Al Presidente lo golpearon por derecha y por izquierda

Los porteños son progresistas en las costumbres sociales y en ciertas sensibilidades, pero son muy pragmáticos cuando deciden quiénes los gobernarán. ¿Qué extraño hilo de la historia une a Macri, a Fabiana Ríos, a Sapag y a Binner? Todos son expresiones distritales muy lejanas de las estructuras del peronismo y del radicalismo.

Por Joaquín Morales Solá

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Difícilmente las derrotas de ayer puedan vestirse de fiesta. Al Presidente lo han golpeado por derecha y por izquierda. Mauricio Macri lo batió en la Capital y Fabiana Ríos lo tumbó en el confín del mundo, en Tierra del Fuego, al lado de la provincia de sus amores, Santa Cruz. Si en algún momento el talento chisporroteara en un sector de su oposición nacional, el Presidente se verá obligado a tomar precauciones sobre su proyecto fundamental. A este ritmo de fracasos electorales, hasta los comicios presidenciales de octubre podrían entrar en un mundo nuevo de incertidumbres.

Un Sapag lo acaba de voltear en Neuquén y Hermes Binner se prepara para traquetearlo en Santa Fe. Casi ninguna apuesta distrital le salió bien a Kirchner. Es probable que ese amplio paisaje de capitulaciones no esté indicando nada todavía sobre la continuidad –o no– del kirchnerismo en el poder. Pero la política se torna más imprevisible que su propia naturaleza cuando entra en una enrevesada y díscola vorágine como la de los últimos tiempos.

Según el encuestador Julio Aurelio, Kirchner y Filmus tuvieron un 50% de votos propios y convencidos, y otro 50% de votos anti-macri. En cambio, más del 70% de los votos de Macri le pertenecen a él y menos del 30% son sólo antikirchneristas. Si fuera así, Kirchner ha confirmado que no puede superar en la Capital ese 20% que ya tuvo como candidato a presidente. El mismo porcentaje lo confirmaron Rafael Bielsa, como delegado suyo en las elecciones legislativas de 2005, y Filmus ahora, como pretendiente, también suyo, a la jefatura del gobierno porteño.

Kirchner tiene definitivamente un conflicto irresuelto con los capitalinos. Quizá el problema viene del preconcepto de muchos caudillos provinciales (Adolfo Rodríguez Saá creía lo mismo) de que los porteños son irremediablemente progresistas. De ahí la reincidencia del Presidente con los discursos de monotonía progresista. Los porteños son progresistas en las costumbres sociales y en ciertas sensibilidades, pero son, a la vez, muy pragmáticos cuando deciden quiénes los gobernarán. Esa oscilación social entre pragmatismo y progresismo ha terminado, parece, confundiendo a Kirchner.

Otro aspecto del Presidente que los capitalinos no están dispuestos a perdonarle fácilmente es su estilo de político parlanchín, confrontativo y a veces arbitrario. La sociedad de la Capital es demasiado sofisticada como para digerir los desórdenes intelectuales de Kirchner y su consiguiente barullo dialéctico. Ya se lo hizo saber en las elecciones de 2003, en las de 2005 y ahora. ¿Ha decidido perder para siempre la Capital, el distrito natural de cualquier presidente?

La derrota contundente y la fiesta inexplicable. “Nunca tuvimos, como ahora, el 40% de los votos”, se pavoneó Filmus. ¿A quiénes se refiere esa primera persona del plural? ¿Al peronismo? Perón y Cámpora tuvieron un porcentaje mayor de votos en la Capital en 1973. ¿O aludía al progresismo? Aníbal Ibarra derrotó a Macri, en la segunda vuelta de 2003, con casi el 54% de los votos. Aquel Ibarra fue más apoyado por Kirchner, como presidente recién estrenado, que Filmus en los últimos días.

