-20 y en todas las reuniones internacionales, se debería impulsar un acuerdo de comercialización mundial, para evitar una depresión, que acarrearía varios años de caída pronunciada del producto y del empleo…

¿Si la confianza cotizase en Bolsa, cuánto pagaría? Hoy el mundo –y nuestro país en él– sufre la mayor crisis de desconfianza que se pueda recordar. Hace tiempo veníamos señalando la pobreza de liderazgo internacional: político y espiritual, ¡si hasta Juan Pablo II se murió!

Pero en la vida de los pueblos, como en la de sus ciudadanos, es obligación seguir.

La estrategia del gobierno argentino no debiera ser cómo ganar elecciones; la táctica utilizada en Catamarca fue cruel para el oficialismo nacional; sino cómo ganar respeto social en los tres años que le quedan por delante.

Esta semana debieron iniciarse las clases a nivel secundario en todo el país, en 10 provincias no comenzaron. ¿Por qué no se subsidia a la educación? ¿Por qué no se pagan a los docentes sueldos tan dignos como a los jueces de la Nación? ¿Por qué no se dota a las escuelas de la infraestructura que la dignidad del aprendizaje merece? ¿Acaso no es la educación la fábrica más importante de un país? ¿No es la que –bien impartida–, garantiza el mayor valor agregado con lo que Argentina luego competirá en el mundo? ¿Acaso no es la educación la que logrará la distribución más justa del conocimiento?… La que permite alejar a la pobreza… la que acerca el trabajo digno… la que acorrala a la violencia. La que finalmente pone en el horizonte del futuro dirigencia apta para el destino de un país sin corrupción, madre de todos los males.

Lula eligió. Construirá un millón de viviendas absolutamente subsidiadas. Sus futuros dueños pagarán a razón de 7 dólares mensuales. Generará trabajo atacando la alta desocupación, y dará respuesta a uno de los derechos irrenunciables de toda persona: su vivienda. Los presidentes Kirchner pueden hacerlo…

No pareciese la mejor reacción ante esta crisis congregar al cuerpo diplomático argentino, con el objetivo de instruirlo acerca de las bondades de la producción argentina y la necesidad de ganar mercados. Cuando fueron esos mismos diplomáticos los que no tuvieron respuestas en muchos casos, cuando Argentina incumplió sus compromisos con terceros países, al cerrar sus mercados. Pero fundamentalmente es un esfuerzo innecesario dado que la Fundación Exportar reúne a todos los actores imprescindibles de lo público y lo privado para tal fin. En este ámbito no es necesario explicar las bondades de las cadenas de valor.

De toda crisis se sale con pérdidas notables, con fracaso de mucha gente, con gran dolor… pero un día se sale… Acortar los tiempos depende de las decisiones políticas.

Por María Herminia Grande

Fuente: diario La Capital, Rosario, 12 de marzo de 2009.

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