Apuntes sobre politica exterior del macrismo

Por Rodolfo Zehnder.- Si bien no luce explicitada la política exterior del gobierno de Macri, ni por el Presidente en ejercicio ni por su canciller Malcorra, explicitación que nunca fue frecuente en nuestra historia, es válido analizar brevemente algunos aspectos vinculados a esta problemática. Partimos de una concepción inicial inexcusable: estamos en una etapa de bruscos cambios en el escenario mundial, lo cual aumenta la incertidumbre y la falta de certezas sobre los tiempos que vendrán. El mundo se ha convertido en un verdadero rompecabezas, y cualquier pronóstico que se haga corre el riesgo de caer en el saco vacío de la mera futurología, que los hechos se encargarán de desmentir. Efectuada esa aclaración previa, la que de alguna manera explica esa falta de explicitación que mencionara, podemos referirnos a distintos escenarios, a saber: 1) Un camino incierto en soberanía territorial. En lo que refiere a la cuestión MALVINAS-que citamos en primer lugar porque es el principal tema/desafío de la política exterior argentina-, el reciente anuncio de un fortalecimiento del sistema de defensa de las islas, efectuado por el Reino Unido, no hace más que demostrar su –hasta ahora- férrea intención de permanecer en el lugar, por la enorme importancia estratégica que reviste la situación geográfica de las islas, verdadero “portaviones flotante” entre dos océanos, controlando su paso, y puerta de entrada a la Antártida, además de reservorio de fauna ictícola de enorme importancia en un mundo hambriento y de la todavía hoy principal fuente de energía como el petróleo. En ese contexto, pensar en una flexibilización de la postura británica resulta inviable. Sin perjuicio de ello, parece plausible la política argentina de estrechar vínculos, en particular con los malvinenses, aunque sería deseable una profundización de dicha política y tomar un renovado impulso en la política de presión internacional ante distintos foros mundiales que había caracterizado, con no escaso éxito, la política del gobierno anterior. Del mismo modo, pareciera que la administración Macri intenta acrecentar la presencia argentina en Antártida, alicaída durante la pasada década, y que sin duda tiene gran importancia estratégica y para la investigación; sin perjuicio de asumir que la posibilidad de que se reconozcan derechos de soberanía a distintos Estados reclamantes es ciertamente remota. Si resulta casi inútil insistir sobre el reclamo de soberanía, sí merece dar impulso a las tareas de investigación que podamos desarrollar en dicha área. 2) La pertenencia latinoamericana. Mucho se ha discutido acerca de si la matriz argentina se acerca más a América Latina o a Europa, en este caso por el inmenso flujo inmigratorio operado en los siglos XIX y XX. Sin perjuicio de ello, la realidad indica que el fortalecimiento de relaciones con América Latina es insoslayable, y un camino sólo a veces recorrido. El gobierno parece decidido a fortalecer el Mercosur (ese enfermo en terapia intensiva que no logra recuperarse), acelerando el proceso de establecimiento de un acuerdo con la Unión Europea. Es interesante también advertir la intención de fortalecer la relación con los países integrantes de la Alianza del Pacífico, en tanto es el Pacífico el área de mayor crecimiento económico, y sobre el cual no tiene costas la Argentina. En tal sentido, se ha propiciado una reunión con los líderes de esta Alianza en los próximos días. A raíz del enfrentamiento de Estados Unidos con Méjico, se está intentando reforzar los vínculos comerciales –tradicionalmente escasos- con la nación azteca, pues tal conflicto podría constituirse en una gran posibilidad a explorar y explotar. Por lo demás, la relación tirante con Venezuela –cuyos exabruptos en boca del presidente Maduro y de su Ministra de Relaciones Exteriores hubieran implicado en otras épocas una ruptura de relaciones diplomáticas- no parece pasar el límite de la diatriba verbal, a la cual el macrismo ha decidido olímpicamente ignorar. De todas maneras, sería deseable que, a pesar de algunos signos que se advierten en tal sentido, se privilegien y ahonden los vínculos comerciales con toda América Latina, nuestro habitat natural, por historia, geografía y cultura. 