Asedio a la prensa: qué hay detrás de la estrategia K

Desde el Gobierno se asegura que no hay un plan montado detrás de la andanada de ataques a diarios y periodistas, pero la virulencia y coordinación de la embestida sugieren otras lecturas.

Por Laura Di Marco

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La cuerda volvió a tensarse entre los medios y el poder, como cada vez que la prensa independiente expone hechos y opiniones que el cristal oficial preferiría no dar a conocer.

Esta vez fue tan contundente la embestida gubernamental y tan alineada la escalada discursiva tras las acusaciones de la senadora Kirchner contra el periodismo, que la inquietud y las preguntas fueron inevitables. Preguntas que no responde la remanida explicación sobre el temperamental estilo de la pareja presidencial.

¿La cercanía de 2007 obliga al oficialismo a barajar y dar de nuevo en la estrategia mediática? En una palabra, ¿por qué esta confrontación, aquí y ahora? ¿Es parte de una estrategia a futuro esta repentina agudización de las diferencias con la prensa?

El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, integrante de “la mesa chica” del kirchnerismo y habitual vocero oficioso del Gobierno, asegura en diálogo con LA NACION que no se trata de “ataques” y niega cualquier tipo de intencionalidad en los episodios recientes. “La prensa tiene un parecer; nosotros otro -simplifica-. Y lo que hacemos es dejar al descubierto las contradicciones de los periodistas, como muchas veces ustedes a nosotros nos marcan nuestras contradicciones. Es lo que hizo Cristina, y no me parece tan grave.”

Sin embargo, no hay que ponerse demasiado suspicaz para relacionar el enojo del matrimonio presidencial contra los medios con las críticas de éstos a la llamada ley de superpoderes y al tipo de reglamentación que se propone para los decretos de necesidad y urgencia, dos temas que erizan la sensibilidad del oficialismo. La respuesta que esta semana lideró la senadora Kirchner fue para muchos una variante del famoso “no hay mejor defensa que un buen ataque”: justo cuando arreciaban las críticas a sus propuestas, qué mejor estrategia que desacreditar al mensajero.

También algunos observadores y varios opositores dicen que con esta crisis se busca preparar el terreno para una nueva ley de radiodifusión. Rosendo Fraga, en cambio, afirma que la hipersensibilidad oficial está vinculada con la mediática aparición de Roberto Lavagna como posible candidato opositor. Y para los que han seguido la trayectoria política del matrimonnio Kirchner desde sus comienzos en su Santa Cruz, esto no es más que la continuidad de una forma de hacer política.

¿Y no le parece a Fernández una forma de abuso de poder, en el marco de una confrontación tan desigual? No, asegura, tajante. “A ver, pongámonos de acuerdo. Siempre piden que no se hable en general porque se salpica a todos. Muy bien, entonces la senadora Kirchner los nombró puntualmente y ahora dicen que eso también es grave. Entonces, ¿cómo quieren que señalemos estas contradicciones, en abstracto o en concreto? Cuando pregunto a los periodistas, me dicen: ´en concreto . Bueno, eso es lo que hicimos.”

Pese a que el oficialismo se niega a hablar de cierto grado de hostilidad con la prensa independiente, hay varios puntos urticantes. Esta semana no dejó sólo frases crispadas: la Cámara de Diputados bonaerense votó este jueves un proyecto de declaración donde reclama la investigación de los empresarios periodísticos sospechados de complicidad durante la dictadura mediante la presecución de trabajadores. Una iniciativa que el Frente para la Victoria bonaerense -dirigido por el líder piquetero Fernando Navarro- dice haber coordinado con el presidente Kirchner.

Otro tema poco claro es la por lo menos desprolija distribución de la pauta publicitaria, aunque el ministro Fernández dice que hay un error en los cálculos que dio a conocer recientemente Poder Ciudadano. El Gobierno, asegura, distribuye por “grupo” y no por diario. Sin embargo, no pudo demostrar con números esta supuesta equivocación de la ONG que aboga por la transparencia institucional.

También el alejamiento de Víctor Hugo Morales del noticiero de ATC esta semana, que se sumó al despido de Pepe Eliaschev de Radio Nacional meses atrás -dos periodistas de marcado perfil independiente en medios del Estado-, y la negativa a dar conferencias de prensa y entrevistas por parte del matrimonio Kirchner sugieren que el zumbido del periodismo está molestando demasiado.

