¿Qué lugar ocupa la Navidad para cada uno?

Se trata del editorial del programa “Sábado 100” por radio Mitre Rafaela (FM 91,9), que conduce Emilio Grande (h.).

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Cada vez que llega este momento del año para no pocos pasa como algo más del año, inadvertido o que se ha convertido en una fecha comercial producto del secularismo postmoderno y entonces es más importante el regalo a un ser querido que preguntarse qué cosa significa para mí la Navidad. En clave cristiana, una pista será comprender el evangelio de Mateo (1,23): “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel que traducido significa: Dios con nosotros”. En un mundo cuyos poderosos intentan darle la espalda al Dios creador de la vida, hace más de 2.000 años dejó su señorío para hacerse uno como nosotros en todo en las alegrías como en las tristezas, en los gozos como en los sufrimientos, pero menos en el pecado. ¿Por qué? Porque nació en la Virgen María que con su sí fue un instrumento para la historia de la salvación de la humanidad, para traer la liberación a los cautivos y a los esclavos y devolver la paz para todos los hombres de buena voluntad. A diferencia de lo que muchos suponían en aquel momento y a lo largo de todos los tiempos, Jesús nació en un pesebre de Belén porque no había lugar para él y sus padres María y José aceptaron este misterio salvífico en un momento concreto de la historia. Hasta el nacimiento del hijo de Dios, la humanidad estaba enemistada con Dios desde el mismo momento en que Adán y Eva le dieron la espalda y quedaron expuestos a su condición de pecadores. Por este motivo el mismo Dios lleva adelante la iniciativa de reconciliarse con la humanidad de aquel momento y de la actualidad. La Navidad es el don más grande que nuestra espera y preparación. Ese es el mensaje de la Navidad: el don de Dios que supera todo lo que podemos esperar. La Navidad debe ser una oportunidad para cuestionarnos sobre el sentido de la vida que está tan amenazado en nuestra sociedad de hoy con la niñez en riesgo desde el mismo momento de la concepción, el abandono de las personas mayores que nos dieron la vida, la falta de ayuda a los jóvenes y desorientados. ¿Qué podemos hacer para ayudar a que nuestros hermanos se desarrollen y vivan mejor? Seguramente, no vamos a solucionar todos los problemas de carencias e injusticias sociales que hay a nuestro alrededor, pero cada uno puede hacer pequeños gestos con los hermanos más necesitados en el hogar, en el barrio, en el trabajo, en el estudio, para que el egoísmo no nos venza la tentación de ser indiferentes y así alejarnos de nuestras comodidades y microclimas. Hubo un antes y un después en la historia de la humanidad a partir de la llegada del Salvador. ¿Habrá un antes y después en nuestras vidas a partir de esta Navidad? Cuando en la Nochebuena alcemos las copas pensemos por un instante que lugar ocupa el nacimiento del hijo de Dios, ¿o será que no hemos cambiado en nada?

Emilio Grande (h.)

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