El kirchnerismo tiene un desprecio a flor de piel por los que votan otra cosa. El propio Filmus cometió anoche dos errores garrafales, de los que la democracia no debería absolverlo: jamás nombró a Macri cuando saludó al candidato triunfador y, encima, dedujo que a su fórmula la habían votado “los que piensan”. Es el mismo candidato que tras la primera vuelta, hace tres semanas, señaló a una sociedad que “se equivocó”. Sus palabras de antes y de ahora exudan cierto mesianismo y una cuota no menor de arrogancia.

Los hechos son mejores que las deducciones. Les guste o no, ha surgido un líder opositor con Macri. Ayer ganó la segunda elección consecutiva en tres semanas, con márgenes que abisman, y antes ya había triunfado en las legislativas de 2005 y en la primera vuelta de 2003. Ni Ricardo López Murphy ni Roberto Lavagna ni Elisa Carrió están en condiciones de mostrar un currículum tan amplio de victorias en uno de los cuatro distritos más importantes.

Algunos opositores temen a lo que ellos llaman el 18 de Brumario argentino. Ese día del calendario de la revolución francesa, Napoleón se alzó con el poder gracias a las divisiones de sus opositores y al apoyo de los franceses. El 18 de Brumario macrista sería para desplumarlos de su lugar a los candidatos opositores que trabajan para octubre. El debate sobre la actitud de Macri en las próximas presidenciales se abrirá, lo quiera Macri o no. Sin embargo, es preferible dejar las cosas como están. El decurso de la política puede vislumbrarse, pero no puede precipitarse.

¿Será generoso Kirchner al negociar con Macri? Le cuesta acomodarse a las malas circunstancias, pero siempre termina reconociendo que su universo ha cambiado. La aceptación de la derrota en Misiones le llevó una semana y otra semana le costó darse cuenta que había perdido muy mal en la Capital.

Seguramente lo recibirá a Macri en las próximas horas y lo tratará amablemente, como lo hace en todos los encuentros con personas que no se inclinan bajo su reinado. La pregunta, sin respuesta aún, consiste en saber si lo liberará a Macri de los obstáculos que podrían afear su gestión. El primero de ellos sería si no contara con una policía propia, que convertirían en imposibles de cumplir muchas promesas de Macri.


¿Qué extraño hilo de la historia une a Macri, a Fabiana Ríos, a Sapag y a Binner? Todos son expresiones distritales muy lejanas de las estructuras del peronismo y del radicalismo, que formaron parte central del sistema de partidos en los últimos 60 años. Manotazos sociales sin vertebración nacional. Kirchner sabía en 2003 que se hacía cargo de una crisis económica, ya en franca recuperación, y de una crisis política sin solución a la vista. Sigue sin solución.

Hace cuatro años, días antes de la elección en Tierra del Fuego, alguien le preguntó a Kirchner quién ganaría. Competían sólo el PJ y la UCR. Respuesta de Kirchner en aquel momento: “No importa el resultado. Si gana el candidato radical hundirá la isla. Y si gana el peronista se robará lo último que queda”. Su pronóstico no era errado. Pero, ¿qué hizo Kirchner para cambiar ese estado de cosas? Nada. Al revés, se montó sobre la vieja estructura del PJ y terminó apoyando lo impresentable.

Es lo mismo que ha hecho en casi todos las provincias, empezando por la de Buenos Aires. Un duhaldista que hace gala del humor suele decir que en Buenos Aires el duhaldismo está intacto; sólo sucede que lo maneja pasajeramente, agrega, otro jefe, que es Kirchner.

Mientras, el ARI ganó su primera gobernación. Fabiana Ríos no tiene la impronta belicosa de Carrió. Su prioridad no será hacer oposición ciega a la administración nacional, sino gobernar una tierra de viejos zafarranchos.

A Kirchner le duele más que lo acorralen por izquierda y que, además, la victoria en el sur recóndito haya servido para redimir de su derrota capitalina a Carrió, la adversaria que, en el fondo, más detesta y teme.

Por Joaquín Morales Solá

Fuente: diario La Nación, Buenos Aires, 25 de junio de 2007.

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