Apostar por el espíritu de la Navidad

Se trata del editorial del programa “Sábado 100” por radio Sol Rafaela FM 90,9, que conduce Emilio Grande (h.).- El espíritu navideño de estos días se puede caer en la tentación que nos propone la sociedad del consumo de quedarnos anclados en los regalos solamente, compartir con familiares y amigos, comer y tomar más que otras veces hasta la madrugada. Pero es solamente eso o hay algo más profundo en el sentido de esta Navidad en la que el hijo de Dios se hace hombre en una familia de Nazareth hace más de dos milenios. Es la presencia de Dios que viene a iluminar las realidades más dolorosas y oscuras. Por eso el ángel del Señor les dijo a los pastores: “No teman porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: en la ciudad de David, les ha nacido un salvador, que es el Mesías, el Señor (…) encontrarán a un niño recién envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc. 2, 9-10). Hay que dejarse iluminar con la estrella que nace en Belén para que la solidaridad y el amor nos hagan diferentes. Justamente, celebrar la Navidad es creer que la vida siempre tiene sentido y la muerte ha sido vencida con la luz de una nueva esperanza. La Navidad debe ser una oportunidad para cuestionarnos sobre el sentido de la vida que está tan amenazada en nuestra sociedad de hoy con la niñez en riesgo desde el mismo momento de la concepción con proyectos a favor de la legalización del aborto en el Congreso, el abandono de las personas mayores que nos dieron la vida, los jóvenes desorientados a causa de la esclavitud de las adicciones, la necesidad de crear puestos estables de trabajo en lugar de planes y subsidios permanentes del Estado. El pesebre de Belén nos puede iluminar a discernir los interrogantes sobre el futuro, el sentido en definitiva de la vida eterna que solamente se encuentra en Dios. ¿Seguimos anclados en la soberbia de Herodes o meditamos la sencillez y humildad de los pastores y reyes magos, quienes fueron a descubrir al niño en un establo? La Comisión Permanente del Episcopado argentino expresó: “Ante la mirada del Niño Dios desde el pesebre, que siendo rico en misericordia compartió nuestra miseria, nos sentimos llamados a ser una Iglesia más humilde, necesitada de purificación por los pecados de todos nosotros. El Hijo de Dios, recién nacido, nos recuerda que somos hermanos para que no perdamos la esperanza de un renovado encuentro fraterno entre los argentinos”. Vivimos un alocado mundo del consumo desenfrenado, el egoísmo y la indiferencia frente a tantos hermanos necesitados, enfrentamientos sociales, guerras sin sentido y el secularismo que le da la espalda a Dios, quien envió a su hijo, nació en un pesebre de Belén y hoy nos sigue invitando a convertirnos de un corazón egoísta abierto a las necesidades del prójimo…

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