3) Idas y venidas con la potencia casi hegemónica. Nos estamos refiriendo a Estados Unidos, y el “casi” refiere a que, sin perjuicio de que su condición hegemónica es indiscutible en materia militar, comunicacional y de investigación, no lo es tanto en materia económica, a partir de la irrupción colosal de China. Es sabido que la relación que mantuvo nuestro país con EEUU fue siempre discutida, zigzagueante, problemática, de acercamiento o de rechazo, pasando por muchas situaciones de amor-odio, cooperación-confrontación, que le ganaron a Argentina un concepto de país de mediano desarrollo, imprevisible, no confiable. A partir de la era Trump la política exterior norteamericana, y por ende su relación con Argentina, se constituye en una suerte de incógnita, a pesar de que las primeras medidas –nacionalísticas, de reafirmación del poderío militar, de abierto enfrentamiento con el terrorismo, de cierto tufillo xenófobo- parecen ser coherentes con lo prometido durante la campaña. Con dos agregados a su favor: Wall Street parece estar encantada, y su popularidad no ha menguado pese a lo que nos quieren hacer creer ciertas cadenas televisivas (la objetividad, se sabe, simplemente no existe) y manifestaciones callejeras que no dejan de ser –a pesar de su impacto visual- francamente minoritarias. En ese contexto, pensar qué relación puede enhebrar Trump con Argentina en particular, y con América Latina en general, pertenece al terreno de la especulación. Así parece avizorarlo el macrismo, que- alertado por la sospecha de que poca atención habrá de prestar Trump a estas latitudes, más su desapego a instrumentos de la globalización (Nafta, Acuerdo por el Pacífico, entre otros)- está intentando estrechar lazos con Méjico, el “malo de la película” según Trump. Es dable esperar, entonces, una relación con Washington de cierto acuerdo en temas básicos (lucha contra el terrorismo y el narcotráfico) pero con escasa repercusión en temas comerciales, salvo la intención de firmar acuerdos bilaterales parciales de libe cambio para ciertos productos; así como un escaso apoyo a nuestras ancestrales reivindicaciones malvineras. 4) Un gigante contradictorio. Es probable que el macrismo se decida a mantener y fomentar la relación con China, tratando de no entrar en la incipiente confrontación del gigante asiático que Trump parece alimentar aunque sólo pase de amenazas verborrágicas. De todos modos, hay señales de alerta en esta relación, en tanto el ímpetu de crecimiento del PBI chino se ha frenado, y la magnitud de nuestras exportaciones corre peligro de achicamiento. Complica más el panorama el fuerte déficit comercial con China, que sigue inundando (¿hasta cuándo?) el mundo con sus productos; déficit que el macrismo no parece encontrar la fórmula para disminuir, aunque comenzó a desarrollar, como paliativo, una política de acrecentamiento del caudal turístico chino hacia nuestro país. Respecto de la cuasi “misteriosa” base (¿sólo científica?) de China en Neuquén, el macrismo decidió no romper lanzas y asegurar su continuidad, en un acto de crudo realismo, si bien logró mejorar los términos del acuerdo; de todos modos, la construcción de dicha base, de ignotos beneficios para nuestro país, se constituye en un potencial punto de conflicto con el bloque occidental aliado a Washington. 5) La vieja y adormecida Europa. El grado de incertidumbre que aqueja en especial a la Unión Europea, cuya subsistencia se discute cada vez más entre los europeos, conduce también a la falta de definiciones en este punto. No obstante, la administración Macri optó por acelerar la firma de un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE, que ya lleva años de discusión y de falta de resolución. Por otra parte, la posibilidad de que en Francia, Alemania y Dinamarca advengan gobiernos de tinte conservador y nacionalista, sin duda que no condice con el diagnóstico inicial de Macri de una Argentina plenamente integrada a un mundo cada vez más globalizado; a un mundo que, como se ve, en lugar de integrarse cada vez más tiende a generar actitudes centrífugas. El macrismo, ávido de recursos para el desarrollo, se ha ocupado en tratar de lograr inversiones de capitales españoles, franceses, alemanes y del Reino Unido (inaugurando así una nueva relación con este país), cuyos resultados aún están por verse, aunque el reciente anuncio de inversiones británicas parece marcar el camino elegido, haciendo suponer que el Brexit puede ser beneficioso para Argentina. 