“Eso no es cierto -dice Fernández-; en verdad, nosotros hacemos lo mismo que ustedes.” Lo explica: “Ustedes, los periodistas, no trabajarían en ciertos medios porque los descalifican. Y, bueno, nosotros calificamos también: hablamos con quien nos parece más serio. Yo le he dado muchos reportajes a LA NACION, por ejemplo, y sé que piensa distinto, no estamos de acuerdo, pero tiene honestidad intelectual. Estoy hablando ahora y sé que no hay un diario más claramente opositor en Argentina que LA NACION.”

-¿Opositor o crítico?

-Crítico.

Explicó, también, los motivos por los cuales supone que Kirchner nunca le concedió una entrevista a este diario: “Habrá entendido que no corresponde, que no tiene sentido o que no cambia nada. Igual, los diarios en donde no habla el Presidente siguen diciendo lo que se les ocurre”.

El núcleo duro de este gobierno es, en verdad, muy endogámico. Se reduce al Presidente, su esposa, Fernández,Carlos Zannini y, a veces, Julio De Vido. Entre ellos deciden rumbos y estrategias.

Es verdad que hay consultores con quienes la senadora y el Presidente conversan. Con Carlos “Chacho” Alvarez, por ejemplo, el Presidente intercambia ideas en los viajes. El escritor José Pablo Feinmann reflexionó sobre algunos temas con Kirchner en mayo; de esa reunión también participó Alberto Fernández. El periodista Horacio Verbitsky también es consultado. Con Héctor Timmerman, la senadora saca conclusiones sobre cuestiones vinculadas a los medios. José Num, el secretario de Cultura de la Nación, es uno de los referentes intelectuales del matrimonio presidencial, aunque, según aclaró, “sólo conversamos de temas políticos, no de medios”. La aclaración vale porque Nun es, en verdad, un analista de estrategia mediática. También porque últimamente se mostró muy alineado a la posición del kirchnerismo en su pelea con los medios. Opinó, por ejemplo, que el tema de los superpoderes es una “una táctica propagandística de la prensa” y, fiel al estilo presidencial, criticó que “los logros palpables del Gobierno no se reflejan en los titulares de los periódicos”.

Feinmann considera que tanto los medios como el Gobierno están en una “posición muy dura”. Y propuso saldar las asperezas haciendo una conferencia de prensa abierta. “Creo que sería una experiencia interesante.”

“Cuando Kirchner ganó las elecciones -dice Verbitsky-, a pedido de la Asociación Periodistas le pedí que desistiera de un juicio contra un columnista de Santa Cruz, al que defendíamos en la justicia. Cuando lo hizo, le acerqué también en nombre de Periodistas el proyecto de despenalización de calumnias e injurias contra funcionarios, que sigo impulsando, ahora desde el CELS. Este año, finalmente, Kirchner prometió que lo iba a asumir e incluso fijó dos fechas posibles. Como ya pasaron y no lo hizo, escribí el domingo pasado en Página/12 que Kirchner ironiza acerca de la concentración de la propiedad de los medios, pero nada ha hecho para restringirla, sino todo lo contrario, con la escandalosa prórroga por una década de las licencias de radio y televisión. También puede distinguir entre la libertad de prensa y la de empresa, entre los propietarios de medios y los periodistas. Pero eso será pura retórica mientras siga faltando a su palabra de impulsar aquella despenalización, que no favorecería a los patrones sino a los trabajadores de prensa. El jueves 13 me dijo que era cierto, que no se ofendía por la verdad y que le resultaba útil, ratificó el compromiso de la despenalización y me reclamó que cuando lo llevara a cabo también lo escribiera, cosa que haré si él cumple. Con la senadora Kirchner nunca hablé de estos temas. Me parece legítima la discusión que planteó sobre el contenido de ciertos artículos periodísticos. También he expresado, privada y públicamente, mi desacuerdo con la exclusión de Perfil y Noticias de la pauta publicitaria oficial. Me preocupa la lectura sesgada que algunos intendentes conurbanos pueden hacer, tanto de las válidas críticas como de las arbitrarias exclusiones, y las consecuencias posibles sobre débiles medios locales.”

Para el ministro Fernández, en cambio, la cuestión es cristalina: “Aquí no hay estrategias -asegura-; la diferencia es que nosotros hablamos frontalmente. No mandamos emisarios, no tenemos reuniones secretas, y no pagamos periodistas.”

En algún momento de esta semana también se pensó que tal vez la secuencia de exabruptos oficiales contra el periodismo estaba buscando preparar el terreno para sancionar una nueva ley de radiodifusión.

“Una nueva ley de radiodifusión es uno de los tres temas que más le interesan al Gobierno pensando en 2007”, evalúa el analista Gustavo Martínez Pandiani, decano de la facultad de Comunicación Social de la Universidad del Salvador.

