“En la escuela no hay autoridad porque no hay sabiduría…”

Afirma Alfredo Van Gelderen, maestro y profesor en Letras, miembro de Número de la Academia Nacional de Educación de Argentina y miembro de la Academia Europea de Ciencias y Artes. “No hay poder, porque no se presta el servicio a los demás como debe prestarse… entonces cae en desgracia y la sociedad no la respeta…”

Por María Herminia Grande (Rosario)

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MHG: ¿Qué opinión le merecen las medidas que impulsa el gobierno nacional para mejorar el nivel escolar secundario? AVG; Creo que hay que ordenar un poco el sistema. Tenemos diferencias jurisdiccionales, provincias que tienen criterios distintos… El problema es que ahora tenemos un ciclo nacional obligatorio que es la escuela media y al ser obligatoria, lo cual es una meta, y creo que es necesario para el momento del conocimiento que estamos viviendo, ¡no tenemos definido cual es la escuela media que Argentina quiere!. Nuestra escuela media tiene estructuras de más de un siglo. El bachillerato que generó toda la escuela media general, es –y repito la palabra- de la época del Gral. Mitre, con su Colegio Nacional para formar una dirigencia para toda la República. Por lo tanto tenemos un modelo, una estructura, una cultura, una permanencia, y una escuela media para pocos… general, humanista, enciclopédica… y resulta que la ley, a esa escuela, la ha transformado para todos… Tenemos que salir de una visión “para algunos” y ponernos en el “para todos”. Veo, una vez mas las dificultades para lo coordinación federal que tiene la República. ¿Somos federales? “Jardín de Infantes”, diría María Elena Walsh… Si no podemos concretar criterios generales, básicos, que es lo que la Ley ha considerado como necesario, y después la libertad en cada jurisdicción y la respuesta de cada unidad escolar en la diversidad, no vamos a resolver el problema de la escuela media. Fíjese que Buenos Aires Ciudad Autónoma tiene una primaria de siete grados, y cruzando la Gral. Paz, la provincia de Buenos Aires tiene una primaria de seis grados, y seis de secundario. Tal como nos pasó con la Ley Federal de Educación, se está repitiendo un poco el cuadro con la Ley de Educación Nacional, con la ley nueva… nos cuesta coordinar federalmente…

MHG: Un trabajo dice que se detectaron, entre otros, estos problemas: exclusión y baja calidad, crisis de identidad, modelo institucional selectivo, crisis de autoridad pedagógica… ¿Es así? AVG: Creo es así, que es cierto. Se manifiestan indistintamente, no quiere decir que todo abarque a todas las escuelas secundarias. Como diagnóstico está acertado. Pero, hecho el diagnóstico, descripta la enfermedad ¿cuál es el remedio, cuál es el tratamiento? Esto es lo que tiene que movilizar a las jurisdicciones, a nuestras provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Fíjese el ejemplo que le di anteriormente, ¡un ciclo anterior a la escuela media que se diferencia en un año calle por medio, la Gral. Paz!. Esto es nuestro “Jardín de Infantes Federal”…

MHG: Ante este diagnóstico, cuales serían las iniciativas correctivas?. AVG: El problema es que nosotros estamos cayendo en una situación que Jaim Etcheverry ha descripto muchas veces, estamos certificando lo que no se adquirió. Vimos el diagnóstico, y después queremos universalizar el ingreso a los ciclos posteriores… se está transitando por un sistema sin adquirir competencia…

MHG: Parece que en esto, una vez más, interesa cómo quedar posicionado ante las estadísticas, y no que el alumno aprenda… AVG: Exacto. Una de las inconciencias sociales argentinas es creer que lo importante para las generaciones nuevas es que promuevan cursos, no que aprendan…

MHG: ¿Qué hacemos con la violencia escolar, o como se dice en esta propuesta, la existencia de un código de convivencia? Convivencia que está quebrada… AVG: Creo que lo que está quebrado, de lo que se ha perdido la idea, es de lo que debe ser una escuela. La escuela no es un club, no es una plaza, no es un encuentro para no provocar esfuerzo… La escuela se está convirtiendo en una institución simétrica, donde todos son iguales y siendo todos iguales no hay modelos, no hay adultos, no hay líderes, no hay conductores… La escuela debe ser asimétrica… y digo asimétrica porque la otra palabra en Argentina cae mal. Si uno dice la escuela es jerárquica, la gente se impresiona, piensa en estructura de la Edad Media… La escuela es asimétrica, hay quienes conducen porque saben, logran autoridad si saben más, y tiene poder si sirven para la profesión que tienen… ese es el gran problema… No podemos discutir las normas de formación de la voluntad con quienes son los que las tienen que aprender y cumplir… Estamos perdiendo la asimetría de la escuela… El que llega a la escuela es porque necesita ayuda para formarse, esa ayuda la debe recibir dentro de un orden… Los pedagogos nos han dicho siempre que educar es preparar condiciones para que la persona se desarrolle. Y una de las condiciones es que la escuela no sea un club, no es living o comedor de una casa… En todo lo que la escuela ofrece hay una artificialidad necesaria para atender el desarrollo de los alumnos… A veces pienso ¡Dios mío estoy equivocado! Pero cada vez más me reafirmo en lo que creo… Si se mandan los chicos a la escuela es porque ya ha terminado la etapa de la posibilidad de formación en la familia… Repito una frase de Jaime Etcheverry “Los padres nos tienen que llevar a la escuela alumnos que hayan pasado por alguna situación de obediencia, de orden, de consigna cumplida… y entonces la escuela sigue la etapa de ayuda para el desarrollo del alumno…”

MHG: Se supone que cuando los padres llevan a sus hijos a la escuela, es porque ya no tienen más que enseñarles dentro de sus posibilidades… Pareciera que hay dificultades en esa enseñanza previa… AVG: Repito con pena para con mis colegas docentes: en la escuela no hay autoridad porque no hay sabiduría. Hablemos claro. Y no hay poder, porque no se presta el servicio a los demás como debe prestarse… Entonces la deficiencia de esa institución social, que no puede considerar ajeno nada de lo humano, cae en desgracia y la sociedad no la respeta… Yo empecé como maestro en un barrio de Buenos Aires, en 1947. Recuerdo el respeto que tenían los padres por los maestros. Lo que nosotros le decíamos o indicábamos a un padre ¡era palabra santa!. No me acuerdo haber discutido con algún padre de un alumno en la escuela del barrio de Paternal … Mis hijas y mis nietos se ríen y me dicen “Bueno… eran los años 40…”. A lo que yo respondo: ¡Esa, era la escuela…!

Fuente: www.mariaherminiagrande.com.ar

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