6) El continente explotado y olvidado. África, el gran continente olvidado, no parece tampoco estar en la mira directa de la nueva administración, si bien ya hay muchas voces en la diplomacia argentina que alertan, con entusiasmo, acerca de la posibilidad de acrecentar vínculos comerciales e incrementar nuestras exportaciones. No olvidemos que Nigeria es el país que ostenta la mayor tasa de crecimiento del producto bruto, de dicho continente, y si bien han fracasado algunos intentos de aumentar el intercambio comercial (Angola, por ejemplo), la relación con determinados países africanos merece tener un carácter casi prioritario, por su potencialidad, lo cual todavía no se avizora. 7) Otra gran posibilidad: El Sudeste Asiático. Ésta es otra área de gran desarrollo y crecimiento, que merece ser explorada, y respecto de la cual se registran, por el momento, muy tibios avances, que no se han traducido aún en hechos concretos. Resultaría imperioso incrementar los contactos con Corea del Sur, no sólo comerciales sino científico-tecnológicos, en tanto es un país con un altísimo grado de avance en áreas estratégicas y que realmente vive en el siglo XXI; sin olvidar a países como Vietnam, que, al igual que China, sin perjuicio de su comunismo ideológico y político, no ha dudado en incorporar elementos y valores del capitalismo, como única manera de mejorar sustancialmente su economía devastada por la guerra, objetivo que sin duda está consiguiendo. 8) La India en la mira. El gigante indio, el mayor productor de ingenieros en sistemas informáticos del mundo, y el de mayor población a partir del 2050, y en el cual se ha preocupado el macrismo en fijarse, es sin duda una fuente formidable de posibilidades para nuestro país, no sólo en el aspecto comercial sino también en el avance científico y acceso a tecnologías de punta. Es quizá el gran desafío a emprender, pletórico de posibilidades aún no exploradas, ya que el contacto por el momento –tradicionalmente fue así- es mínimo, (quizá por el abismo cultural que nos separa), si bien, como dijimos, parece estar definida una política de acercamiento de mutuos beneficios. Dependerá fundamentalmente de Argentina que tal política se lleve a cabo, o quede –como tantas veces ha sucedido- en el terreno de las intenciones. En síntesis: el mundo es un rompecabezas. Lo que ayer era hoy no lo es tanto, y la incertidumbre cabalga sobre inequidades cada vez mayores, y un creciente desarrollo del tráfico de armas, de personas (migraciones cada vez más frecuentes y campo propicio para explotadores), y drogas, así como del terrorismo, del cual ningún país está exento. Las esferas de poder varían, nada es estable, y ante tamaño desorden los Estados se van manejando con cada vez mayores cuotas de pragmatismo, y no de principios. El macrismo parece haber tomado nota de esta situación, y por tanto es comprensible su, de algún modo, política de “esperar los acontecimientos”, ver cómo se va reacomodando el tablero internacional. Ello no significa ausencia de política exterior expresa, como criticó un eximio ex canciller, sino más bien una actitud de prudencia, de no jugarse cartas enteras porque, como dice el vulgo, no se sabe bien “cómo viene o vendrá la mano”. Claro que, en un mundo tan dinámico, donde la celeridad y profundidad de los cambios es una característica insoslayable, como en una partida de ajedrez es conveniente mover las piezas, con jugadas tácticas pero teniendo en cuenta la estrategia para llegar a un resultado apetecible. Ello exige un profundo conocimiento de la realidad y dinámica del mundo contemporáneo, de la relación de fuerzas, y tal conocimiento no parece haber estado presente a menudo en la historia argentina, más acostumbrada a actuar y reaccionar según determinadas situaciones y estímulos, y estertóreos manotazos de ahogado, zigzagueando sin rumbo fijo, cayendo a veces en ideologismos estériles, renuente a trazarse objetivos claros y a largo plazo, y a desarrollar las políticas adecuadas en consecuencia, sea cual fuere el gobierno de turno.

El autor es miembro del Consejo Argentino de Relaciones Internacionales, la Asociación Argentina de Derecho Internacional, y el Centro de Estudios Internacionales de la UCSE/DAR.

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