Anoche soñé con la Hermana Fortunata

Por Emilio J. Grande.- Al querido amigo Angel Balzarino seguramente le ocasione sana envidia al hacerle saber que yo anoche soñé con la hermana Fortunata. Calderón de la Barca dijo que “toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”. Algo enigmático. Con la querida “Tesorito” (ganó ese apodo porque era su trato tierno, afable y enternecedor con los chicos y grandes) conversé tantas veces, de diversos temas, jamás de deportes, nunca de fútbol. Enigmático dije antes. ¿Por qué entonces en mi sueño fuimos con ella a ver un partido en el Monumental de Atlético y nos ubicamos en la tribuna techada? Al entrar al estadio ella expresó con su característico fino humor su primer asombro: “…cuánta gente, si estos fueran a misa todos los domingos habría menos pecado”. Y cuando un simpático asistente albiceleste nos acompañó hacia la tribuna, ella, de muy baja estatura, con un mohín de rezongo, manifestó: “yo no puedo subir estos escalones, no son para mí”, mientras a su alrededor todos la saludaban con especial afecto. Al rato comenzó el partido, en el sueño no apareció el nombre del visitante, tampoco el resultado final. La querida religiosa en la lenta salida (sigue el sueño) me preguntó por la hora con una explicación, “porque el padre Juan (Sudic, el capellán del Colegio Nuestra Señora de la Misericordia) rezaría la misa a las 19”. Se conformó al asegurarle que llegaríamos a tiempo. Y ahí terminó el sueño. Al despertarme el corazón me latía de alegría, mientras reflexionaba con extrañeza por lo soñado, en un estado de ánimo de extremo opuesto a cuando alguna vez sueño con pesadilla, que al despertar se gastan unos minutos hasta convencernos que lo que nos acongojó no, no era verdad. Balzarino, de haber tenido mi sueño lo hubiera celebrado vivamente, es que con su talento él hubiera tenido servida en bandeja, la oportunidad para sumar otro cuento a su laureada obra literaria.

Fuente: diario La Opinión, Rafaela, 7 de abril de 2017.

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