En verdad, en unas dos o tres semanas, el oficialismo estaría en condiciones de tratar en la comisión de Comunicaciones de la Cámara Baja un nuevo proyecto de ley de radiodifusión en el que viene trabajando Osvaldo Nemirovsky, junto con Miguel Bonasso, desde hace tiempo. Una eventual nueva ley podría potencialmente modificar el otorgamiento de las licencias a radios y canales de televisión.

“Es cierto que la ley hay que modificarla porque viene de la dictadura -adelante el macrista Cristian Ritondo, integrante de la Comisión-, pero lo que no queremos es que termine siendo un proyecto que atente contra la libertad de expresión o resulte extorsivo para los propietarios de los medios”. Algunos conspicuos personajes del entorno presidencial aseguran que las encuestas señalan que la imagen de los medios “está en caída libre”. En otras palabras, que entre Kirchner y los periodistas, la gente le cree a Kirchner. ¿Se habrán animado a más en el Gobierno con esas supuestas encuestas en la mano?

Rosendo Fraga refuta esas explicaciones. En primer lugar porque según los sondeos de su consultora los medios de comunicación y la Iglesia católica vienen teniendo la mejor imagen en la opinión pública desde hace más de una década, y eso no se ha modificado.

Pero además, para Fraga, la destemplada reacción gubernamental puede entenderse mejor si se pone en sintonía con un nombre: Roberto Lavagna, el hombre que reapareció en el centro de la escena política como la promesa unificadora de una oposición desarticulada. Algo que ocupó gran espacio en la prensa gráfica durante las últimas semanas. Fraga enfatiza: “Los medios son, en el corto plazo, el único límite concreto a la acumulación de poder del kirchnerismo”.

Modelo Santa Cruz

Es que, si de controlar a los medios se trata, hay que buscar las claves del presente en la lejana Santa Cruz, en los noventa, y aún más allá, incluso cuando Kirchner era intendente de Río Gallegos. La relación de la pareja presidencial con los medios santacruceños parece un calco en miniatura de lo que hoy sucede entre el periodismo y el poder K, en el nivel nacional.

Los santacruceños recuerdan que, durante algunos años, cuando era gobernador, Kirchner daba conferencias de prensa, pero, si una pregunta le molestaba, simplemente daba vuelta la cara y dejaba al cronista molesto con la palabra en la boca. Después, directamente las suspendió y cuando quería decir algo, llamaba a la oficina del Canal 9 provincial, y a dos o tres periodistas “amigos”, un método que le resultaba más confiable.

Los retiros de la publicidad oficial a los medios cuando se ponían críticos -como Tiempo Sur, propiedad Héctor Kalmus- eran moneda corriente, como también la remoción de periodistas que no coreaban loas al oficialismo. Eso le sucedió a Héctor Barabino, a quien en mayo pasado le levantaron su programa “Séptimo Día”, que llevaba diez años en LU12, la AM de Río Gallegos, propiedad de la familia Segovia junto con el diario La Opinión Austral.

“La comunicación por parte de los directivos de la radio fue sin ocultamientos -relata Barabino-. Me dijeron que el programa se tenía que levantar porque si no el Gobierno retiraba toda la publicidad oficial, que canaliza a través del diario.”

Claro que en este entramado falta un personaje emblemático: el empresario multimedia Rudy Ulloa Igor, quien fue crecimiento en el mundo de los medios, a medida que Kirchner lo hacía en el de la política santacruceña y, en la nacional. Para tener una idea de qué hablamos, digamos que a finales de los sesenta, Ulloa Igor era canillita, luego fue cadete en el estudio jurídico del joven abogado Kirchner y actualmente es propietario de un multimedio en Santa Cruz: tiene un diario de distribución gratuita, El Periódico Austral, la radio FM El Carmen -con ella comenzó, en el 97, en una barriada pobre- y dos productoras locales “Cielo” y “Sky”. Además, explota la señal local de Canal 2, de Río Gallegos -el cable propiedad de Supercanal S.A-, cuyos contenidos son aportados por Cielo. Ultimamente, también se hizo cargo de la producción local de Canal 10. De esta forma, controla los principales noticieros de Río Gallegos, además de haber duplicado las bocas para recibir la publicidad oficial.

Si los santacruceños quieren informarse, la opción que les resta no parece muy independiente: sólo tienen el canal provincial 9. “Por eso, esa sociedad está totalmente cooptada por el kirchnerismo; no hay voces disonante”, apunta un ex amigo y aliado de la senadora y el Presidente.

Como vemos, la alta incompatibilidad entre los medios y el matrimonio santacruceño viene de larga data, prácticamente desde el “big bang” del universo K.

Laura Di Marco

Fuente: suplemento Enfoques del diario La Nación, 16 de julio de 2006.

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